SENDERISMO:  de AVILÉS  a  COVADONGA

 



Ceferino Álvarez Bermúdez
La meta, tanto la geográfica como la mental, es Covadonga. El punto de partida  para esta ruta de senderismo se sitúa en Avilés, pero bien puede ser otro: el lugar que cada uno sienta como propio.
Dos libros nos impulsaron y sirvieron de guía para recorrer la senda AVILÉS-COVADONGA: ‘Itinerario de Gijón a Covadonga por la ruta más pintoresca’ de Antonio Pérez Pimentel; libro escrito en el año 1924 y del que se copian las curiosas descripciones de las principales villas que se encuentran en este  recorrido.
Escribe Pérez Pimentel, ‘la excursión a Covadonga puede hacerse por varios itinerarios, pero la excursión pintoresca e inolvidable parte de Gijón y, a través de Villaviciosa, Lastres, Colunga, Caravia, Ribadesella, Posada de Llanes, Robellada y Corao, llega a Covadonga; total 127 km.’
Se van presentando con gran profusión de imágenes y de palabras admirativas las diferentes villas y pueblos de esta travesía que bien puede ser realizada en bicicleta.
El segundo libro-guía está editado en Albaré Libros: ‘El Camín de Xixón a Cuadonga’ de Xurde Morán; éste describe el itinerario a pie, seguido desde Gijón a Covadonga por el recorrido más directo y con múltiples referencias a las costumbres, monumentos artísticos, construcciones típicas y demás ‘curiosidades’ de los diferentes pueblos de este recorrido.
Son muchos los caminos que llegan hasta Covadonga y múltiples los sentimientos, vivencias y anécdotas de los que los recorren. Para la Revista ‘Foro Covadonga’, correspondiente al año 2006, se presenta el ‘camino desde Avilés a Covadonga’, el Camino del Norte; este recorrido a pie es de aproximadamente 105 kilómetros, lo que permite realizarlo cómodamente en cuatro etapas.
Todo él lleva siendo recorrido desde hace muchas generaciones. Más recientemente, conviene hacer mención de la marcha que, desde Villaviosa cada año desde hace muchos, viene realizando un grupo numeroso de maliayos.




Desde Gijón, lo puso de moda, lo señalizó y cada año organiza una marcha la Tertulia Cultural El Garrapiellu, grupo al que hacemos repetidas alusiones y agradecemos todos los esfuerzos que vienen realizando por este itinerario ‘Camín a Cuadonga’.
Contagiados de su entusiasmo y de amigos ya veteranos en senderismo, un pequeño grupo de ‘ociosos’, Elías, Marino, Miguel Angel, José Luis y el amanuense de este artículo, hicimos recientemente este camino a Covadonga;  decidimos comenzar en la villa de Avilés con el fin de darle una mayor longitud al recorrido y un reconocimiento a este centro geográfico de tan amplia zona asturiana; una vez realizada esta etapa, nos alegramos de la decisión tomada teniendo en cuenta la riqueza del paisaje y lugares que se visitan así como los múltiples puntos de interés de la zona recorrida.
En Gijón nos unimos al ‘Camín de Cuadonga’, bien señalizado por la Tertulia Cultural el Garrapiellu y en Villaviciosa a la Ruta a Covadonga, que tiene una larga y consolidada tradición en la Villa.
La ruta sigue la sienda de vieyos caminos de los que l’orixen piérdese nel pasau… pasos naturales entre valles y montañes, tresformaos en calzaes cuando la romanización y en “caminos reales” na Edá Media, munchos de ellos agora cubiertos de capes d’ asfaltu, pero otros conservaos perbién, col suelo empedrau y llendaos per vieyes muries de piedra, testigos del pasu de milenta viaxeros, caminantes y peregrinos, a lo llargo de la historia’ (Xurde Morán)
La mayor parte del trazado discurre por asfalto, camino ‘hecho con las manos’, encontrando tramos de sendero, ‘camino hecho con los pies’, como le gusta decir a un buen amigo; ¡cómo  agradecen los pies estos senderos!; y, aún más importante, alejan al caminante de ruidos molestos y de humos nocivos. Al describir el recorrido se hará mención especial a estos tramos. ¡Cuánto agradeceríamos que se fuese ampliando la red de senderos andariegos para llegar a Covadonga!
En el libro de Xurde se lee: ‘especial agradecimientu a Tino Lozano, de la Tertulia Cultural El Garrapiellu, que la caleyara munches veces, buscando siempre atayos nuevos, siendes y caminos que miraren de dir a la Santa Cueva pela vía más direta, pero quitando lo más que se pudiere de carreteres xenerales’. ¡Enhorabuena!.
‘El Garrapiellu hace una estimable labor de señalización en marzo y abril de 1993, pintándose flechas marielles, xunto a un trisquel (adornu solar célticu de tres brazos); nel verano de 1997 inaugurose la nueva señalización oficial del Camín con postes y fleches de madera’.
El camino discurre por muchos núcleos de población donde es posible abastecerse de agua y de comida en algunos, por lo que se puede ir más ligero de peso en lo que respecta a aprovisionamiento. En el recorrido encontramos pocas fuentes y, menos aún, lavaderos, tan típicos de otros pueblos de Asturias; quizá no supimos observar suficientemente.
Xurde Morán, sin duda con la mejor intención de engrandecer el Camín, dice eufemísticamente en su libro que ‘tien tal encantu  esti camín que ye una de les travesíes andariegues más guapes d’ Asturies’ Puede ser así, porque la valoración íntima del senderista no se mide por los múltiples verdes, ni por la variedad de árboles autóctonos o importados que rodean el camino, o por la diversidad de pájaros o de ríos que ‘cantan acompasadamente’ creando un especial sosiego, o por las soledades y silencios que acompañan; ¿monótona y bonita travesía ésta?, sin duda, pero discurre por largos tramos de asfalto, lo que, a nuestro parecer, le resta esa categoría superior de tantas y tantas sendas por Asturias, y, en este contexto de senderos que lleguen a Covadonga, nos parece que destaca el GR 105 ‘Camino de Oviedo a Covadonga’ o Ruta de las Peregrinaciones.
Se propone realizar esta travesía en cuatro etapas. Los puntos finales de cada una de ellas pueden acomodarse atendiendo a la decisión del senderista o grupo de senderistas. En esta presentación se ofrece aquella que se considera mejor, atendiendo a la facilidad de usar un transporte público para comienzo y final de cada etapa. En cuanto a los tiempos señalados para cada etapa hay que considerar que son estimativos y que tienden a ser más bien sobrados.
Encontraremos paisaje, monumentos, quintanas, rincones con hechizo y acompañantes habituales: perros, pájaros, ríos… y también ruidos, humos y tráfico.
Comencemos, pues, el camino! Sólo hay dos reglas en el camino (también en los ‘caminos’ de la vida): ¡empieza y continúa!.
Primera etapa: AVILÉS-GIJÓN
Distancia:                  25 kilómetros (incluyendo el recorrido hasta el centro de la ciudad)
Tiempo estimado:     8  horas
Dificultad:                 baja
Avilés guarda cuidadas las reliquias del pasado; Avilés conserva con cariño las heredadas joyas: San Nicolás, San Francisco, Baragaña, los Alas, Galiana, el Rivero, Sabugo … ellas viven en el corazón, en la mente, rodeadas de amor, de prestigio; viven en la realidad, los ojos pueden contemplarlos, las manos acariciarlos y en la callada noche, cuando la casta Diana, hace las sombras mayores en el silencio augusto de la hora solemne, óyese, suave como suspiro, un susurro misterioso que nos cuenta leyendas y consejas de antaño’ (Pérez Pimentel)
Iglesia de Llaranes
Para el itinerario de esta etapa primera se opta por seguir al revés – se retrosigue- el ‘Camino de Santiago por la Costa’.
Se parte del Puente Azud, conocido punto de referencia en Avilés,  en dirección a Gijón por la carretera principal. Aunque suponga un pequeño rodeo, interesa tomar la desviación a la derecha, a Bustiello, indicada antes de cruzar la autopista. Desde este núcleo nos encaminamos al barrio ‘obrero’ de Llaranes, que se cruza de oeste a este, pasando por la iglesia parroquial de Santa Bárbara hasta llegar al barrio viejo donde está la capilla de San Lorenzo; el recorrido por este representativo y remocicado poblado de Ensidesa es una ocasión buena para conocer de los labios de un experto parte de la reciente historia industrial de Asturias.
El camino del recorrido sigue paralelo a la autopista Oviedo-Avilés. Se encuentra enseguida el cementerio de Trasona, que lamentablemente quedó separado de la iglesia parroquial de San Vicente de Trasona por la construcción de la autopista (por fin, se están realizando las obras de unir, mediante un puente, ambos conjuntos). Este camino lleva hasta el Centro Comercial ‘Parque Astur’; aquí se impone cruzar la autovía para alcanzar la carretera Avilés-Gijón hasta Tabaza, al haber sido cegado el puente que comunicaba más adelante con esta carretera. El tramo de carretera que hay que seguir machaca los pies y los oídos.  Durante esta primera parte del recorrido hasta Tamón se va dejando a la izquierda la gran industria del acero de Asturias: primeras naves de laminación y chimeneas de los Hornos Altos de ENSIDESA, contrucciones nuevas o renovadas de Aceralia, Grupo Arcelor, Arcelor-España, ¿Mittal Steel?…
En este recorrido interesa la compañía de un senderista que conozca el ya largo proceso de integración y desintegración de la industria del acero pionera en Asturias. Caminamos a Covadonga pero a través de la Asturias que suda y canta, lucha y espera, teje y desteje.
El camino continúa ya por tierras de Carreño, de oeste a este, hasta entrar por Poago en el concejo de Gijón. ‘El antiguo Camino de Peregrinos a Santiago por la costa asturiana a su paso por Carreño no es otro que el “camino real y usual” citado por el historiador candasín Gonzáles Posada y al que el Padre Risco en España Sagrada (tomo XXXVII, año 1789) denomina “Camino de la Costa Asturiana”’.
Situados en la rotonda de Tabaza, el campanario de la iglesia parroquial de San Juan de Tamón nos indica la buena dirección. Dejado atrás el pueblo de Tamón, una desviación a la izquierda, hacia Ambás, permite introducirse en un entorno diferente: verde, abierto y sin ruidos. La fuente de Ambás, que tiene una curiosa inscripción, invita a una necesaria parada en el camino, aprovechando además para contemplar las sólidas edificaciones del lugar y un pequeño bosque de laureles al fondo. Al reemprender el camino, la iglesia parroquial de Santiago de Ambás aparece en el horizonte; merece la pena desviarse treinta pasos para admirar el cuidado complejo: templo, cementerio, área recreativa y para echar una mirada al paisaje dejado atrás, rematado por el monte Gorfolí.
De nuevo en la carretera comarcal, se avanza, sin desviarse, hasta Santa Eulalia del Valle, donde de nuevo nos detenemos para admirar la florida iglesia parroquial y el conjunto disperso de casas de esta parroquia. Siguiendo la indicación hacia Empalme, a los quinientos metros, en la parroquia de Guimarán, se encuentra, a la derecha, la ermita de la Virgen de los Remedios, patrona de Carreño.
Una vez que se goza de esta sobria pero muy cuidada ermita, comienza el ascenso hacia el  Monte Areo; en los cruces que se encuentran, seguir siempre la dirección que indica al Dolmen de San Pablo, donde el senderista ha de detenerse para visitar, al menos, los tres túmulos de enterramiento que se encuentran a la vera del camino. ‘El Monte Areo o ‘Monte de las Aras’, monte sagrado, mágico e histórico fue habitado por los pobladores primitivos para sacralizarlo y convertirlo en morada de sus muertos; también fue escogido por los romanos para situar su monumento a la ocupación de territorios de los Satures, las Aras Sextianas, a principios de la era cristiana’. Por este monte sigue pasando el transitado ‘Camino de Santiago’ y el G.R. 100 ‘Ruta de La Plata’. Este espacio natural se encuentra poblado en su mayor parte por eucaliptos, monte bajo, alisos y algunos pinos; en la altiplanicie existe una amplia área recreativa. El Monte Areo tiene una considerable extensión y una belleza que, por ir de paso, queda sin conocer suficientemente, invitando al senderista, peregrino o turista a volver a recorrerlo reposadamente.
Siguiendo el amplio camino hacia el este, se encuentran las casas de la Loma de San Pablo, poblado que se deja a la izquierda para girar, en el próximo cruce en Y, a la izquierda, camino que más bien pronto que tarde (pues discurre por un lugar hermoso) nos introduce en el Camino Real que lleva a Poago, donde, después de visitar la iglesia parroquial de Santa María, nos dirigimos por la carretera que une este pequeño núcleo de población con la gran metrópoli de Gijón. Resta bajar hasta la carretera general Gijón-Avilés atravesando el puente sobre la ría de Aboño donde desemboca el río Aboño que nace en el concejo de Llanera y, por Veriña, entrar en la gran ciudad por el Cerillero. ‘Tres días hacían falta para recorrer la ciudad de Nínive’ dice el autor inspirado ; tres horas a pie pueden ser necesarias para atravesar Gijón, por La Calzada, Cuatro Caminos, El Natahoyo, Cimadevilla, Paseo de San Lorenzo,  y el Piles (donde puede dar comienzo la segunda etapa siguiendo la Senda del Peñafrancia).
Esta primera etapa termina en el Centro de Gijón.
Segunda etapa: Gijón (La Guía) – Amandi (Villaviciosa)
Recorrido:                             24 kilómetros
Duración aproximada:        8 horas
Dificultad:                            media-baja
‘Oviedo debe su origen a un Convento y a una Corte. Gijón nació como refugio de pescadores que al mar debían su sustento. Cuando Oviedo nació, Gijón ya era adulto; miles de años de lucha con el embravecido Cantábrico templaron su carácter; así se hizo altivo, audaz, enamorado de su libertad, embriagado por ese “quid” divino que el mar da a sus enamorados’ (Pérez Pimentel).
En la Guía comienza la senda de Peñafrancia, una vereda preciosa que lleva hasta Deva.
Discurre toda ella remontando el río Peñafrancia, que, pasando por Las Mestas y lugares rurales de Gijón, dejarán al senderista una preciosa imagen del cuidado que esta ciudad pone para el solaz de sus vecinos y advenedizos.
Muy pronto, una vez iniciada la senda, aparece, a la izquierda, acompañando constantemente este bello recorrido, la esbelta torre de la Laboral ¡qué bien pareces ahí torre altiva!
Hay que destacar que en muy contadas ocasiones se recorre completamente el cauce de un río desde la desembocadura hasta su nacimiento como se hace en esta senda del río Peñafrancia.
Universidad Laboral de Gijón





En Deva se encuentra la hermosa iglesia parroquial de San Salvador de Deva, que ofrece una atractiva estampa externa al senderista. No hay muchas oportunidades de encontrar abierta alguna de las múltiples iglesias parroquiales que se encuentran en esta ruta (como en el resto de Asturias). Tanto las iglesias parroquiales como las ermitas encontradas en el camino están todas ellas muy bien conservadas y externamente muy limpias, lo que dice mucho a favor de los párrocos que las regentan y de las feligresías que tienen en gran estima el cuidado de sus templos y esto parece siempre bien al que llega de visita o va de paso.




De Deva de Gijón  a Deva, río de la Cueva de Covadonga.
A continuación de la iglesia está el cuidado Lavadero del Güeyu de Deva, donde pasa el recién nacido río Peñafrancia; es éste un destacado lugar de arquitectura de servicio público que dice bien del esmero del pueblo por su conservación. Dejando a un lado la Capilla de Ntra. Sra. de Peñafrancia, emprendemos la ruta por el poblado de Pedrozos hasta terminar el camino de asfalto (Se hace una petición a la Tertulia Cultural El Garrapiellu: poner alguna indicación oportuna en esta salida desde Deva).
El camino sigue a la izquierda, en dirección a la Autopista, para, enseguida, emprender la corta subida hasta la Oya. Se cruza una carretera comarcal y se encuentra un agradable sendero ancho que nos introduce enseguida en la carretera que seguimos hacia la izquierda (como está indicado); después de un corto tramo la ruta sigue por la carretera a la derecha que baja hasta un declive del terreno para ascender, hacia la derecha, hacia el Alto del Curbiellu en dirección a Peón. En el alto de Curbiellu  se puede contemplar, la izquierda, una estampa completa de hermoso valle de Peón (rota la armonía del valle por la autovía Gijón-Grases, que lo atraviesa lateralmente).
El descenso al valle es un poco incómodo y hasta peligroso, especialmente si la marcha se realiza en invierno ya que el agua discurre libremente por este camino, causando destrozos. Es este un punto del camino que requeriría una atención vecinal y municipal.
Se atraviesa esta dispersa población de los magüetos, cruzando el río España; se recomienda efectuar un pequeño desvío hacia la iglesia de Santiago de Peón (La imagen de Santiago del frontispicio no es precisamente de peregrino).  Un texu junto a la iglesia es una bella representación de la historia centenaria de este pueblo.
Se hace un alto en el camino antes de comenzar la subida a La Cruz de Peón, subida que, según la información sobre el camino, es la más costosa de todo el recorrido a Covadonga. Una vez que se haya coronado este alto quedará la satisfacción de comprobar que el camino no tiene ya más cuestas importantes (y ésta no asusta).
Subiendo hacia la Cruz hay un punto de fácil pérdida, debido a la corta de maderas que se estaba realizando entonces (tal situación nos hizo desviarnos, rodeando el monte por espacio de casi una hora). En la subida, bien marcada por una pista entre eucaliptos, se atraviesa una escombrera de tierras extraídas de los túneles de la autopista; después de seguir unos cuantos metros más por el sendero ancho, la segunda pista forestal a la izquierda (más estrecha que la principal que sigue a la derecha) conduce a la carretera que sube al Alto de La Cruz, punto culminante de la carretera comarcal de Peón a Niévares; en el Alto se encuentra un hito, bien visible, del Camino de Santiago.
Se continúa por la carretera hasta entrar por un sendero a la derecha, bien señalizado todo él, que nos acerca al pueblo de Niévares, donde se puede contemplar un fortificado Castillo.
Castillo de Niévares




Siguiendo las flechas indicativas se llega a Grases. Después de cruzar la autopista de la Costa, la carretera local nos aproxima a la Villa; en este recorrido se hallan una pequeña capilla de Ánimas y una ermita dedicada a San Blas. Dejando a nuestra izquierda una magnifica mansión de sello ‘indiano’ con hermosas galerías y el edificio del Restaurante La Parra, el camino se dirige a Amandi, atravesando un hermoso puente de piedra sobre el río Valdediós que nace en el Alto de La Campa y llega con su caudal a la ría de Villaviciosa (desde el puente se contempla el encuentro de los ríos Rozaes y Valdediós).
El final de esta segunda y variada etapa se sitúa en Amandi, donde ojalá sea posible visitar la hermosa iglesia románica y admirar el arte que en ella se encierra y la historia en él contenido.
Esta iglesia de San Juan de Amandi fue declarada Monumento Nacional el 3 de junio de 1931. Ha sido calificada por algunos autores como la “Capilla Sixtina del arte románico en Asturias”.
glesia de Amandi en Villaviciosa
La mayor importancia del edificio radica en su decoración escultórica, localizada en portadas, canecillos, arco de triunfo y ábside (interior y exterior) con una temática ‘de las más ricas y variadas del románico’.
Disfrutemos de lo que ‘ellos’ supieron crear tan bellamente.
Tercera etapa: AMANDI –  SOTO de DUEÑAS (Parres)
Recorrido:                             33 kilómetros
Duración aproximada:        10 horas
Dificultad:                             baja
‘Como reina rodeada de su corte hállase Villaviciosa; a su alrededor Bedriñana, Lloraza, Selorio, Sebrayo,

Priesca, Fuentes, Amandi, Lugás, Coro, Sietes, Valdebárcena, Santa María y San Salvador de Valdediós; conservan en general sus primitivas formas y muestras los diferentes estilos de los diversos siglos en que fueron construídas. Todas, a excepción de Sietes, son más antiguas que la de Santa María de Villaviciosa’ (Pérez Pimentel).

Esta etapa sale de Villaviciosa para llegar al concejo de Parres cruzando bonitos pueblos de Piloña. El camino sigue la carretera que lleva a Infiesto hasta encontrar, antes de un puente sobre el río Coro, una desviación hacia la izquierda, bien señalizada por un panel anunciador de la senda local ‘Ruta de los Molinos’, que, por vereda ocupada muchas veces por el curso del río, asciende desde un frondoso valle hasta la parroquia de Coro. En Moratín, una corta desviación permitirá visitar la pétrea capilla de los Mártires de Coro, del siglo XIII, San Cosme y San Damián (la señora de la casa que hay antes de tomar el camino de la ermita se ofreció gentilmente a acompañarnos y explicarnos el arte y la historia de las tallas que se hallan en esta edificación medieval).
La contemplación de una amplia panorámica sobre el concejo de Villaviciosa junto con la visita a esta venerada capilla bien merecen un pequeño ‘retraso’ en el camino.
La ascensión hasta el pueblo de Breceña discurre por asfalto y por senda peatonal. También en esta parroquia parece oportuno desviarse hasta el centro del pueblo donde está la iglesia parroquial que admiramos, como en casi todas a lo largo del recorrido, por la buena y conservada planta exterior.
Volviendo a la carretera se desciende ligeramente y de nuevo se asciende hasta la desviación al pueblo de Buslaz. Un panel bien visible señala el camino por esta aldea.
El camino asciende entre helechos y árgomas (no estaría mal que ‘alguien’ limpiara este trozo de camino) hasta la cota de Sietes. En este pueblo es obligada la visita a la iglesia de San Emeterio, la joya más destacada del arte renacentista en Asturias, y la contemplación de la estampa singular donde las haya de los ‘mil’ hórreos y otras edificaciones de este abierto lugar. Puede hacerse aquí una parada para acercarse al recogido bar donde poder tomar un aperitivo (en el bar disponen de la llave de la iglesia).
Iglesia de San Emeterio de Sietes , renacentista (año 1555).
« Cuando el visitante se acerca al pequeño núcleo de población de Sietes [lugar de la parroquia de Vallés], y después de disfrutar de un paisaje impresionante, no puede por menos que quedarse sorprendido al encontrarse con una iglesia de las dimensiones de la de San Emeterio en semejante lugar. La materialización de una empresa de tal calibre en el siglo XVI y en una zona relativamente apartada, rural, se explica dado que se trata de un edificio de mecenazgo privado, costeado por un particular cuyos medios le permitían hacer frente al costo de tal empeño arquitectónico. Este personaje dejó memoria de su iniciativa y, de esta manera, podemos leer en una inscripción colocada en su portada que la iglesia fue mandada edificar por el bachiller Fernando Suárez del Canto en 1555 (Mº Pilar García Cuetos).
Se abandona el tranquilo pueblo de Sietes, siguiendo ‘les garrapielles’, por la carretera que conduce a Anayo. Se pasa al lado de lo que fue antiguo Casino de Sietes, edificación construida a expensas de los emigrantes a Cuba; está actualmente en una situación casi ruinosa pero con perspectivas, serias parece, de restauración. Una pequeñina capilla de Ánimas y una ‘garrapiella’ indica el camino a seguir; no hay desviación alguna hasta el aireado pueblo de Anayo, que muy pronto comienza a otearse en el horizonte de la collada.
FOTO D5
Una vez que se llega a ésta (el pueblo de Anayo está a la mayor altura de todo el recorrido: 500 metros) se abre un amplio panorama hacia el Piloña y el valle fértil que este río riega; enseguida se encuentra, en una situación privilegiada, la hermosa iglesia parroquial de Santa María de Anayo, donde parece conveniente detenerse y descansar después de la monótona subida.
Posiblemente sin haber visto ‘un alma’ (llama la atención cruzar los pueblos sin encontrar a persona alguna), el recorrido continúa por la carretera hasta encontrar, después de una pronunciada curva a la derecha, un corto sendero que a los pocos metros nos mete en otra carretera que lleva hacia La Llama; enfrente comienza a mostrarse la mole impresionante del Sueve, cuya imagen acompañará al caminante durante un largo trecho. Se sigue esta carretera en dirección este hasta encontrar, en una curva a la izquierda que hace la carretera, una flecha en el asfalto que indica un giro hacia la derecha hacia un camino que comienza a descender hacia el pueblo tan nombrado de Borines. Muy pronto se encuentra una bifurcación del camino: seguir por el sendero de la derecha aunque se vea en un árbol una flecha indicando hacia la izquierda (algún ‘enemigo’ la pintó para confundir: de ello damos fe nosotros que hicimos un innecesario rodeo). Se llega al valle del río Borines, que discurre por el pueblo que le da nombre para encontrarse con el Piloña a la altura de Villamayor. Atrás queda la industria conocida del agua de Borines y la iglesia parroquial de San Martín de Borines, en la que llama la atención su poco artístico campanil. Por carretera nos dirigimos a Miyares, atravesando el tranquilo pueblo de Vallobal;  después de admirar los espléndidos edificios, algunos de ellos con reconocida solera, a la vera de la iglesia parroquial de Santa María de la O de Miyares se puede hacer un merecido descanso antes de completar el camino que queda por andar en la jornada ¡todo se andará! La anécdota del día: una de las veces que cruzamos Miyares nos sorprendió ver ondear en la plazoleta de la iglesia, junto a las banderas de España y de Asturias, la bandera blanca y amarilla del Vaticano.
Saliendo de Miyares en dirección este, según está señalizado el Camín, se adentra la ruta en un frondoso valle que recibe aguas abundantes de la Sierra del Sueve; los ojos han de atender sucesivamente a las pequeñas agujas calizas de esta crestería y a los cuidados prados y pequeñas explotaciones ganaderas del valle sin dejar de admirar las aldeas con casas diseminadas que se encuentran en el camino: La Goleta (donde se sitúa el palacio de Cutre), Torea, Sorribes y Cúa  son los pueblos que se van dejando atrás. Una vez que se cruza el pequeño pueblo de Cúa, se atraviesa un río ‘sin nombre’ que trae las aguas del Sueve para el Piloña.
La carretera secundaria que traemos nos introduce en la carretera Nacional 634 a la altura de Soto de Dueñas.
Aquí termina el recorrido de esta tercera etapa después de haber atravesado multitud de pueblos y de paisajes que permanecerán en adelante en la memoria visual del caminante por las Asturias de Oriente.
Cuarta etapa: SOTO de DUEÑAS – COVADONGA
Recorrido:                             24 kilómetros
Duración aproximada:        8 horas
Dificultad:                             baja
Se parte en esta cuarta etapa de Soto de Dueñas. Se sigue la carretera Nacional 634 hasta encontrar, a la derecha, la desviación a Llames. Una subida de dos kilómetros nos aproxima a este importante pueblo de Parres.
Antes de llegar al centro del pueblo, por una estrecha carretera, que sale hacia la izquierda en el sentido de la ruta, se puede acceder a una antigua iglesia, hoy en estado ruinoso: la iglesia románico-gótica de San Martín de Escoto. Además de una probable fundación prerrománica de cuyos restos puede quedar un oratorio al sur, tiene espléndidas pinturas posteriores en trance ya de desaparecer por la maleza que se acumula en un interior sin techo; entre los elementos apenas reconocibles figura un escudo con la cruz de Oviedo. ¿Cuánto tiempo le espera a este histórico conjunto para quedar ‘piedra sobre piedra’?
Siguiendo por la carretera hacia el pueblo, a la derecha, hay un Albergue abierto al caminante.
En el pueblo de Llames se pueden admirar detalles de la esmerada construcción de sus edificios e, igualmente, en las casas restauradas. Merece la pena detenerse en este lugar. Una buena fuente en el centro del pueblo nos invita a refrescarnos y a saciar la sed; también se puede acceder a una tienda-bar para abastecerse, si es necesario.
Se sale de Llames hacia Cangas de Onís por el Camino de la Reina. Se encuentra enseguida la iglesia parroquial de Santa María de Viabaño en la que destaca una de las ventanas en la parte este con restos de la antigua edificación. Cruzado el río Beleño, cuyas aguas mueven las aspas de un molino alimentado por este pequeño afluente del Piloña, a los 100 metros se coge el desvío a la izquierda que figura muy señalizado; este camino, que discurre en su primer tramo siguiendo la corriente del Piloña, llega hasta la capilla de San Fernando en el cuidado pueblo de Romiyo. Se atraviesa con agrado este pueblo de Parres y, siguiendo las señales se desciende hasta el valle del río Mampodre para ascender a Romiyín hasta la capilla de San José. (‘Estos pacíficos vezinos de Romillo me dicen que el riachuelo llamado Barredos (Mampodre) tiene su nacimiento en una fuentte que tiene la especialidad de que, anticipadamente a un temporal durable, da unos zumbidos, como bramidos, que se oyen a larga distancia, por lo que es llamada dicha fuente el ‘oxo bramador’ que está en términos de la parroquia de Llerandi’ de ‘Notizias de un peregrino …’)
Junto a la capilla de San José se echan de falta unos asientos para recuperarse del esfuerzo de la corta pero pronunciada subida última; siguiendo la ruta que sale por detrás de la capilla e encuentra enseguida una fuente y un hermoso lugar de descanso.
El camino lleva muy cómodamente hasta la carretera nacional de Arriondas a Covadonga a la altura de Villanueva. Después de recorrer unos metros por la senda peatonal de reciente construcción hay que cruzar con cuidado la carretera y un puente sobre el río Sella; el Camino de La Reina, comenzado en Llames conduce, a la vera del Sella, hasta la ciudad de Cangas de Onís, pasando por el barrio de Contraquil y cruzando por debajo la carretera de circunvalación.
‘Sorpresa causa al viajero la vista de Cangas de Onís. No son almenadas y fortísimas murallas, espesos baluartes y altivos torreones los que ofrece la antigua Corte Astur. No hay vestigio alguno de fortaleza. Sorpresa explicable al hallarse con una villa abierta, de moderno caserío, sin más guarda ni defensa que el Sella y el Güeña; villa situada junto a un ameno valle, inspirador de bucólica poesía antes que de épicos cantos’ (Pérez Pimentel).
El paisaje hasta la Cueva se hace ya familiar por la multitud de veces que lo hemos visto y admirado desde el automóvil. Hacerlo a pie es algo distinto y provocativo: no hacen falta ni tener una edad juvenil ni muchas fuerzas ni tampoco estar muy avezados a caminar; es cuestión de calzarse unos playeros, proveerse en la mochila de alguna prenda de abrigo y de recambio para el final de etapa  y… de ilusión, siempre necesaria para emprender este transitado camino.
Al salir de la floreciente ciudad de Cangas se cruza el río Güeña, que nace en la aldea de La Robellada en el concejo de Onís, para reemprender el camino a Corao. El río discurre a nuestra izquierda y acompaña al caminante hasta Soto. En Soto de Cangas se pasa por el interior del pueblo, dejando a la izquierda el viejo torreón en ruinas. Enseguida nos vemos obligados a salir a la carretera a Covadonga y caminar por la acera hasta el anhelado destino de este emotivo viaje (La Riera se puede atravesar por el interior del pueblo, pudiendo conocer la capilla de Santos Justo y Pastor, el Albergue municipal y el puente sobre río Covadonga).
El recorrido por la acera dura está jalonado por sucesivos establecimientos hoteleros y comerciales; la contemplación de algunes ‘caseríes asturianes’ típicas y el deseo de llegar hasta el fin ya tan próximo pueden mitigar el esfuerzo y el cansancio hasta divisar las agudas torres de la Basílica: estamos en El Repelao. Este último tramo del camino  tiene el rango de ‘sendero luminoso’ por la belleza que nos descubre y por la alegría que irradia para el caminante que llega a la meta deseada.
Los últimos peldaños hasta la Santa Cueva son siempre peldaños hacia la eternidad.
‘Covadonga es única. En ella se concentran Patria, Historia, Religión, Fe y … perdón por lo profano del término, Turismo. Deber del creyente es ayudar en la medida de sus fuerzas a que el Santuario Nacional esté en condiciones de recibir dignamente las peregrinaciones colectivas que hoy no pueden acogerse por falta de medios’ (Pérez Pimentel)
‘Estar cerca de alguien puede hacerte vivir’,
Santina de Covadonga, ansío vivir.
‘Estar cerca de alguien puede hacerte bien’,
Santina de Covadonga, quiero sentir la bondad.
‘Estar cerca de alguien puede aumentar alegría’,
Santina de Covadonga, también yo quiero gozar.
‘Estar cerca de alguien puede curarte’,
Santina de Covadonga, quiero curarme.
‘La voz de alguien puede ayudar al sordo a oír’,
Santina de Covadonga, quiero oír y escuchar.
‘La palabra de alguien puede enseñar al ciego a ver’,
Santina de Covadonga, yo busco ver y mirar.
‘La llegada de alguien puede hacer milagros’,
Santina de Covadonga, quiero seguir hasta la meta.
También yo quiero, Santina de Covadonga:
Estar cerca de cualquier otro caminante,
Ser la voz y la palabra que motiven la alegría,
Llevar noticias de aliento al que busca y se fatiga.
Bien sé que el camino entre el saber y el hacer,
Entre las palabras y la realización
Es largo, realmente largo.
Capilla de los Remedios
Don Opas