Covadonga
La Basílica por dentro o la piedra herid
a
En recuerdo de Manuel Alonso Nicolás, mi abuelo, natural de Villaverde, cantero de Covadonga, de los que en el último cuarto del s. XIX levantaron la Basílica trabajando de sol a sol y aún les quedaba alegría en el cuerpo para cortexar la tabernera si querían beber buen vino cuando baxaban a la Riera.
Ramón Alonso Nieda
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Sumario
I.- Estado de la cuestión                                     III.- Lo que los ojos ven, documentación gráfica
1: Peor que una chapuza.                                        1: La Basílica por fuera - La dignidad de una abadesa.
2: En carne viva.                                                        2: La Basílica por dentro – Modales de mesonera.
3: estética de sidrería.                                              3: La insoportable levedad del rejunteo.
3: La insoportable levedad del rejunteo.               4: Concluyendo.
5: La cometa lastrada.
6: Materialismo estético.
7: Culturas regresivas.
II.- Confesión de parte o la bujarda del Abad
1: Luces y sombras del Auseva.
2: Al principio estaba el enfoscado.
3: Tres razones para un disparate.
4: Ejecución por etapas.
5: Luminoso objeto del deseo.
6: A modo de posdata.
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I.- Estado de la cuestión
1: Peor que una chapuza
El título y los epígrafes del sumario ponen en la pista al eventual lector de que se va a abordar en este escrito algo acaecido en la Basílica de Covadonga que pudiera ser lo más parecido a lo que normalmente se entiende por una fechoría. No acaecido en la Basílica como escenario, sino en el propio cuerpo y carne de la Basílica. El diccionario define fechoría como “mala acción”. Sin más, que ya es bastante y hasta puede parecer demasiado. Porque una acción mala nos remite directamente a la conducta. Una fechoría es, pues, algo peor que una simple chapuza, que es “una obra poco importante o mal hecha” por negligencia o falta de pericia. Por desgracia “una mala acción” puede ser al mismo tiempo “una obra mal hecha”. O sea, que la fechoría no excluye la chapuza. Que la obra chapucera sea por definición “poco importante” tampoco garantiza que el efecto no sea realmente desastroso. Esos tres elementos de infortunio coinciden en el caso: sostenemos que el interior de la Basílica ha sido objeto de una fechoría chapucera con resultado estéticamente desastroso.
Convencidos, sin embargo, de que no se actuó de mala fe, aunque sí con ligereza y con criterio mal formado, no anima este escrito ninguna intención vindicativa. Ni siquiera se busca  polémica; solo la discusión necesaria para llegar al acuerdo y encontrar el remedio al daño producido.
2: En carne viva
Fechoría, chapuza, daño; los términos, por más atenuantes que se busquen, no dejan de resultar acusatorios. Reseñemos, pues, sin más preámbulos, los actos que, a nuestro juicio, fundan una imputación que al lector desprevenido le podría resultar chocante. Por iniciativa del entonces Abad del Santuario, D. Emiliano de la Huerga, y con la aprobación del Prelado y del arquitecto del Real Sitio, el Cabildo adoptó el acuerdo  de retirar el enlucido original que revestía el interior de la Basílica. La decisión se ejecutó en tres campañas que se suceden en un corto período de los años 70, y el resultado es el interior que hoy contemplamos, de piedra vista, de aspecto rústico o, más exactamente, híbrido porque los pilares y arquerías, finamente labrados, contrastan lamentablemente con los lienzos de pared que exhiben una superficie irregular y tosca.
El prejuicio que inspiró esa, a nuestro juicio, muy desafortunada intervención es que la superficie de piedra, material noble, es siempre mejor que cualquier enfoscado, considerado material deleznable (“aquella cascarilla de cal y arena” en palabras del Abad). Partiendo de ese a priori, al retirar el enfoscado (vil), para dejar al descubierto la piedra (noble), se entiende que la basílica gana. Lo cual sería verdad si el enfoscado en cuestión fuera una carga advenediza sobre una sillería trabajada para ser vista. Pero ocurre exactamente lo contrario: los paramentos interiores de las paredes de la basílica presentan una superficie tosca e irregular porque fueron pensados para ir recubiertos por el enlucido. El enfoscado era parte del proyecto. Al picar las paredes, queda la Basílica en carne viva como si le hubieran arrancado la piel. Un cuerpo desollado, como esas anatomías de gabinete dieciochesco de historia natural.
Pero para llegar a esta conclusión es necesario abandonar la comodidad y  el prestigio del a priori, su imperialismo no exento de insolencia, para atenerse a la observación empírica, sometiendo el juicio a los datos de la compleja realidad.
3: Estética de sidrería
El prejuicio se veía además confortado por el hábito. Se podía descartar cualquier tipo de reacción crítica por parte de un público que, en un interior a piedra vista, iba a encontrar una confirmación de sus gustos. En efecto, la Basílica nos acoge ahora, después de la operación, en un “ambiente rústico”, como de sidrería o de mesón, tan familiar al visitante astur. Ahí parece estar la clave de que la osada decisión del Cabildo, de picar las paredes, no haya suscitado (a nuestro conocimiento) reacción alguna reprobatoria. Todo el mundo satisfecho con el nuevo efecto de mesón; pueblo y élites rectoras hermanados por una estética de sidrería, tan conforme con los dictados de la moda.
Sin embargo, no podría ser más llamativo el contraste de esa rusticidad con el rango y el destino de un templo basílical.  Contraste que se materializa en unos paramentos interiores desnudos, con irregularidades y huecos en los que a veces casi cabe la mano, o rellenados a lo bruto, a paletada limpia, con cemento; mientras al exterior lucen con nobilísimo porte unos paramentos labrados con exigente perfección para ser vistos, formados por hiladas estrictamente concertadas, de rigurosa sillería, que despliegan en la luz del día los lienzos de una superficie tensa, casi tersa. Se puede observar cómo mínimos desperfectos en los sillares de los contrafuertes o en las columnas y pilastras se remedian con habilísimos injertos de microcantería, que semejan operaciones de cirugía plástica sobre piedra. Aquellos artesanos del siglo XIX nos dejaron allí un muestrario muy completo de los primores que la mano del hombre puede sacar de la piedra, aplicando un utillaje fino y, sobre todo, una paciente maestría.
4: La abadesa y la mesonera
La plasticidad del lenguaje nos permite adaptarnos al interlocutor y al tema, utilizando, según los casos, un registro culto o un registro coloquial o incluso vulgar. Cuando no se respeta esa adecuación a las circunstancias, el resultado será una forma de hablar inapropiada.
Si concebimos la arquitectura como un lenguaje, el proyecto arquitectónico puede ser entendido como un mensaje que ha de ser respetuoso con la función y el público a los que se destina. Pues bien, en la Basílica de Covadonga, con la desafortunada iniciativa de despojarla del enfoscado interior, se ha roto la unidad de discurso. El templo, con sus airosas proporciones y sus canterías exigentemente labradas, nos recibe en el exterior con un lenguaje propio de su rango basilical; nos habla, diríamos, con la elevada distinción que se espera de la dignidad de una abadesa. La rudeza descuidada del interior nos acoge y nos interpela, en cambio, con el desgarro propio de una mesonera. Por suerte, el protagonismo de las columnas, pilastras y arquerías, talladas con esmero, mitiga tan calamitoso efecto al relegar visualmente a un segundo plano los lienzos de pared.
5: La cometa lastrada
En más de una ocasión hemos suscitado el tema con periodistas, con arquitectos, con expertos en restauración del patrimonio, con sacerdotes que se dicen muy vinculados a Covadonga. Sin conseguir  como reacción, hasta la fecha, más que una mezcla de perplejidad y de sorpresa. Alguien que protesta de que hayan picado las paredes para dejar la piedra vista; alguien que, al parecer, pretende que carguen de nuevo las paredes para tapar la piedra. No se debe de encontrar todos los días un ejemplar tan obstinado en remar contra corriente.
Y el tema decae cada vez como una cometa que, retenida por un misterioso lastre, se resistiera a alzar el vuelo. Nadie parece entender que, en Covadonga, al desnudar el interior de la Basílica, se cometió un error análogo al de “ensabanar” el exterior de la iglesia de Abamia. En ambos casos, una fechoría o desafuero de signo contrario (desnudar / revestir) conduce a un mismo resultado estéticamente lamentable.
6: Materialismo estético
El misterioso lastre que retiene la cometa pudiera ser el prejuicio (ya apuntado) que privilegia la materia en detrimento de la forma. Opera aquí un naturalismo implícito que sobrevalora lo que la naturaleza aporta, la materia (en el caso, la piedra), frente a lo que la cultura añade, la forma. Se olvida que es el trabajo el que da forma a la materia. Y el olvido es tanto más grave cuanto que en materia de arte la forma lo es todo. La materia es el soporte, la condición de posibilidad de la emergencia de una forma. Los escolásticos, siguiendo a Aristóteles, definían la materia por sus carencias; la materia no tendría ni quidditas, ni qualitas ni quantitas(neque quid, neque quale, neque quantum). Los tomistas, más aristotélicos en esto que Aristóteles, acababan ese vaciado ontológico afirmando que la materia no tenía ni entidad (neque ens, addunt thomistae). Debería sorprender toparse con este rebrote de materialismo primario allí donde más intempestivo resulta, en cuestiones de plástica, en el ámbito de los efectos visuales donde el efecto es la verdad y no hay que buscar otra. Materialismo más sorprendente si lo protagonizan abades, canónigos y prelados que, como presuntos tomistas, cabría presumir fanáticos de la forma.
Una cosa es no compartir la opción de rematar el acabado recurriendo al enlucido (como se hizo en su momento) y otra, muy distinta, querer remediarlo por las bravas, suprimiendo el enfoscado e imponiéndole a la Basílica la convivencia contra natura de un exterior noble con un interior rústico. Eso implica invertir los términos de la arquitectura religiosa que, al concebir el conjunto como una especie de relicario, supedita el exterior al interior, que ha de albergar lo santo. De donde se sigue que la destrucción del enfoscado original, que rompe el equilibrio estilístico entre el interior y el exterior, no por haber sido bienintencionada deja de ser una agresión que desnaturaliza y mutila la integridad de la obra.
7: Culturas regresivas
Cuando una sociedad se muestra incapaz de conservar y transmitir el patrimonio y lo degrada y mutila con el uso o por abandono, se convierte en lo que historiadores y sociólogos denominan culturas regresivas; fenómeno perfectamente compatible con el desarrollo económico (el dinero es más bien desinhibido). Como aquel  ganadero que, venido a más y habiéndose comprado una casona solariega, se deshizo enseguida del piano (trasto obviamente inútil), ensanchó la puerta de la casa y ya pudo guardar el tractor en el recibidor.
Cuando a partir de los años 60 se impuso la moda de la piedra vista, media Asturias se puso a picar con furia sus paredes, hasta el punto de cambiar en  buena medida la fisonomía de la arquitectura rural. La moda es por definición pasajera, toma el gusto del momento por el mejor y absoluto y confunde el arte con el adorno y la decoración. Sin embargo, de los rectores del Real Sitio (prelados, abades y arquitectos), hay derecho a esperar y a exigir que custodien los bienes de la institución con más perspectiva y vigilante cautela que las que aplican en sus parroquias de aldea algunos curas osados en demasía; afligiría verlos obrar como esos propietarios que, al socaire de la prosperidad, gastaron algunos cuartos en levantarles, con presunción indiscreta, las faldas a sus casas para que todo el mundo pudiera comprobar que estaban hechas con tan buena piedra como las demás.
II.- Confesión de parte o la bujarda del Abad
1: Luces y sombras del Auseva.
2: Al principio estaba el enfoscado.
3: Tres razones para un disparate.
4: Ejecución por etapas.
5: Luminoso objeto del deseo.
6: A modo de posdata.
1: Luces y sombras del Auseva
En el artículo “La Basílica de Covadonga: su origen y estructura”, publicado en 1976 en uno de los últimos números de la revista Luces del Auseva, que editaba el Cabildo, nos da cuenta D.Emiliano de la Huerga, Abad entonces del Santuario, no solo de la autoría sino también del proceso de decisión, de los criterios invocados y de las etapas de ejecución de la destrucción del enlucido interior de la Basílica. El profesor Cayo González, autoridad muy confirmada en todo lo que concierne a Covadonga, puso el texto en nuestras manos.
Se desarrollan los aspectos apuntados en tres párrafos cuyo epígrafe adelanta una desacomplejada toma de posición: “Saneamiento y embellecimiento de la Basílica”. Aparentemente no se duda de que lo que se hizo en los años 70 fue someter a la Basílica a una especie de exitosa cura de embellecimiento. No nos perdamos ni una palabra del Sr. Abad, a fin de estar en condiciones de  darle la razón o de quitársela; o de poner al menos en cuestión algunas de las razones que el Abad avanza. Adelantemos por nuestra parte que el hecho de que multiplique las razones puede entenderse como síntoma de que el propio Abad no las tiene todas consigo; y ello porque o bien, en el fondo, percibe como arriesgada la operación de picar la Basílica, o bien porque el resultado ya a la vista no le acaba de parecer satisfactorio (por más que insista en valorarlo en un tono casi ditirámbico).
2: Al principio estaba el enfoscado
“Los muros y bóvedas del interior de la Basílica han estado hasta ahora revestidos de un lucido o enfoscado de cal y arena con un sencillo estucado sobre un discreto color que remotamente quería remedar la piedra”. Con esta afirmación se abre el texto que comentamos. Los muros han estado hasta ahora revestidos. Y ese pretérito perfecto del revestimiento cubre el interior de la Basílica desde su acabamiento en 1901 hasta el ahora en que el Abad escribe, en 1.976. La redacción del párrafo nos deja la duda de si, en opinión del Abad, es el “sencillo estucado”, el “discreto color”, o el lucido o enfoscado en su conjunto el que solo “remotamente” consigue “remedar la piedra”. Lo que no deja lugar a duda es que el emprendedor  Abad, con esa frase, está  llevando ya el agua a su molino. Si el enfoscado de origen (o alguno de sus elementos) es un remoto remedo de la piedra, qué duda cabe de que, al descubrirla, se recupera el modelo ocultado por la imitación. Estaríamos ante una feliz verificación de que “quien pierde, gana.” ¿Cómo no se dieron cuenta Aparici, el arquitecto, Martínez Vigil, el obispo, o Máximo de la Vega, el Soberano, alma y maestro de la obra? Personas ilustradas, sí; pero del siglo XIX al fin y al cabo. Para listos, los del XX. Como vamos a ver.
Si el enfoscado original pretendiera imitar la piedra, tendría el Abad razón sobrada, pues no lo consigue ni remotamente. Ahora bien, lo que en verdad remedaba el enfoscado no era la piedra sin más, la piedra bruta. El enfoscado reproducía, sobre los paramentos interiores de la Basílica, las proporciones, la textura y el color de las sillerías labradas, tal como lucen en los paramentos exteriores. Ese es el verdadero término de comparación. Unos metros cuadrados del lucido original que se salvaron de la piqueta, en un lienzo de pared frente a la escalera que desciende a la cripta, nos permiten evaluar el resultado. Más alejadas del observador quedan las bóvedas del templo; difícil decidir a simple vista si aquellas superficies son de piedra natural o una imitación artificial, como es el caso. Prueba evidente de que el efecto imitativo estaba lejos de ser un remedo remoto. Ante esos testimonios cualquier observador imparcial admitirá que las superficies dejadas al descubierto con la operación son un remedo  de la sillería exterior (en cuanto a proporción, textura y color) mucho más tosco y remoto que el estucado original. Al perderlo, la Basílica perdió. La prueba se invierte, convirtiéndose en prueba de cargo.
3: Tres razones para un disparate
“Luis Menéndez Pidal afirma –cita el Abad- que este revestimiento fue un recurso obligado –aunque no deseado- por la escasez de recursos ya que el rejunteado y abujardado de la piedra hubiera supuesto una mayor inversión de un dinero que no se poseía. Es una razón”, concede el Abad, que no parece muy convencido. Escepticismo que compartimos pues, en efecto, no parece verosímil que los recursos fueran más abundantes en la primera fase de las obras, iniciadas en 1877, en que bajo la dirección de Frasinelli se desplegaron las impresionantes canterías, cuidadosamente labradas (que incluyen la cripta y las elegantes escalinatas de acceso), que transformaron el arriscado Cuetu en una estilizada acrópolis. ¿Tanto mimo y derroche en el arranque, en lo que al fin y al cabo no es más que la base y el soporte, para terminar con cicaterías en la parte más noble y exigente de la obra (relanzada por Martínez Vigil y bajo  la dirección de Aparici desde 1.886), el interior de la Basílica?
Es más, si se apura la razón de economía, tendríamos lo siguiente: El revestimiento es más barato que el labrado de los paramentos, de acuerdo. Pero la solución más económica hubiera sido dejarlos como hoy los vemos; añadir el enfoscado supuso un gasto suplementario. Si se decidió cubrir los paramentos no labrados es que se consideró indecente (quod non decet) mostrarlos desnudos. Una vez más la argumentación cojea al confundir el término de comparación.
Prosigue el Abad con razones que pudieran ser de más peso: “también pudo suceder que se tuvieran en cuenta razones de acústica que hoy no presentan problema alguno por la instalación de la megafonía. Pero también es cierto que los malos gustos de la época hicieron revestir de cal y arena muchos templos románicos que, con muy buen criterio han sido posteriormente desposeídos de tan feo ropaje que ocultaba riquezas muy notables.” Templos románicos revestidos de cal y arena. Póngase cemento donde pone cal y D. Emiliano estaría hablando proféticamente de lo que habría de pasar con la iglesia de Abamia 40 años después. Pero volvamos al argumento. Malos gustos de la época, feo ropaje  que oculta riquezas muy notables. Esos son los mimbres de una apología que recuerda más la aguja del albardero que el encaje de bolillos. La Basílica de Covadonga no es ningún templo románico al que siglos después se embadurna con un maquillaje postizo; es un templo inaugurado en 1.901 al que 75 años después se le despoja del lucido original. Al hacerlo, no se descubrenriquezas muy notables; al contrario, las anatomías puestas al desnudo son notablemente más feas que el ropaje que las cubría.
Considerar lamentables los gustos de épocas anteriores frente a los actuales que serían exquisitos, es olvidar que la época presente será también pretérita a la vuelta de la esquina; es entrar en el carrusel de las modas. Aquí mismo estamos considerando ya dudoso el gusto con que se intervino en la Basílica en el 76.
No obstante, el razonamiento del Abad apunta a un principio válido; el de que en la conservación del patrimonio tan dañino puede resultar el quitar como el añadir y que, cometido el error, si el buen criterio  recomienda quitar lo añadido (como aplaude el Abad), con el mismo buen criterio se debería reponer lo quitado donde se haya cometido el error opuesto.
4: Ejecución por etapas
“Hace dos años hicimos una experiencia en la capilla del Sagrario, haciendo desaparecer esa cascarilla de cal y arena. Apareció debajo de tal revestimiento una hermosa piedra de sillería.” Decididamente, hay naturalezas predispuestas a la sorpresa; porque ¿qué se esperaba encontrar el Sr. canónigo bajo el enfoscado, un tabique de ladrillos? Predispuesto a la sorpresa y al eufemismo, cuando  una osadía tan ligera se reseña además como“experiencia”. ¿O habrá querido decir experimento? Aparte de que sería más propio hablar, en el caso, de sillarejo que “de sillería”.
“De sillería que, levemente abujardada y rejunteada, quedó de un nuevo y muy bello aspecto” -nos estaba diciendo el señor Abad. O sea que el rejunteo y el abujardados, sacrificados por economía en el momento de la construcción, se recuperan ahora como por ensalmo, mediante una casi imponderable operación de sustracción ¿Rejunteada? Ahí tenemos la madre del cordero, pues no hace falta ser aparejador para saber que la construcción de sillería excluye el rejunteo; los sillares se juntan sin mediación visible, plano contra plano, como se muestra en las superficies exteriores de la Basílica. ¿”Levemente abujardada”? Convengamos, sin hipérbole, que el abujardado que ahora exhibe el interior de la Basílica es francamente burdo, como espero que quede acreditado por las imágenes que acompañan el texto. Cuando afirma que “quedó de un nuevo y muy bello aspecto”, toda el agua termina entrando en el molino abacial, que gira con ella la mar de satisfecho.
Con los juicios del gusto nos adentramos en territorios escabrosamente subjetivos. Sobre el gusto se han escrito cantidad de tonterías; como, por ejemplo, que “de gustos no hay nada escrito” (cuando se llenarían bibliotecas con lo escrito. Kant le dedicó nada menos que una de sus Críticas, la tercera). O que “para gustos se hicieron colores” (quien lo entienda que lo explique). También se ha escrito (no sé si mencionarlo) que “hay gustos que merecen palos”; pues con dignidad abacial de por medio, mencionar los palos confinaría directamente (sin necesidad de rejunteo) con el sacrilegio. Picar una basílica por dentro puede ser cosa venial y hasta meritoria; sugerir que los gustos del Cabildo pudieran ser de los que merecen palos te expone al entredicho.
“Esta experiencia  fue aprobada y elogiada por nuestro arquitecto Javier García Lomas y por el prelado” –prosigue el Abad, acogiéndose a la vez a profano y a sagrado. Prelado, arquitecto y abad se muestran, pues, en perfecta sintonía con la moda del momento; el gusto por la piedra vista y la rusticidad del rejunteo. Lo que se designa aquí como estética de sidrería. Evitando cuidadosamente las comparaciones por aquello de que suelen resultar odiosas, llama la atención esta recurrencia, en la historia de la basílica, del triunvirato del canónigo, el prelado y el arquitecto: de la Vega, Sanz y Forés, Frasinelli; de la Vega, Mertínez Vigil, Aparici; de la Huerga, García Lomas (a cuya paternidad se debe el apastelado conjunto que se despliega ante la Basílica) y… no hemos podido verificar en los archivos qué arzobispo pontificaba en la sede de Oviedo allá por los ya remotos años 70 del pasado siglo; los datos reunidos apuntan, sin embargo, a que bien pudiera ser un prelado campechano, cuya vida Dios guarde largos años y de cuyo nombre no consigue uno acordarse.
“Esto nos animó a realizar esta misma operación en la Capilla de la Virgen del Rosario y posteriormente en las naves laterales de la Basílica.” En la Capilla del  Rosario se venera ahora a S. Pedro Poveda (Capitular de la colegiata y fundador de la Institución Teresiana). Al santo canónigo se le venera en una imagen de tamaño natural que parece traída de algún museo de las estatuas de cera. Cambios de este tipo y la estética que los inspira parecen confirmar que el interior de la Basílica es campo propicio a experimentos e iniciativas dudosamente canónicos.
“Quedaba lo correspondiente al Presbiterio, el crucero y la nave central, la mayor parte y lo más difícil y costos. En las postrimerías del pasado año, el Cabildo, queriendo hacer  a la Basílica un regalo que quedara como recuerdo en sus Bodas de Diamante, determinó finalizar esta obra y en tiempo de invierno para causar el menor número de molestias a los romeros y devotos del Santuario (…) Al tiempo de escribir estas líneas las obras están a  punto de finalizar y el resultado de las mismas según el criterio de nuestro Arquitecto y de  cuantos las han observado, es magnífico.” El programa promovido como de saneamiento y embellecimiento se ejecutó, pues, en tres campañas, de 1.974 a 1.976, cuando nuestro cronista de excepción escribe por fin“las obras están a punto de finalizar.” Un poco más y ya hubiera podido suspirar Consumatum est!
5: Luminoso objeto del deseo
Puede al menos anticipar que “Queda la Basílica inmunizada de manchas pues todo el interior es de piedra (una vez desaparecido el enfoscado  de cal y arena) y las bóvedas son de piedra artificial.” Casi como quien dice que muerto el perro, se acabó la rabia.” O lo de  perturiunt montes, nascitur ridiculus mus,ya que con el no muy ambicioso objetivo de librarla de manchas se ha sometido a la basílica a una “operación” cruenta. También es aplicable al caso lo de que fue peor el remedio (picar las paredes) que la enfermedad (eliminar las manchas). O que los señores canónigos, creyendo poner una pica en Flandes, hicieron un pan con unas hostias ya que lo sacrificado como medio (la armonía estilística del conjunto basilical) es muy superior al objetivo conseguido (la supresión de las famosas manchas).
Verdad es que el objetivo formulado era doble, además del saneamiento el embellecimiento. “El embellecimiento nace al descubrir la piedra de sillería, mucho más noble y rico que el utópico (sic) enfoscado de cal y arena (…) piedra de sillería perfectamente alineada y concertada.” No hay peor ciego que el que no quiere ver. O nada se percibe con tanta nitidez como lo que se desea ver. Luminoso objeto del deseo. ¿Quién dijo que era oscuro?
“El eximio marqués de Lozoya dice (de la Basílica) que es de lo mejor que se construyó en Europa por su tiempo.”  El eximio marqués emitió ese juicio medio siglo antes de que el Excelentísimo Cabildo de Covadonga, por iniciativa de un Abad emprendedor y animado por el arquitecto y el prelado (ambos de una sensibilidad, por lo que se ve, muy en sintonía con los gustos de la época), adoptase la infeliz decisión de gastarse los cuartos en sacarle a la Basílica la piel a tiras. Un regalo sin duda generoso, pero envenenado. El resultado es que ningún muro del Real Sitio presenta hoy un aspecto tan lastimoso y descuidado como los del interior de la Basílica. El que no lo quiera ver que a las pruebas se remita.
6: A modo de posdata
No se quiera encontrar en estas líneas animosidad alguna hacia las instituciones y las personas que se mencionan; el autor conoció a algunas y las recuerda incluso con simpatía. Ahora bien, Amicus Plato sed magis amica veritas. Unos y otros somos solo actores y testigos de paso. La Basílica, en cambio, permanece; la preservación de su integridad debe prevalecer sobre sentimientos y consideraciones personales.
No se abordan en este escrito los aspectos jurídicos de la intervención efectuada en el interior de la Basílica; se deja a persona competente en la materia esa parte del trabajo, desde luego esencial. La intervención se llevó a cabo, según el referido testimonio del Abad, de forma colegiada por el Cabildo y contó con la aprobación, oral al menos, del arquitecto y del prelado. No tendría que ser necesario sin embargo recordar, a este propósito, que ni abades, ni cabildos, ni arquitectos, ni prelados están por encima de las leyes; de las que protegen la integridad de las obras de autor incluso de las eventuales veleidades de sus propietarios; o de la legislación sobre la conservación del patrimonio.
El que este artículo se centre exclusivamente en el interior de la Basílica  no excluye, por desgracia, la existencia de otros desaguisados cometidos en el Real Sitio. El agresivo granate de las cubiertas renovadas favorece que la Basílica se pueda percibir como una maqueta de sí misma a escala real, o evoque una de esas arquitecturas intemporales de Disneylandia. Los tonos verdigrises y azulados de la vieja cubierta armonizaban muy bien y realzaban los espectaculares ocres de los muros; y lo que es no menos importante, ya estaban inscritos en los registros de la memoria. “La preciosa capilla del antiguo seminario” (en palabras del Abad), uno de los espacios de culto más bellos y originales de Asturias (a juicio del que suscribe), fue destinada a uso profano con expolio de piezas de arte y destrucción de pinturas murales de Paulino Vicente. Alguien tendría que responder de esa barbaridad. ¿Mejoran los gustos con el tiempo? A este ritmo pronto la estética habrá sido sustituida por la anestesia.
III.- Lo que los ojos ven
Documentación gráfica
1:  La Basílica por fuera - La dignidad de una abadesa.
2:  La Basílica por dentro – Modales de mesonera.
3:  La insoportable levedad del rejunteo.
4:  Concluyendo.
1:  La Basílica por fuera - La dignidad de una abadesa.
El templo, con sus airosas proporciones y sus canterías exigentemente labradas, nos recibe en el exterior con un lenguaje propio de su rango basilical.
Paramentos exteriores labrados con exigente perfección para ser vistos, formados por hiladas estrictamente concertadas, de rigurosa sillería.
Los sillares se juntan sin mediación visible, plano contra plano.
El exterior de la Basílica fue tratado en su totalidad con parámetros de perfección muy exigentes.
Se puede observar cómo mínimos desperfectos en los sillares de los contrafuertes o en las columnas y pilastras se remedian con habilísimos injertos de microcantería, que semejan operaciones de cirugía plástica sobre una anatomía de piedra.
Hasta en la fuente al fondo del antiguo parque, ya muy alejada de la Basílica, se curaron delicadamente con injertos los defectos de superficie.
Aquellos artesanos del siglo XIX nos dejaron en la Basílica un muestrario muy completo de los primores que la mano del hombre puede sacar de la piedra, utilizando un utillaje fino y, sobre todo, una paciente maestría.
La famosa bujarda. El dentado puede ser más o menos fino, en función del resultado que se busca.
La utilizada para el “leve abujardado” de que nos habla el Sr. Abad debía de tener muy pocos dientes.
Cepillo de alisar la piedra
Buril, con el que se puede obtener un efecto amarmolado, siempre que la piedra se preste a ello (como es el caso de la caliza de Peñalba)
Escoda.
Existe una variante más fina, la pícola.
Gradinas, para tallado en estrías más o menos finas.
Puntero, utilizado en el alisado rápido para grandes superficies.
Efecto escoda (podría ser también de pícola).
Efecto de talla con puntero.
La sillería de los entrepaños, labrada a puntero.
Los zócalos o plintos, finamente abujardados.
- Trabajos con bujarda muy dentada,
- Aristas amarmoladas a buril.
- Estriado a gradina para acentuar la concavidad del volumen.
- Aristas amarmoladas a buril.
Las aristas, siempre amarmoladas con el trabajo a buril.
El mimo y hasta el capricho en los detalles:
Variaciones con gradina
Con esta escuadra trabajó en la construcción de la Basílica
Manuel Alonso Nicolás (1860-1953).
La escuadra tiene grabadas a mano unas marcas de medida que no se corresponden con las del sistema métrico decimal.
2:  La Basílica por dentro - Modales de mesonera
“Los muros y bóvedas del interior de la Basílica han estado hasta ahora (1974-76) revestidos de un lucido o enfoscado de cal y arena con un sencillo estucado sobre un discreto color que remotamente quería remedar la piedra”, escribe el Sr. Abad.
El modelo
La imitación
El enlucido interior imitaba en proporciones, textura y color las sillerías de los paramentos exteriores como se puede apreciar en un lienzo de pared que se salvó de la piqueta precisamente por no estar a la vista del público, en la escalera que desciende a la cripta (La iluminación deficiente y la  precariedad de medios comprometen el resultado de la toma).
Más alejadas del observador quedan las bóvedas del templo; difícil decidir a simple vista si aquellas superficies son de piedra natural o una imitación artificial, como es el caso. Prueba evidente de que el efecto imitativo estaba lejos de ser un remoto remedo
La verdad de la mímesis: En plástica, la verdad es el efecto, y no hay que buscar otra.
El experimento - Incipit tragoedia
-“Hace dos años (1974) hicimos una experiencia en la capilla del Sagrario, haciendo desaparecer esa cascarilla de cal y arena. Apareció debajo de tal revestimiento una hermosa piedra de sillería.”
¿Qué se esperaba encontrar el Sr. Canónigo, un tabique de ladrillos?
“Esto nos animó a realizar esta misma operación en la Capilla de la Virgen del Rosario.” (Curiosa aplicación del método de error y ensayo).
En esa capilla se venera ahora a S. Pedro Poveda, que fue capitular de la Colegiata de 1907a 1913.
En la imagen, el santo parece contemplar la magnitud del desastre. “Esto nos animó a realizar esta misma operación en la Capilla de la Virgen del Rosario.” (Curiosa aplicación del método de error y ensayo).
Las anatomías puestas al desnudo son notablemente más feas que el ropaje que las cubría.
Si se decidió cubrir los paramentos no labrados, es que se consideró indecente (quod non decet) dejarlos al descubierto.
¿Sillería o sillarejo? El de sillería es, sin duda, un concepto discutible y discutido
3: La insoportable levedad del rejunteo
¿Sillería “levemente abujardada y rejunteada”? ¿O luminoso objeto del deseo?
Huecos en los que casi cabe la mano
O rellenados, a paletada limpia, con cemento.
Aquí se les olvidó rejuntear; o no alcanzó el cemento. Otra vez será.
La arruga es bella (pero se nos acababa la batería).
Ambiente rústico, de mesón
Estética de  sidrería.
Efecto híbrido por el contraste de los pilares finamente labrados, con la tosquedad de los entrepaños puestos al desnudo
Afortunadamente el protagonismo de las columnas, pilastras y arquerías, talladas con esmero, mitiga el calamitoso efecto de los lienzos de pared, relegándolos visualmente a un segundo plano.
Bajo la dirección de Frasinelli y con
Máximo de la Vega
como infatigable maestro de obras, se levantan, desde 1877,
las impresionantes canterías, cuidadosamente labradas (que incluyen la cripta y las elegantes escalinatas de acceso), que transformaron el arriscado Cuetu en una estilizada acrópolis.
¿Tanto mimo y derroche en el arranque, en lo que no es más que base y soporte, para terminar con cicaterías en la parte más noble de lo noble, el interior de la Basílica? ¿No es más lógico pensar que la opción por el enlucido interior obedeció a  criterios estéticos?
Esta garita coronada, situada al fondo de la explanada de la Basílica, nunca fue utilizada (como lo podría sugerir su real empaque) por la guardia real de Don Pelayo. Fue hasta los años 60, antes de ser segregada por la verja que aparece en primer término, lo que entonces se llamaba “evacuatorio público”.
De seguir el razonamiento del arquitecto Menéndez Pidal, los dispendios consentidos en obras destinadas a funciones tan humildes impondrían la economía final de revestir el interior de la Basílica con un enfoscado barato.
-“Es una razón”, concede el Abad, que cree sin embargo que la verdadera razón son “los malos gustos de la época”. Menos mal que los gustos de las épocas mejoran con el tiempo, como el vino y los quesos del país. Bien patente queda en el destino sufrido por la bellísima y moderna capilla del no tan antiguo seminario.
A este ritmo, bien pronto la estética será desplazada por la anestesia. Habremos perdido entonces algunos placeres, pero nos ahorraremos no pocos pesares.
4: Concluyendo
Somos muy conscientes de que este reportaje gráfico es apenas un modesto bricolaje que muestra con demasiada discreción los efectos que en el texto se reseñan. La impericia en el manejo de las técnicas tanto como la precariedad de medios empleados conducen a tan pobre resultado. La persona en quien habíamos delegado esta parte del trabajo se ha visto impedida por fuerza muy mayor. Esa persona dispone de los medios y, sobre todo, de la competencia técnica para una realización de excelencia. Esperamos disfrutar pronto de tan valiosa colaboración. Acéptese, entre tanto, este avance provisional que permite desde ahora perfilar las siguientes conclusiones:
- Como resultado de la destrucción del enlucido original, ningún muro del Real Sitio presenta hoy un
Artículos publicados
- Los mocasines del pescador
- Mocedades
- Los ricos también rezan o la impostura de Zapatero
- Sismógrafo eclesial hipersensible
Los mocasines del pescador
Si el Papa vino a España a traer luz, en lo que me concierne me deja envuelto en una confusión inextricable. Había dicho el Papa en el avión que le traía que se estaban produciendo aquí brotes de un anticlericalismo radical, como en los años treinta. El diagnóstico papal cayó como el rayo en una santabárbara. Los anticlericales radicales esperaban que el Santo Padre vendría a ofrecer la otra mejilla como manda el Evangelio, y se encontraron con un papa respondón. Intolerable. Don Gregorio Peces Barba, el más posado de los siete padres de la Constitución, se arrimó al hombro de Gabilondo en la noche de La Cuatro para sentenciar muy solemne que las palabras del Papa eran “in-de-cen-tes”. El tono estaba dado; ya podía arrancar el orfeón.
¿No hay sin embargo en la algazara un reconocimiento implícito de que el de los años treinta fue un anticlericalismo radical? Por algo se empieza. Pero la versión oficial hoy en vigor enseña que aquellas persecuciones fueron una especie de correctivo que la Iglesia se había ganado a pulso; todavía se oyen a diario voces reclamando que pida perdón por lo de entonces; como si debiera mostrarse agradecida de que los matones no la hubiesen rematado. Ahora mismo el degüello de cristianos por decenas a mano de musulmanes no suscita emoción en una opinión pública progresistamente anestesiada, mientras pagamos entrada para llorar por Aspasia después de que el ministerio de Cultura le haya echado una mano a Amenábar para montar el velatorio.
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Cuando el Arzobispo de Santiago se preguntaba dónde iba a meter a tanta gente cuando viniera el Papa, alguien le recomendó desde La Nueva España el ferial del ganado como el lugar más idóneo para aparcar al católico rebaño. Ningún periodista  se arriesgaría a tratar de esa manera a la afición del Sporting o del Real Oviedo; en cambio, hacer guasa de los creyentes, lejos de entrañar riesgo, pasa por mérito.
Los meritantes en La Nueva España del viernes (12.11.10) son dos plumas de postín. Matías Vallés concentra en su sección una antología del comedimiento: “El Papa insulta a los nativos”, “opinión delirante” “caro Papa”, “injerencia papal”, “Pontífice napoleónico”, “no tiene que combatir el anticlericalismo, sino la indiferencia”. “El cliente a veces tiene razón”, remata. Y en efecto, si en España, como en el Corte Inglés, el cliente tuviera siempre razón, ya le estarían devolviendo la parte alícuota de las facturas del viaje papal a un Sr.Vallés al parecer indiferente, pero ni pizca de anticlerical.
En la página 31 es Carmen Gómez Ojea la que, en una Mezclilla de vitriolo, le pone las peras al cuarto a este “Santo Padre de los papistas” que vino “a reñir a la ciudadanía de un estado aconfesional”. Pero qué se podía esperar de “el que calza no la sandalia de San Pedro, sino zapatos rojos de trescientos euros por pie”. 600 euros el par. No nos daría Carmen la cifra exacta si no la conociera de muy buena tinta, pues sabe muy bien que con las cosas de creer hay que andar con pies de plomo.  Conoce incluso el número que calza el Papa pero entiende con buen criterio que ese es un dato de la vida privada que no se deben mezclar ni en una Mezclilla.
El Papa debió de ver esos mocasines en un escaparate de la Via de la Conziliazione. Preciosos. Entró y preguntó el precio. Trescientos, Santidad. Cuando cayó en la cuenta de que eran 300 por cada pie, ya tenía el tique en la mano (los papas no son infalibles en estas cosas de andar por casa); demasiado tarde para volverse atrás. Y allá va el pobre Papa, ta-ca-tá, arrastrando trescientos de vellón en cada pie. El escándalo estaba servido porque en política y en pastoral son tan importantes las formas como los contenidos. De poco valdrá ya que la Santa Sede salga  diciendo que los mocasines salieron más baratos porque en el Vaticano no se paga IVA; o que el Papa los compró en unas rebajas; o que son un regalo de Musolini  de cuando el Tratado de Letrán.
Aunque tampoco faltará quien piense que imaginar al sucesor de Pedro en sandalias, con una mazo de llaves en la mano y entrando en burro en Barcelona, es tanto como confundir a  la Iglesia con un parque temático. Pero si en algo se equivoca el Papa (con perdón) es al equiparar el radicalismo de ahora con el de los años treinta, cuando a lo que más se parece es al anticlericalismo masónico y de casino del siglo XIX. Además de radical, es modernísima la anticlerecía nacional.
Ramón Alonso Nieda.
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mocedades
Es propio de los partidos hacerle la pelota a la juventud y cuanto más los partidos aspiran a ser “enteros” más coba le dan: la uniforman, la abanderan, le ponen megafonía, le dan instrucción paramilitar. Y los jóvenes marcan el paso, hacen guardia sobre los luceros, atizan fogatas y amagüestos; pegan carteles o le dan una paliza a algún opositor. Pioneros comunistas, Frente de Juventudes falangista, Giovinezza del Fascio. Pero  ningún partido se priva de esos somatenes juveniles; todos “conspiradores de calella” (como los define alguien  que conoce el paño), cainitas que se pisan la cabeza unos a otros, puesta la vista en las listas cerradas donde muchos son los llamados y pocos los elegidos. Hasta los del PP tienen sus Nuevas Generaciones por ver de animar un tanto el penoso París-Dakar de su travesía del desierto.
La prensa daba cuenta  de un muestrario de estas juventudes, aparcadas en orden de combate ante el teatro Jovellanos el domingo pasado: Conceyu de la Mocedá de Xixón, Conceyu de la Mocedá de Llaviana, Mocedá de IU, Estudiantes Progresistas y Juventudes Socialistas, perejil de casi todas las salsas. Es de agradecer lo de mocedades, pues quita hierro al perfil militante al evocar el ambiente amable de las romerías campestres, como en aquella famosa canción tan de aquí: “Mozos muy gayasperos que, a más de beber, cantaben, bailaben y anííímabense…”.
Pero no estaban para fiestas las mocedades astures, desafiando la lluvia y el ridículo ante el Jovellanos. Habían ido a protestar contra la visita del Papa bajo el lema “no con mis impuestos”. Faltaría más. Les secundaban en la protesta organizaciones más talluditas, como SUATEA, CCOO, FAPAS, COAPA, Bloque por Asturies. El tutti quanti de la progresía (aunque se notó la ausencia del Sindicatu de criadores de la Cabra Bermella  y de la Agrupación pal fomentu de la Oveya Xalda; sí estaban en cambio las de lapitapinta@.com).
Denunciaron en un manifiesto el pasado del Papa como kapo de las SS. Sí, sí; que hilan muy fino y no se les calienta la boca a pesar de ser tan mozos. Pena que Garzón no estuviera de guardia para meterlo en el trullo por crimen contra la humanidad, pero por lo menos consiguieron que se suprimiera la etapa de Gijón donde estaba previsto que el Papa asistiera de papo a una representación en la Laboral, con cena y copa incluidas. Pues lo que los protestantes del Jovellanos consideran inadmisible es “que el Estado gaste millones para pagar los viajes de ese señor”. Que no vengan ahora los urdidores de patrañas  recordando que el concierto de Paul McCartney le dejó al ayuntamiento de Gijón un pufo de 117 millones de pesetas, que entonces (2004) no eran tan antiguas.
Saben muy bien las mocedades progresistas que no solo de pan vive el pobre y que a veces alimenta más el alma una canción que una empanada (los progres, cuando salen del armario, salen con unas almas exquisitas y como nuevas por la falta de uso). Además para aquel concierto les regaló la Alcaldesa un mazo así de entradas y ahora para lo del Papa nadie contó con ellos. No vas a comparar al Papa con McCartney; ni con la Pantoja (-No hay color, el pobre). Lo de McCartney fue una inversión de futuro y la está amortizando el movimiento asociativo de Xixón a escote pericote (hasta la Sra. Alcaldesa, a juzgar por la pinta, ahorra en peluquería para ir tapando el descubierto).
Al final los tutti quanti no eran tanti: llegó un taxi y se subieron todos sin excesivas apreturas. Se fue el taxi en dirección de Cogersa (que hasta los prejuicios se pueden reciclar). Por cierto, ¿cuántos liberados habría entre aquellos protestantes? -Unos cuantos. ¿Y cuánto reciben en subvenciones  de ayuntamientos, del Principado y de los Ministerios? -“No con nuestros impuestos”. Pero va a ser que sí. ¿O es que no? El Cinismo es sin duda un rasgo definitorio del radicalismo autóctono, ¿pero no se pasan de listos cuando nos toman por tontos?
Ramón Alonso Nieda,
Los ricos también rezan
o la impostura de Zapatero
“Los ricos también lloran” debió de ser el título de una serie de TV o radiofónica; no alcancé a verla o a oírla porque anduve muchos años fuera pero, por el contexto en que siempre se la cita, intuyo que el mensaje era que los ricos (lo que ahora se incluye en el epígrafe colectivo del “famoseo”) también tienen su corazoncito y eso les redime, en cierto modo, de los irritantes privilegios que disfrutan y que el resto de los mortales admiran y envidian. Me viene a la memoria al hilo de la fina glosa que, en “La cita del Deuteronomio” (LNE, 20.02.10), hace D. Javier G. Cuesta del Desayuno de Oración que tuvo al presidente Zapatero como invitado estrella (al menos visto de este lado el charco).
“De la intervención del Presidente se han manifestado diversos pareceres –reseña nuestro cronista- Todo es del color del cristal con que se mira”. Y como el cronista ya tenía sus gafas puestas, añade a renglón seguido: “Estuvo cortés, elegante. No fue una oración la suya porque un agnóstico-ateo no puede rezar” (fin de citación por el momento). Que el Presidente sea agnóstico-ateo me trae sin cuidado, pero si no puede rezar, ¿qué pintaba en un desayuno de oración? Si te invitan a una actividad en la que sabes que no puedes participar, ¿lo elegante no es declinar cortésmente la invitación? Eso haría, supongo, el propio D. Javier si le invitaran a incorporarse a una banda de gaitas o a un programa de La Noria, pongamos por caso. Si lo de Zapatero no pudo ser  oración, habrá que concluir con el cristal incoloro del Diccionario de la Real Academia que fue farsa (-“Enredo, tramoya para aparentar o engañar”), o impostura (-“Fingimiento o engaño con apariencia de verdad”).
-“¿A qué iba nuestro presidente?, ¿por qué aceptó la invitación?”, se pregunta retóricamente el señor G. Cuesta, que sabe como el resto de los españoles que si ZP recibiera de Obama recado de  que sería muy edificante que volviera a hacer la primera comunión, ahí tendríamos a nuestro presidente recibiendo muy devotamente por segunda vez la primera comunión, con su trajecito con canesú de marinero. Zapatero acudió al Desayuno de Oración porque la ocasión la pintan calva y esta era de oro para recargar las pilas al calor de Obama, que es con mucho el sol que más calienta. Ahora bien, la utilización política de la religión ¿no es una de las más abyectas imposturas? Eso pensábamos no pocos en los ominosos tiempos del nacional-catolicismo. ¿Tendremos que cambiar el chip, D. Javier, o bastará con que cambiemos de cristal?
-“Me ha gustado la cita que ha elegido, del libro del Deuteronomio, libro por cierto muy citado por Jesús en el Nuevo Testamento”, declara D. Javier. Y uno se pregunta de dónde le vendrá ese fino instinto bíblico a este laicista radical. Tal vez de que el socialismo es, al parecer, la versión secular del profetismo judío. ¿No se dice y se repite que Jesús fue el primer socialista? (Y Judas, el segundo –si me lo permiten; algo así como el primer tesorero de la ejecutiva federal; un socialista creyente –que los hay; y con vergüenza –que los hubo; díganme si no por qué se suicidó). Pero no nos perdamos por las ramas; ese instinto le podría venir también de que entre los 700 asesores de la Moncloa no le faltarían 70 teólogos y escribas para orientarle en tan delicado y trascendente trance. Y algo ayudaría también el que como hijo de buen represaliado, tuvo que estudiar en un colegio de curas en vez de hacerlo en un vulgar instituto. O tal vez de la conjunción de todos esos elementos en el prisma analítico-sintético de G. Cuesta, que más que un cristal color de rosa está resultando un verdadero caleidoscopio.
-“Algunos de los invitados españoles, muy escepticones y descreídos ellos, quedaron conmovidos ante los impresionantes testimonios –especialmente el de Obama y, sobre todo, el de Hillary Clinton”. Especialmente el de Obama y el de la Sra. Clinton, ¡qué casualidad! Me viene a la memoria el testimonio también muy especial de Savater (otro talibán pionero del laicismo), cuando se declaraba en El País impresionantemente impresionado de haberle oído decir a Jesús Aguirre que la religión no era un consuelo. Y es que, ya se sabe, cualquier tópico de cura de pueblo se convierte en  audacia muy novedosa en la boca de un duque (aunque lo sea per accidens). Los sentimientos del Sr. Obama o de la Sra. Clinton merecen el mismo respeto que los de cualquier mortal; en contrapartida, tampoco valen más a la hora de aquilatar el valor espiritual de los actos. Es más, visto con el cristal del Evangelio, el misterio se revela a los pequeños antes que a los grandes de este mundo. Pero en España hay que ser duque o presidente de los EEUU o secretaria de Estado, para ser creyente sin afrontar el frío y solapado terrorismo del ridículo. Cuántos complejos. Y cómo le duele a D. Javier que el frente del rechazo, aquí, a todo lo cristiano venga precisamente de esa progresía tan cortejada por la clerecía de izquierda.
De acuerdo con que los Desayunos de Oración en Washington “no son una reunión de comerciantes calvinistas para hacer negocios”, pero tampoco nos podrá decir D. Javier que las “3.500 personas de las élites institucionales políticas, sociales, económicas y culturales”, reunidas para rezar en el salón del hotel Hilton, eran lo más parecido a una asamblea de la Iglesia de los pobres (sólo faltaba que se hubiera dejado caer por allí la señorita Paris, la heredera de los Hilton, para pasar la bandeja de la colecta). Las cosas son del color del cristal con que se miran, nos advierte Campoamor y nos recuerda G. Cuesta; pero también el tamaño de las cosas depende de cómo se enfoque el catalejo. Algo hay escrito en la Biblia (aunque no esté en el Deuteronomio, el libro preferido de Jesús y de José Luis), sobre ricos y camellos y la angostura del ojo de una aguja; si a D. Javier le parece el salón del Hilton poco menos que la antesala del cielo, ¿no será que está observando distraídamente a los camellos con el catalejo de revés?
Para terminar, una pregunta a D. Javier pasablemente impertinente: -¿Hubiese sido su valoración de los rezos, del desayuno y de la intervención presidencial tan estupefactamente positiva si el invitado, en lugar del “ufano progresista” Zapatero, hubiese sido por ejemplo un tal Aznar?(que ese sí puede rezar y, por lo que de él dicen, lo debe de necesitar sobremanera) La cuestión plantea un futurible (acto libre que se produciría de darse una determinada circunstancia que de hecho no se da), pero la exploración de futuribles es un ejercicio práctico muy saludable para verificar qué cristal estamos manejando. En la óptica de D. Javier y de los elegantes “invitados españoles” al famoso desayuno, diríase que Zapatero salió de Madrid “agnóstico tirando a ateo” y volvió de la paraliturgia de Washington poco menos que ordenado de diácono. Más cerca de aquí, en cambio, en la madrileña plaza de Colón tiene lugar cada otoño una celebración nada elitista que, curiosamente, no parece suscitar el entusiasmo de los curas progresistas. Mysterium fascinans, como escribe D. Javier.
Ramón Alonso Nieda
Sismógrafo eclesial hipersensible
29 de Septiembre del 2009 - Ramón Alonso Nieda (Arriondas)
En la sección de cartas al director del Diario "La Nueva España" del día 30 de Septiembre de 2009 apareció una carta titulada "Sismógrafo eclesial hipersensibre". La transcribimos literalmente a continuación.
en la salud como en la enfermedad, en la riqueza como la pobreza... Hasta junio de 1964. Nos mueven a ello dos razones. En primer lugar nos parece una pieza literaria de gran finura y acertada crítica. En segundo lugar, y este es el motivo principal, abrirle paso en esta web "Covadonga52" a la pluma ágil, docta y directa, como siempre, de aquel niño rubio, despierto y estilizado que conocimos en Covadonga hace 57 años. Ese encuentro se prolongaría en una convivencia de doce años, tanto
Don Alberto Torga y Llamedo a cierto tipo de exabruptos ya nos tiene acostumbrados; en la prensa nos regala con frecuencia su muy expedito verbo servido por una pluma un tanto expeditiva. Pero los que tenemos la suerte de tratarlo y de apreciarlo en la vida real (y le llamamos simplemente Alberto o Torga), sabemos que, en su caso, el león no es tan fiero como así mismo se pinta. Lo que ocurre es que tiene el sismógrafo eclesial hipersensible y, al más mínimo movimiento de curia, se le disparan las alarmas.
Ahora mismo lo tiene en un ¡ay! la provisión inminente de la sede de Oviedo y los platos rotos de esos amores que matan los pagan unos cuantos monseñores y el cardenal de Madrid, al que llama «enredador» (LNE del 12/09/09). Personalmente, ese cardenal me inspira simpatía sólo con ver el odio africano que le profesan almas tan «naturaliter chistianae» como la Maruja Torres, la Rosa Regás, la Almudena Grandes o Carmen Gómez Ojea, y otras nobles abadesas de la misma congregación. Algo bueno tiene que tener ese hombre cuando lo ponen a caldo esas chicas tan descaradas y lenguaraces.
Don Alberto apuesta para Oviedo por el obispo de Bilbao, monseñor Blázquez. Me imagino al obispo Blázquez poniéndose a dieta con la llingua, después del atracón con el eusquera, que a este piadoso prelado lo van a hacer políglota a base de traslados. En cambio «sería para echarse a temblar si nos mandaran al obispo de Jaca-Huesca, Jesús Sanz Montes», nos advierte don Alberto. Debo de ser de los pocos lectores de LA NUEVA ESPAÑA que nunca había oído hablar de este Jesús Sanz y, mucho menos, de que fuera obispo de Jaca, por no saber, no sabía siquiera que Jaca tuviera Catedral (Jaca me suena como un sitio antiguo donde se hacía la mili). Y de repente me entero de todas estas cosas a la vez y, sobre todo, de que ese Sanz Montes, obispo de Jaca, es un señor que mete miedo. Los que compartan conmigo esta supina ignorancia estarán de acuerdo en que no parece muy cristiano echar así a los pies de los caballos a un desconocido, pero el mero hecho de que sea obispo (o de que, siéndolo de Jaca, pueda llegar a serlo de Oviedo).
–«Lo que necesitamos en Asturias es un pastor que tenga como primera preocupación restañar la unidad y la fraternidad del presbiterio diocesano, valorando a todos los sacerdotes, respetando y acogiendo su diversidad». Ni bordado. Pero, ¿por qué no se toma don Alberto un pequeño trago de esta medicina que tan piadosamente receta a los demás? ¿Es qué la «diversidad» de los obispos no merece también un poco de respeto y de acogida? Si la Iglesia fuera todavía una sociedad, no digamos ya de derecho canónico, pero con unos simples estatutos o, por lo menos, con un libro de estilo, más de un coscorrón le iba a caer a este presbítero; que no creo yo que en algún protocolo esté previsto que a los purpurados se les pueda tratar de «enredadores».
Desde luego que este don Alberto es lo que se decía antes «un carácter» y seguro que ya «da piccolo eri proprio discolo» (como decía de si mismo aquel cardenal tan romano en «Roma», de Fellini). Pero tal vez «non decet» seguir haciendo «l’enfant terrible», cuando además de ser cura se empieza a ser también presbítero en sentido etimológico.
Ramón Alonso Nieda
Angel Solís
Articulos y colaboraciones de Angel Solís Alvarez-
- Covadonga
- Por los siglos
- Otra Pedagogía
- ¿Te miras?
- Cultura y vida
- Sin lacitos
- Política Sagrada
- Queda un resto
- Amor adulto
- Covadonga- 52
Covadonga, sí. Para los que gustan de la historia, arquitectura, paisaje, motivaciones e intereses turísticos  y, sobre todo, los que por medio de María se acercan a Dios. Trabajos, estudios, investigación, reuniones, liturgia: todo formidable.
Pero también está el – 52; para otros antes o después. Ahí estamos nosotros, vinculados a Covadonga, a donde llegamos en busca de una meta; cumplida o no, “un año más reunidos..., convencidos… de que estamos predestinados a permanecer unidos al recuerdo de un pasado”. Y tenemos la maravillosa oportunidad, en esta nuestra página, de reconocernos y apoyarnos, expresando nuestras experiencias y actividades, nuestros criterios y anhelos, satisfacciones y penalidades, limitaciones y críticas, proyectos y desilusiones. Es nuestra vida y la valoramos dejando constancia.
Como coronación de saludos afectuosos y con asombro de lo que somos o cómo estamos, celebramos la Eucaristía, en primer lugar como “acción de gracias”, naturalmente por lo mucho bueno recibido y espiritualmente por SU llegada, permanencia y transformación en nosotros; en segundo lugar como “comunión” con El, con los compañeros, con todo humano y lo humanizado.
El compañerismo solo tiene un rostro: el del pan compartido. No hay comunión, compartir el pan, sin implicarse activamente al lado del hambriento de pan, compañía, comprensión o ayuda. El “tomad y comed todos de él” nos remite a quienes lo trabajan y a los que carecen de él. Eucaristía significa y reactualiza el derecho al alimento, al pan de la tierra, que permite el derecho al del cielo.
Los necesitados, los sufrientes, partículas de la Eucaristía que reaniman permanentemente la pasión de Cristo, nos interpelan en la comprensión, práctica y participación en ese sacramento del Pan de vida. Es una ligereza nuestra Misa si no es una anamnesis del drama de vida que sufren algunos compañeros.
¿Conocemos alguno que necesite de ayuda, mientras nosotros hacemos gala de autosuficiencia? Cada uno ha de estar en tarea de vigilante observación y comunicación a nuestro centro de “intendencia”. Sabiendo a quién y contando con la solidaridad, consecuente con los principios recibidos desde el -52, que nos compromete a dar hasta lo que necesitamos, es fácil y satisfactoria la comunión.
Angel Solís.  2010.
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POR   LOS   SIGLOS
Cuando Simón el Mago pretende conseguir de Pedro el don del Espíritu, considerado por él como gran poder de prestigio y dinero, se iniciaba en los peldaños del aparato eclesial una resbaladiza carrera de ambición, soberbia, avaricia y traiciones, muy habitual en toda estructura de autoridad.
Al lado de las sinceras conciencias, trepan los humanos miserables que venden su alma al diablo por un plato de lentejas. Unos con la autosuficiencia académica de salvadores de la fe, otros con la pereza y placer del bien vivir y los más agudos, fríos y estrategas dominando el resplandor de las cumbres.
La apreciación surge de los hechos; hace poco unos ancianos se sentían confiadamente liberados al vomitar el mal gusto de su contacto con alguno de estos ejemplares: “recuerdo la torta que me solmenó por no saber la pregunta del catecismo”, “y yo el frío que recorría mis huesos cuando le encontraba”, “pues yo oí a uno blasfemar, estaba borracho”, “qué vergüenza ajena sentía yo al tintineo de las perronas acompasado del gori gori”, “me parece que si no cobrasen las misas, no dirían tantas”, “ pienso que tenían que ganarse el pan ejerciendo una profesión”, “de su paso por acá solo quedó desorganización y …., solo era un trepa”, “yo creo que no creen ellos en nada”.
Mientras ponía ecuanimidad en las apreciaciones y valoraba el bien que, por serlo, es humilde y no se ve, recordé que por algún lugar conservaba una reveladora copia de un pasaje de la novela ”La piel del tambor” de Pérez-Reverte, que decía: “Se santiguó mecánicamente ante el Cristo rodeado de polvorientos exvotos; Quart, hombre de la curia vaticana, nunca había sentido, al contrario que la mayoría de sus iguales, la certidumbre del parentesco divino del hombre, Jesús de Nazaret, cuya imagen tenía delante clamando al ”¡Abba!, ¿por qué me has abandonado?”. Supo guardarlo en secreto durante el “adiestramiento” en el Seminario. Lo importante en estos años fue el descubrimiento de una disciplina, unas normas según las que ordenar su vida, manteniendo a raya la certeza de un vacío….; igual habría podido ingresar en el ejército, en una secta, en una orden medieval de monjes soldados; le bastaban su propio orgullo, su autodisciplina y un reglamento. A menudo sentía nostalgia de aquella otra fe, o tan solo de la fe a secas de quienes, pobres y humildes, nombraban a Dios y se abrían camino hacia el Cielo y la vida eterna. También, por supuesto, rechazaba la religión de antes, la de siempre, la del sacerdote de sotana y latín, intermediario imprescindible entre el hombre y los grandes misterios; la iglesia del consuelo y la fe, cuando las catedrales, las vidrieras góticas, los retablos barrocos, las imágenes y las pinturas que mostraban la gloria de Dios cumplían la misión desempeñada ahora por las pantallas de los televisores: tranquilizar al hombre ante el horror de su propia soledad, de la muerte y del vacío”.
Con tristeza y con esperanza solo cabe: Conserva, Señor, tu Espíritu en esta Iglesia de pobres, y, a los que tú eliges como pastores, santifícalos en la verdad.
Angel Solís A
OTRA  PEDAGOGÍA
Un frío, austero y semioscuro local al socaire de la iglesia; alrededor de una mesa dialogábamos amistosa y periódicamente Ceferino (electricista), Eduardo (metalúrgico), Ovidio (administrativo), Luis y Chema (mineros) y un servidor, sacerdote, novato e idealista que hacía esfuerzos por aterrizar en este mundo. Adultos y preocupados por algo más que su pan y su ocio, de lo que, en aquel entonces, no se andaba sobrados; superaban además el recelo de unos y la suspicacia de otros, aunque algo valía mi sombra.
El tema de conversación solía ser algo cercano, experimentado, sobre lo que había cierto control y posible compromiso, p.e.: mi compañero está accidentado o enfermo y el “montepío” no le alcanza; hay problemas en el transporte colectivo; o, me están exigiendo demasiadas horas extra. Solía estar documentado consultando pequeños libros monográficos de la editorial ZIX, o a través de nuestra suscripción a una puntual información jurídica socio-laboral y al periódico “Mundo Obrero”, además del siempre presente Nuevo Testamento. Cierto día me empeñé en tratar un tema más general: la Iglesia; eran reticentes porque ya no controlaban el contenido, se sentían divagando perdidos, no hacían pié en terreno seguro y no vislumbraban eficacia alguna; mejor hubiera sido ir por partes.
Comenzamos por VER cómo se presentaba la Iglesia, qué hace, cómo es aceptada o rechazada, fallos y beneficios, etc.; fue especial tarea contemplativa de ellos y ya veían una Iglesia más cercana; hubo materia abundante. El segundo paso fue JUZGAR esta realidad desde la mirada de Jesucristo; fue mi aportación descubrirles la sustancia evangélica de esta nuestra Iglesia. Por fín consideramos que en algo podríamos ACTUAR para testimoniar, corregir, fortalecer y sentir en nuestras conciencias, o sea, amar con esperanza. Dio el tema para varias reuniones y de las anotaciones sacamos lo siguiente en limpio:
VER:
Hablar de Iglesia y, de inmediato, la mirada se va a una lejana Jerarquía.
Los creyentes se ven como una masa silenciosa, obediente e individualista, con vistas solo al más allá.
El emblema original, el amor, se practica parcialmente, aunque existen gestos de oculto sacrificio heroico y santidad silenciosa.
Mucha palabra no comprendida, mucha Misa y poco testimonio, máxime de acercamiento a los pobres.
Pero reconocemos que es el único “lugar” donde encuentras acogida, servicio, ayuda, consuelo y orientación.
Se da un corteje con los poderes políticos y económicos; sin embargo se comienza a promocionar líderes y actividades a favor de los empobrecidos.
A pesar de persecuciones y fallos personales, la Iglesia mantuvo encendida la lámpara del sentido de Dios en la conciencia del pueblo.
No hace lo suficiente por la formación del pueblo y éste se queda en un ritualismo social; también está inmóvil ante las exigencias de un mundo en cambio, pero van conociéndose los planteamientos del Concilio Vaticano II.
En las celebraciones populares hay desviaciones, pero son signo de pertenencia a la Iglesia.
Hay poca atención personalizada; escasean grupos como el nuestro.
JUZGAR:
La Iglesia es pueblo, comunidad abierta para todos, en primer lugar para los pobres y sufrientes.
No es un grupo de poder ni económico, ni político, ni siquiera un humanismo benefactor.
Es pueblo de Dios con la presencia de Cristo y animado por su Espíritu, que comunica a todas las personas, de todos los tiempos, la Buena Noticia de liberación integral del hombre.
La Iglesia reconoce con humildad sus errores y pecados que oscurecen el rostro de Dios en sus hijos.
Cristo es su fundador y único mediador entre Dios y los hombres; El Obispo y el Sacerdote es “ordenado” a ser signo visible y eficaz del mismo Cristo Maestro, Pastor y Pontífice. La transformación del mundo que nos propone no llega a su plenitud aquí, sino en la unión trinitaria consumada y glorificada.
El hombre solo es reconocido en su realidad íntima y dignidad personal en Cristo, el Hijo de Dios vivo que comparte con el hombre las alegrías, trabajos, y sufrimientos de esta vida y la herencia de la vida eterna; él restaura desde dentro su dignidad, que pone en práctica con su libertad, trabajo y sabiduría.
Cristo, motor de la historia e inspirador de un cambio social, no queda solo en el ámbito de la conciencia individual; es capaz de transformar nuestra realidad personal y social y de encaminarla hacia la libertad y la fraternidad.
Aceptar a Cristo exige aceptar a su Iglesia: “Quien a vosotros oye, a Mí me oye”. Ella es objeto de nuestra fe, amor y lealtad.
La Iglesia no destruye, sino que consolida valores, los renueva y los perfecciona por la presencia activa del Resucitado; también critica y purifica los antivalores erigidos en ídolos.
ACTUAR:
* Siendo así que “sin Mí no podéis hacer nada”, esta acción del Espíritu de Jesús la expresamos en la oración y al escuchar la palabra de Dios; se testimonia en la vida, se comunica en la educación y se comparte en el diálogo.
* Pedimos a los sacerdotes una apertura litúrgica adaptada a la cultura y un vocabulario inteligible para los asistentes.
* Que salgan de su sacristía y despacho, aunque no demasiado al bar, y estén más cercanos al mucho dolor físico, social y afectivo que hay en muchos hogares.
* Pensamos que los religiosos-as han de tener más contacto y servicio en las parroquias, fomentando la lectura de la Biblia, desde la cual se da una palabra de admiración, de consuelo, de corrección, de luz, de seguridad.
* Han de ser más independientes de los poderes de este mundo y promover un ambiente sano de vinculación y solidaridad entre las familias.
* Acompañar los esfuerzos y esperanzas especialmente de los más pobres y descubrirles el valor cristiano de su vida  y trabajo; que la parroquia sea centro de coordinación y animación de grupos y movimientos.
* Dejarse de tantas prohibiciones y confiar más en la fuerza de la verdad, en la educación para la libertad y en el amor como regla fundamental, demostrando su dimensión misionera al atender a marginados, emigrantes, alejados de la fe, etc.
* Unidos en los esfuerzos habrá mejor aprovechamiento de los medios de comunicación y nuestra colaboración de laicos no clericalizados en cualquier ministerio que no exija el “orden”.
* Tenemos el compromiso de testimonio e implicación en los problemas  sociales y familiares: servicio, defensa, correo de propuestas y esperanzas.
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La “revisión de vida” y la “encuesta” son los recursos didácticos presentes en la “formación por la acción” que abrió campos de compromiso social y esperanza cristiana. Pedagogía añorada de la JOC (Juventud Obrera Católica) y de la HOAC (Hermanad Obrera de Acción Católica). ¿Acaso está trasnochada? ¿Hay puestos en marcha otros recursos  pastorales, alejados del pietismo y moralismo, para la atención y promoción de un laicado responsable, máxime entre la clase obrera? Más bien habrá que preguntar por qué seguimos con una versión un tanto ambigua de la Doctrina Social de la Iglesia, mientras a la gran masa no llega ni un rayo de LUZ.
Angel Solís A.
¿TE MIRAS ?
Y acaso no te reconozcas; era tu imagen, pero la han prostituido. Tu eres de otro mundo; dicen el tercero o cuarto, el mayor, el de los 4.000 millones de hambrientos, la subespecie de los sobrantes, los excluidos.
Tú, que serías inmensamente feliz con el cariño de tu familia y el pan de cada día, cómo vas a imaginar la inmensidad del desorden que te está matando. Mira, un ejemplo: el patrimonio de las 360 personas con activos superiores a 1.000 millones de dólares, superan al ingreso anual de la mitad de la población mundial. Ni tu, ni yo somos capaces de digerir tales cálculos; solo sabemos que este desorden que llaman neocapitalismo no tiene corazón y disfruta de impunidad para la violencia más duradera.
Callas, no entiendes nada; te seguiré explicando: había una utopía llamada igualdad; por caminar hacia ella, muchos cayeron en el esfuerzo; aún hay algunos idealistas que siguen testimoniando una opción por los pobres. Pero una fría niebla, la cultura light de moda, trata de tapar y olvidar este signo de los tiempos, que es el pueblo crucificado; es el pecado de la gran ramera que Juan llamaba asesinato y mentira, Pablo, opresión de la verdad y arrogancia ante Dios, y yo, servir al dinero, aborrecer a Dios y poner cargas intolerables.
¿Sabes?: yo siempre fui pobre con los pobres y víctima con las víctimas, pero molestaba saberlo; el objeto de estudio de los teólogos se esclarecería si estuviesen más cerca de ti y de mí. Mejor dejaban de teorizar sobre la justificación, algo así como fiscalizar la misericordia divina, e insistir más en otra relación teologal: tú y yo somos uno. “No vivo yo, es Cristo quien vive en mí y pago en mi cuerpo lo que falta a su pasión”; qué bien lo entendía mi amigo Pablo. El Padre ama al pobre, al sufriente, por el solo hecho de serlo. Se despejaría nuestro rostro, se haría visible a los que viven en tinieblas y se abriría camino la tarea de bajar de esta cruz, mejor, de tu cruz, que es la mía, a los crucificados de la historia.
Es muy triste: nos quieren ignorar; a unos os envían a la fosa y a otros nos encubren con oro o con barato carmín. Pero, nos haremos ver, somos sacramento, presencia divina, luz y utopía, esfuerzo y esperanza, interpelación y exigencia, acogida y perdón. Vamos juntos, “te lo aseguro, hoy estarás conmigo en el Paraíso”.
Angel Solís A.
POR UNA CULTURA DE LA VIDA
No es un empujón al pesimismo fatalista, sino una voz más en el desierto de la sinrazón y de la pirámide demográfica invertida. En este “primer mundo” de abundancia y crecimiento económico, aunque existan crisis recurrentes, es más generalizada la que se llama crisis de la cultura de la vida.
Siempre, por sentido natural, se ha defendido la vida como el bien supremo de tejas abajo; quedó plasmado en nuestra cultura por el principio antropológico de Hipócrates “Primun non nocere” (primero no dañar), y lo segundo “hacer de acuerdo con mi poder y discernimiento lo que será en beneficio de los enfermos y les apartaré del perjuicio y del terror”. Ética elemental, hoy pisada por el relativismo, según el cual no hay más certeza que la incertidumbre, como se escuchó entre los premiados “Príncipe de Asturias, 2010”.
Los resultados están a la vista y, despavoridos, los releemos: campañas difundiendo mentalidad antivida; anticoncepción y aborto; eutanasia; provocadores de muerte como alcohol, drogas, espectáculos degradantes; sexo desvinculado de su dimensión psicológica, social, ética y transcendente, sin más objetivo que el consumo egoísta, unido con frecuencia a prácticas antinaturales, pedofilia, prostitución, pansexualismo; falta de ayuda a los padres y hasta destrucción de la familia, nido de la vida. Esto y más en un marco de violencia provocada por el hambre, miseria, marginación, terrorismo, corrupción, guerras neocoloniales, inestabilidad política y económica. Una estructura global de indefensión de la vida.
Donde pervive la conciencia moral hay sentido de la vida, se descubren los sentimientos más nobles, se forman las actitudes y se vislumbra la transcendencia. Al deteriorarse, las razones de la fuerza sustituyen a la fuerza de la razón; al olvidarse del Creador se desprecia la criatura. Lo que priva y se promociona es el individualismo; cierta pseudociencia y técnica crean al superhombre que no debe rendir cuentas a nadie; los mas-media difunden la ideología del hombre superficial, light, consumista, con un pasatiempo fácil del presente. Los grupos de poder mundiales no encuentran freno en organizaciones fuertes que propugnen un compromiso social, prevaleciendo el interés de los poderosos. La Iglesia, bastión de la cultura de la vida, o ha perdido su influencia social o no pone toda la carne en el asador.
Toda vida es valor y la humana, toda, es digna, sagrada, don e imagen de Dios; con categoría suprema por su espíritu con facultades como la razón, el discernimiento del bien y del mal, la libre voluntad y la gracia. Lo religioso ilumina la verdad sobre la persona humana; la persona de Jesucristo expresa la dignidad humana, es camino de realización del hombre y la mujer que vencen al pecado y la muerte, por eso, cada instante de la vida humana tiene el sentido y el valor de la salvación.
Desde esta perspectiva somos críticos con la cultura de la muerte: no se puede llamar al crimen del aborto un derecho a la libertad, la sexualidad no es solo cuestión genital o mercancía desvinculada del amor, de la responsabilidad, de la realización de las personas en sociedad; el matrimonio no es un simple contrato comercial, sino un don que se comparte en pareja, varón-mujer, construir familia-comunidad de amor, con fidelidad y respeto mutuos, abierto a la acogida de hijos, donde se aprende a ser persona. Con el voto decimos NO a unos partidos que no tienen entre sus objetivos principales defender la vida.
Padres y educadores fomentan el sentido verdadero de la vida, con amor, respeto y fe. Los agentes pastorales, sociales, políticos, cristianos y personas de buena voluntad han de colaborar más a reafirmar la cultura de la vida.
Angel  Solís  A.
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SIN LACITOS
Ni rojos de la lucha esforzada, ni blancos de la inocencia…., ni negros del dolor y luto, ni verdes de la esperanza, ni amarillos de la indecisión y…riqueza.
La limitación personal busca el subterfugio y apoyo del grupo, de la multitud, del vocerío; el vacío interior se suple con el ropaje exterior y la dudosa identidad se llena con fariseísmo.
El íntegro laico cristiano va a la manifestación y a la huelga a cara descubierta, con la sola bandera de la justicia, de la libertad y dignidad humana; codo con codo de sus compañeros de buena voluntad, aunque estos lleven, porque lo necesitan o son empujados a ello, sus banderas, sus símbolos y sus slogans. Es iniciativa suya, porque tiene derecho a ello, porque su “misión” es el compromiso creativo y personal en la construcción de este mundo y porque tiene más sentido del ridículo por una asistencia clericalizada a la manifestación.
Si quiere, con uno u otro brazo en alto, pero siempre con la mano abierta de la acogida y solidaridad, del stop al desorden y de la orientación a la paz y el progreso. Mano blanca, si quieres, pero no la del puñito impoluto, sino la manchada para decir ¡basta! a la barbarie. Camisa roja, si quieres, pero no la impuesta por una ideología, sino manchada, según canta el minero:”traigo la camisa roja, tra, la, ra, de sangre de un compañero; mira, mira Maruxina, mira, mira cómo vengo yo”.
Mancharse, comprometerse, mojarse, participar, colaborar, defender, ayudar, com-padecer; esto es la identidad y el camino. Los símbolos pueden, según las circunstancias, interpretarse de forma muy contradictoria: no es lo mismo la imitadora cruz de madera de S. Francisco de Asís que el encubridor y refulgente pectoral; los símbolos más sagrados fueron interpretados como odiosos en los años de la guerra, anteriores y posteriores.
Una orientación de la Jerarquía Eclesiástica es vista como una opción de la Iglesia; una equivocación, como una sentencia condenatoria a la misma. Los que quisieran ver a la Iglesia como un partido, o aliada con otro, ¡cómo gozarían verla morir en esa lid política! Qué pena que por un lacito “se pierdan algunos”.
Angel Solís
POLÍTICA   SAGRADA
Aún se escucha: “Yo no entiendo, ni quiero saber nada de política”.
Que está equivocado, es obvio y lamentable; todo lo humano discurre por la correa de transmisión llamada política. Más explicaciones, en la Escuela de Primaria.
Otro paso es quién y cómo hacer política. La puerta de entrada a esos grandes edificios, centros de poder, se da por supuesto que es la capacidad para (no de”mentir con elegancia”) y la voluntad de (no de aprovecharse) sino  servir al bien común.
Tenemos un orden político, el menos desordenado, llamado democracia. Por él todos podemos y debemos participar en la solución de los problemas de la sociedad, que también son de cada uno, así como su libertad y orientación. Implicarse, o al menos conocer y decidir votando, es vocación de todos. Es cierto que todo puede mejorar y no estaría de más un plus de autogestión. El cristiano, con más razón que nadie, debe estar presente, aunque en la práctica “los hijos de las tinieblas suelen ser más espabilados que los hijos de la luz”. El está llamado a transformar las siempre vigentes estructuras de pecado  y ofrecer con su esfuerzo un holocausto de mundo humanizado, donde toda persona sea reconocida “imagen de Dios”.
En este mundo, en que todo está en relación con todo, ignorar la dimensión política es una irresponsabilidad. Incluso esta Iglesia de hombres tiene que ver con la política y también la teología en cuanto es un quehacer humano, histórico y social. Los sucesos de la “Historia Sagrada” que nos relataban de niños no son antiguas mitologías, ni tampoco estrictos hechos políticos o sociales, sino formas de contar acontecimientos salvíficos centrales en un contexto político. Recuerda el Éxodo: no se trata de una simple huída liberadora por el desierto sino de la expresión anticipada de la deliberada liberación definitiva, de la salvación en todos los aspectos; así lo proclamó Israel en la alabanza divina y en el culto. O el mensaje y acción de Jesús de Nazaret, que no se exhibe como guerrillero, sino que propone una revolución escatológica, un Reino de Dios y no al estilo de este mundo, la libertad última del hombre, libertad del pecado en este mundo y de la muerte en el otro.
Esta salvación integral del hombre incluye el plano histórico, social y político. La liberación de Israel también fue política: “los opresores y explotadores fueron derrotados”, “los extranjeros se aceptan como hermanos, porque también vosotros fuisteis emigrantes”, “de las armas se hicieron azadas” y “los racimos cubrieron las montañas”. Jesús, en su praxis y teoría, se movió en esta línea de choque contra toda clase de opresores, según aprendió de la oración de su Madre, María: “Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su corazón; derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes; a los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada” (Lc.1, 51-53).
Es ajusticiado como “rey de los judíos”, pero la comunidad cristiana lo asumió como perdón y promesa de Paraíso. Él mismo está seguro que resucitará en cuerpo y alma y que “vuelve al Padre”, “a la Ciudad de Dios”, a “la Nueva Jerusalén”, no identificable con comunidad política alguna, pero estando siempre esta en perspectiva de aquella, en búsqueda activa y creadora de un orden político en libertad y justicia. No politicemos la cruz, pero no olvidemos que también fue un acontecimiento político; ella es luz salvadora incluso sobre el espacio político, máxime a la hora de “pasar por la puerta estrecha” y la solidaridad.
Angel  Solís
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QUEDA UN RESTO
Es una promesa. Es una necesidad. Está probada. Primero El, luego nosotros, las personas y cuanto hemos humanizado.
De lo mucho que hemos experimentado y estudiado queda poca cosa, un poso, una «madre» con vocación de vida, de permanencia. Y otro tanto de lo mismo: los ciclos inconmesurables del universo discurrieron, las eras millonarias de la Tierra se fueron, las etapas de la humanidad pasaron,  pueblos y naciones emergieron y se acabaron. De todo este providencial camino, ¿queda algo? Parece necio negarlo; este es nuestro mundo, para nosotros hermoso, aunque para los más aún es muy penoso.
Ya  para los antiguos profetas el tema era acuciante y la Palabra de la Verdad da una pista: «de este pueblo, Israel, exiliado y con su Ciudad Santa destruida, quedará un resto». Son los pobres de Yahvé; y de entre estos:»Señor, y si solo queda uno que sea justo, ¿no los perdonarás a todos? Sí, por uno solo, habrá perdón para todos».
Nacieron prohombres y grandes mujeres, influyentes en el reír y llorar de generaciones; unos construyeron, otros destruyeron. Todos despojaron a la puerta del cementerio su «vida con sus sueños»; «sic transit gloria mundi».
Por dignidad de «ser», por el absurdo de la «nada», porque es obligado, humano y razonable «un principio para», también es esperanzadora una meta equiparable.
Un resto, una diferencia. Ya no hay todo lo que estaba destinado por constitución a disminuir; ya lo ha sustraído la condición humana y el signo de la muerte siempre le acompaña. Es diferente; aunque conserve algo de lo mismo, tiene cualidad de otro; es un resto ya supervalorado, ya limpio, ya justificado, ya permanente.
Y, ¿en qué consiste? Misterio de «vida eterna» solo asumible para los sencillos de corazón; aquellos «hombres de Dios que, guiados por su Palabra, están equipados para toda clase de obras buenas». - ¿Sabes que murió fulanito? Qué vamos hacer, ley de vida; era una buena persona»-. Eso es lo que queda, pero no en el recuerdo que pronto se desvanece; queda en sus manos: «Padre, en tus manos pongo mi espíritu».
Sí, nuestro cuerpo animal, nuestra alma por la que el cuerpo ejerce sus funciones vitales y nuestro espíritu que nos hace personas, porque no basta este cuerpo neuronal, como si por evolución y fruto del azar generara la vida espiritual. Hace falta apreciar en la persona un espíritu creado que haga coincidir en el alma la espiritualidad y la vida sensible. «Y Dios espiró en el rostro de Adán un aliento espiritual que le hizo ser parecido a El»; es lo más íntimo participativo de la Divinidad y, por eso, inmortal: «se siembra un cuerpo corruptible (porque se agota la fuerza que lo anima) y resucita un cuerpo espiritual», o sea, permanece este que, por regalo amoroso, participa del «espíritu vivificante», se deja guiar por el Espíritu, incluso espiritualizando las obras sobre la materia, muy especialmente «aquellos que anudaste a mi querer». Es la persona que, con su libertad bien orientada, supera al individuo condicionado por la materia y es capaz de relacionarse con Dios y entrar en comunión con otras personas. Es una realidad que los cálculos científicos no constatan.
«Si el primer Adán llegó a ser alma viviente, el último, Cristo, ha llegado a ser espíritu vivificante». Cuando «el Verbo se hizo carne», todo lo natural, todo hombre, fue asumido por ese espíritu vivificante, capaz de obras espirituales, aquellas que son recreadas por el amor, único generador de vida, obras configuradas como valor, positivas, que permanecen. Es «el único Justo» quien nos justifica y en su glorificación participamos como un resto elegido que peregrina a la «Nueva Jerusalén».
El documentado y agudo S. Agustín lo resumió así: «Lo que hayas amado quedará, solo cenizas el resto».
Día de «todos los santos difuntos», del 2.010.
Angel Solís A.
AMOR ADULTO: UN GRAN AMOR TRANSFERIDO
“Nunca es tarde, si la dicha es buena”
Generalmente llega tras la experiencia de un amor juvenil que, aunque embarazado de ilusiones, se queda en la casi estéril práctica del egoísmo más o menos disimulado y con él un vacío, una  continuada insatisfacción, la agonía de un fastidio; por supuesto, siempre hay excepciones y momentos de generosidad, hasta heroicos; pero como “donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia”, no es de extrañar que alguna vez surja la flor más olorosa en el estercolero más pestilente, aunque para el común de los mortales nos baste poner sentido común a una vida un tanto ligera y desordenada. Suele llegar este amor transformado tras amargas experiencias de dolor y soledad; si providencialmente hubo en aquel momento una tabla de salvación, acaso se personificará también en un amor nuevo encendido en desprendimiento y cercanía al que sufre. Será abonado por motivación religiosa o simplemente filantrópica, pero sí, seguro, de una gran dosis de humanidad.
Ciertamente el momento es peligroso, cuando no trágico; muchos se hunden en su desesperanza; sus compañeros de viaje van a lo suyo; quien se rió contigo es acaso tu acusador. Entonces la violencia te supera, la oscuridad te anonada, solo te acompañan fetiches y recuerdos de lo que pudo ser y no fue; un supuesto vampiro ronda de continuo tus sueños y aterroriza tu amor con paranoias mortales; te sentirás dominado para que el otro se realice, solo a cambio acaso de pequeñas satisfacciones; un dolor punzante en el corazón, en el estómago, en...., un respirar con hondos suspiros, un deambular sin oriente alguno. Cuanto se había construido con esfuerzo propio y de muchos que bien te querían, se derribaba con la ligereza de un castillo de naipes, y se considera “la muerte como la única posibilidad de liberarse, la única esperanza con la que se vive después de alcanzar el conocimiento del bien y del mal”. Y, ¿los más cercanos?: con sus desazones que abruman, sus precauciones por el dinero, sus neurosis por tu futuro inseguro que socava los cimientos del suyo. Puede haber obsesión por una inmadurez comprobada y por una incapacidad conocida, peor, íntimamente no reconocida y la vida se vuelve una farsa para obtener el amor y proteger el honor. Ya nada es, y se encierra  en su caparazón; su pensamiento está obcecadamente enquistado porque lo que se piensa puede ser cierto si se desea mientras no se diga y el único camino posible es el suicidio lento e inexorable. Cuerpo y alma en una realidad obsesionante, en una lucha encarnizada, y se desconoce el camino de la libertad, o mejor, no hay voluntad para conseguirla; vislumbras que si das, recibes, pero no te decides hasta que te llega la hora de dar o de morir, y de morir con odio a todos, despreciando por abyecta su compañía. Buscaste la creatividad en el pensamiento del otro, como suma de dos energías que potenciarían la acción, pero la energía se dilapidó en direcciones no utilizables para la creación, y al final serás obediente a la locura que más le satisfaga. Caerás en las mayores humillaciones, dolores y soledades; los servicios públicos suplirán tus necesidades aunque sea con la más gélida atención; y, si no, la caridad religiosa aliviará la extrema pobreza corporal o psíquica, mientras el corazón se  adentra en el vacío y en la nada. Se pierde la fe en las pruebas del amor y el horror de una impotencia estampa el sello de una infinita incomunicación.
Todo te está prohibido ya, también la vida y cada reproche es una puñalada, aunque, oh gracia, una chispa de esperanza sigue porfiando que la vida está muy cerca. Y recapacitando comprendiste qué fútil era aquella imagen de contemplarse siempre a través de los ojos ajenos; cuán necesaria era una limpieza y acercarse cariñoso a aquellos de quienes estuviste frío y lejano y .... pedir perdón; no demasiado deprisa para no cerrar la herida en falso. Qué equivocado: nunca supusiste que eras tan importante para ellos; que eras su guía y seguridad; en el fondo te sentías tan pobre que buscabas llenarte sin darte cuenta que era el hambre de los otros lo que te hartaría. Culpable, sí, pero una última serenidad te puede inundar; no, no quieras justificarte viendo la bondad o maldad de los demás; tampoco por la ausencia de Dios, que parece no dirigir el mundo como tu incapacidad quisiera ver. Sí, acéptalo: has pecado, de acción y omisión y has sancionado una vida inútil que no significó nada para nadie. Solo ese quemor insufrible purifica, pacifica, libera; cuando el dolor te rebosa te sentirás congraciado contigo mismo, desendeudado y aceptado tu duelo. Alguien que te sobrepasa te ofrecerá su absolución y te impondrá su penitencia. Ya te sientes dispuesto a encararte con lo que el futuro te depare y lo que hasta ahora había sido tu vida, lo percibes como una auténtica muerte, aunque te dolía admitir que la muerte es parte de la vida y que nada, por muy trágico que fuera, te autorizaba a compadecerte ni a llorar sobre ti mismo. Al principio no se comprende, no se quiere comprender. Pero llega el momento de ver claro que no sirves de florero para nadie, que el tiempo se va y te despoja de los regalos juveniles y aunque sea solo por egoísmo o autoestima aspiras a aprovechar lo mejor posible la vida que te queda. Y llegó el momento de provocar en tu jardín un aparente desorden, aunque lo que pusiste fue el verdadero orden, porque lo contrario de un río no son las riadas ni los estiajes sino las presas y pantanos que el hombre construye en su provecho y lo detienen, lo trasvasan, lo mutilan.
Como en retornada primavera todas las flores de tu jardín se abren, a la vez que la puerta del mismo, para admiración de propios y extraños. Ábrete, perfuma, sal; aún te queda un cuenquito de sabiduría, un recio cáliz bordeado de apreciable corola con el que iniciar otra vida, otra primavera después de tanto falso verano, de tan desalentador invierno. Una vida que has de hacer más rica, más generosa, más imprevisible, más esperanzada; una vida resucitada con lo mejor que con ella había muerto. Intentarás aprender algo nuevo cada día, también a prender o desprenderte de algo que parecía te importaba mucho, y verás que no pasa nada, que sobran aspavientos, porque lo malo, ahora lo sabes, no es tanto el perder como el temor a perder. Repito: sal, atrévete, ve más allá de tu jardín; entra en la aventura; sal de tus pensamientos, tus tristezas, tus culpabilidades y verás que las bendiciones llegan a raudales. Respira hondo, observa cuanto no veías hacía tiempo: el júbilo y la aflicción de los humanos; agradecerás sentirte tu mismo mientras evocas a cuantos se esclavizan, trepan, corren tras fantasmas, carcajean para insonorizar su tristeza, y hasta a los amantes que, sumidos uno en el otro, no advierten la abrumadora presencia del mundo. Eres adulto y entre la juventud que solo ansía y la vejez que envidia casi todo, te verás con la posibilidad de tender tus manos a un lado y al otro. Verás las cosas con otra perspectiva insólita, como si estuvieras lejos de ellas, con un desprendimiento que te empuja a transmitirlo a manos llenas. Tu físico ya no importa tanto; tus intereses son interiores, de honda misericordia, y tu actividad acoge a cuantos están desprovistos de todo, hasta de cierto orden en sus vidas; comienza a amar con ternura, pero sin añoranzas de amores, ni temor de pérdida alguna. No se huye, solo se busca un absoluto: una vida entera, inmortal, sin complicaciones accesorias, obediente a cualquier circunstancia significativa. Te sentirás siempre acompañado, más libre cuanto más ofreces tu libertad y sin más apremio que la eficacia.
La ocasión, el camino, te vienen dados; eran cercanos a tu vida, pero ahora los admiras como enviados y los adivinas como solución; solo tienes que seguir sus pasos y ofrecer lo que tienes. ¿Claudicarás? Habrá momentos de duda y desánimo; nunca faltará un ángel consolador, acompañante, que con su pobreza enriquece tu anonadamiento; brotará fuerza cada mañana, aún sin saber de dónde; te parecerá oír: Yo estoy siempre contigo. Tu edad, tu pequeña o gran  capacidad de hacer tiene sentido; tu vida: ese es el sentido y el valor en sí misma. Y si caemos, fracasamos, desertamos y hasta maldecimos por nuestra desgracia, sería bueno recordar aquel dicho: si Dios no nos hubiese querido trasquilados, no nos hubiera hecho corderos. No esperes contabilizar los resultados de tus trabajos; Otro los valorará y en todo caso uno es el que siembra, otro riega y otro recogerá el fruto. Además los compañeros de viaje, los amigos, los íntimos ya no serán coartada de intereses bastardos, ni cortapisas de generosidad, sino fuerza, empuje, compenetración, amor que no busca el conocimiento en ninguno de los sentidos, sino que se satisface con la posesión de las miradas mudas, los claros y puros gestos de la convivencia, el sentimiento del consentimiento, el descanso para cada día, para cada batalla y ver en cada encuentro, cada saludo, cada persona, en cada lugar no un simple establo, una mula y un buey, un viejo y una mujer vulgar con un recién nacido sino, como los Reyes Magos, a Dios.
Tu vida disfrutará de una extraña alegría, antes no sospechada; no será una alegría racional, ni medida, ni placentera de las que suelen ir seguidas de resaca; no será una alegría burguesa, apoyada en un pedestal de bienes materiales; ni siquiera la alegría fundada en vagos sueños; es la alegría del sembrador de un mundo nuevo, que no se ve empañada por las grandes tristezas de los otros, aunque más que nunca las sufras en ti mismo. Todo lo humano, el dolor y el amor, florece como una nueva primavera en tu vida, donde no caben los secretos, las dudas ni los celos porque todo ha de ser limpio y transformado. ¡Änimo, sal de tu jardín!.
Rollo sugerido y, en parte, tomado de la novela “Más allá del jardín” de Antonio Gala.
Angel Solís
MISA CENTENARIO EN COVADONGA.
Después de escuchar el vídeo en diferido que emitió la RTPA el día 25 de diciembre hacia las 13 horas con la llamada Misa-Centenario de Covadonga, me quedé tranquilo el comprobar que se trataba de una retransmisión en forma de concierto y no de celebración litúrgica, o sea, no de misa cantada con oficiantes. De haber sido así, el acto se parecería más a un despropósito litúrgico que a otra cosa. Lo digo porque los cantos llamados 'del común' (Kyries, Gloria, Sanctus, Benedictus y Agnus) estaban en latín y los textos ¡del propio’ (Entrada, Ofertorio, Comunión y Despedida), fueron en castellano y versificados por José Antonio Olivar, el periodista y poeta llastrín que tiene muy buena mano para estos menesteres. La música se escribió para que no cantase nada la asamblea, el pueblo fiel, sólo “especialistas” musicales. O sea, una “Misa Concierto”, algo que el Directorio Litúrgico-Pastoral del Concilio Vaticano II intentó e intenta siempre evitar. El elenco musical restante era diverso. La solista Tina Gutiérrez, el coro de Escolanos del Santuario (cuya vocalización no facilitaba el entendimiento del texto cantado), una mini orquesta de cuerda dirigida por el ruso muy afincado en Asturias, Yuri Nashuskin y al órgano portátil, el compositor de la partitura general, Guillermo Martínez. A medida que avanzaban los números y se iban pasando páginas, mi interés musical decaía de forma inevitable. La principal razón estaba en directa relación con el tipo de música que iba surgiendo y que mostraba un parecido mayor a un musical Disney formado de líneas melódicas convencionales sin una clara identidad autóctona. Sí se echó mano del tópico melódico ("La Virgen de Covadonga") en la intervención de una violinista en un sólo llamado ‘de Consagración’ y cuyas glosas sonoras dejaban bastante que desear en cuanto a inventiva creativa. Hubo una nueva alusión al tópico musical al llegar al texto final de despedida de la misa. Se trató de los primeros acordes del Himno oficial de Busca y Sagastizábal, que se fueron diluyendo para coger nuevos derroteros musicales e intentar concluir con un cierto "arreón" de la orquesta de cuerda que presagiaba el cierre final. En fin, yo esperaba mucho más, pues esta efeméride única planificada para el próximo año, bien merecía otro tipo de tratamiento en este terreno tan cercano al corazón como es el de la música. Me sorprendió bastante un escrito en prensa del Sr Arzobispo titulado ‘Tarde de concierto en Covadonga’. En él habla de “una puesta de largo memorable, llena de belleza, de unción, de hondura…” (¿?) Ahora yo me hago estas ingenuas preguntas: La iniciativa de esta idea musical ¿se origina en el propio Santuario o fuera del mismo? ¿Es esta muestra sonora ya la definitiva? ¿Se supone que el próximo año sonara urbi et orbi en los días de la solemne celebración? ¿Se trata con esto más bien de un ensayo, de una prueba aunque ya esté grabado el disco, editado y disponible a la venta? Los asesores musicales y litúrgicos del arzobispado ovetense ¿han dado su placet al invento o están a la espera de decisiones? No vendría mal alguna respuesta al respecto.
Fernando Menéndez Viejo