! 7.4
De Unquera a Covadonga en dos ETAPAS

El GR 105 es un sendero de Gran Recorrido que une Oviedo y Covadonga al que se le denomina ‘Ruta de las Peregrinaciones’.
El GR 105.2 es una variante del anterior que va de Llanes a Covadonga.
El itinerario, aquí descrito, se amplía para así completar el ‘Camín de Oriente’ partiendo del límite de la provincia y siguiendo ‘La Senda Costera’.
Queremos emprender el recorrido desde Bustio – Parque de La Remansona (Ría de Tinamayor) - hasta Covadonga. Nos propusimos hacer este recorrido en sólo dos etapas y así se presenta aquí en reseña escrita y gráfica.
Ver GR 105.2
http:// www. terra.es/ personal3/andacaminos
http://personal.redestb.es/maki/rper2.htm
Primera etapa: Unquera-Llanes
Iniciamos en Bustio la llamada ‘Senda Costera’, que nos dirigirá hasta Llanes por travesía bien señalizada y coincidente, en parte, con el ‘Camino de Santiago por la Costa’ y con el ‘Itinerario Europeo E9’.
Nuestro recorrido va a hacer algún desvío intencionado buscando lugares de interés que hemos de visitar más despacio en otra ocasión (como así hicimos).
El recorrido se inicia en el Parque de La Remansona, tomando el sendero de la izquierda para alcanzar enseguida el primer hito, bien hincado, que marca el kilómetro 1.
Este primer tramo de subida fuerte nos despereza totalmente y sirve para engrasar nuestras bielas y desentumecer los músculos aletargados por la sentada en coche desde Oviedo.
Una vez que se corona esta primera subida se puede elegir alcanzar en unos minutos el pueblo de Pimiango, siguiendo hacia la izquierda la pista asfaltada, o bien, dar el primer rodeo ‘very interesting’ eligiendo seguir la pista a la derecha, hacia los parajes, sin par, de Tina.
La primera vez que, casualmente, llegué hasta el Monasterio de Tina quedé alucinado ante aquellas ruinas “¿todo esto… tan cerca y sin descubrir?” me reproché. Escribo ‘casualmente’ porque seguí una senda  marcada que no sabía a dónde se dirigía, mientras esperaba el turno para visitar La Cueva del Pindal. ¡Tres joyas, no identificables, juntas: Cueva del Pindal, Monasterio de Tina y Ermita de San Emeterio! Esta visita ocasional data de febrero de 2005 y aquí se ofrecen algunas imágenes de la situación ‘ruinosa’ de esta belleza.
Cuando nos acercamos, haciendo la ruta Bustio-Llanes, aquellas ruinas ya tenían otra cara.
Es éste un paraje que hay que disfrutar, junto con la Ensenada de Moral, cuando se visite El Pindal (¡al menos, dos veces en la vida!).
Junto a la fuente de San Emeterio hacemos un alto en el camino para comer unas almendras y algo más.
Emprendemos la subida hacia Pimiango, deteniéndonos en el  Mirador ‘Pico de Pimiango’ a contemplar ‘la rasa’ del mar y la rasa costera: ambas nos hablan de infinito; al fondo… Sierra del Cuera y Picos de Europa… ¡casi ná!
En Pimiango, quizá el pueblo más vistoso del recorrido, encontramos a quien nos facilitó la entrada en la iglesia parroquial donde se encuentra la imagen de la ‘Virgen de Tina’ y unos retablos e imágenes que ennoblecen este lugar.
Nos encaminamos hacia La Peral donde cruzamos la N-634 (¡la autovía es virtual: está aún en los papeles!) y seguimos la senda bien señalizada hacia La Franca, coincidente aquí con el ‘Camino de Santiago’, hasta el cruce del río Cabra, donde curiosamente la ‘senda costera’ y la E9 nos jugaron una mala pasada: nos ‘obligaron’ a hacer una larga y costosa subida hasta la Sierra Plana de La Borbolla, recorriendo la crestería para descender en picado hasta Buelna -- ¿? –
Se recomienda, en el cruce del río Cabra, seguir la señalización del ‘Camino de Santiago’, que bordea por la ladera hasta salir a la carretera N-634 que hemos de recorrer en un tramo no muy largo hasta el pueblo de Buelna.
Desde este cuidado lugar el recorrido se hace todo él por la rasa costera, disfrutando del mar azul y de la tierra verde, de horizonte y de quietud.
Llegamos a Pendueles donde una fuente en el camino nos invita a detenernos en una para da discrecional. Cruzando el pueblo se encuentra la iglesia de San Acisclo, de portada gótica, y algunas estampas típicas.
La senda nos conduce hacia Vidiago. Sin entrar en este lugar el camino nos lleva a maravillarnos de otra grata sorpresa: los bufones de Arenillas. Si tenemos la suerte de que haya marejada y sol, el espectáculo está servido: los ‘surtidores’ son ‘imagen y sonido’, que impresionan y dejan un recuerdo ‘imperecedero’.
El núcleo habitado que encontraremos después de un largo recorrido por bosque bajo y atravesando el río Purón es Andrín.
Si así lo pide el cuerpo, es un buen lugar para acercarse al bar y beber una cerveza fresca antes de emprender la subida hacia el mirador sobre las playas de Andrín y La Ballota y con la vista de la meta  - Llanes – en la ya larga travesía realizada.
Hacer el recorrido que nos acerque a Llanes siguiendo la ruta señalada, por la ladera de la izquierda para bajar por la capilla del Cristo es ‘perder el tiempo’, pudiendo seguir la carretera hacia el pueblo de Cue, avanzando entre un vergel de margaritas ‘gigantes’ a la vera de la carretera, y entrar en la Villa por Toró.
Hemos de atravesar la bonita villa de Llanes (de lo que nadie puede arrepentirse) para llegar a la estación de FEVE con el fin de retornar en tren a Unquera, en donde dejamos nuestro vehículo que nos llevará a Oviedo.
Resultó una caminata larga, pero cómoda y esplendorosa, que merece repetirse (como así lo hicimos al año siguiente).
Es final de etapa, pero no final de camino, que D.M. será la Santa Cueva de Covadonga en la segunda etapa.
Segunda etapa: Llanes-Covadonga
Debemos rendir homenaje de agradecimiento, una vez más, al Grupo Rivayagüe porque la señalización de la ruta y su descripción pormenorizada nos sirvió en todo momento para nuestro recorrido.
Este Grupo Montañero de Oviedo fue un impulsor ejemplar en promover senderismo hacia Covadonga (algunas de las líneas entrecomilladas están copiadas de su descripción del ‘Camín de Oriente’).
Este relato de viaje pretende ser descriptivo de la ruta a seguir y recoger, al mismo tiempo, algunos de los datos y observaciones del recorrido y también de los recuerdos que permanecen después de haberlo hecho hace ya varios años.
Fue en septiembre cuando nos pusimos a recorrer este ‘Camín de Oriente’ en esta segunda etapa. Madrugamos y llegamos a Llanes cuando esta villa marinera  estaba despertando. Dejamos el coche debidamente aparcado y a las 8 de la mañana, calzadas las botas y demás pertrechos, comenzamos el camino que debía llevarnos a Covadonga, hasta los pies de La Santina.
Pretendemos hacer este recorrido de 44 kilómetros en un único día. Contamos con la estimada colaboración de un buen amigo que iría a esperarnos a Covadonga y, en cómodo viaje, acercarnos al punto de partida, Llanes, y poder así regresar en nuestro propio coche a Nava y Oviedo, lugares  de residencia de los cuatro caminantes de esta jornada.
Salimos de Llanes por la carretera que une Póo con esta hermosa villa turística.
Una vez en Póo, pasando por delante de la iglesia parroquial dedicada a San Vicente (año 1869) y en un sonoro silencio, avanzamos por conocidos rincones de esta población costera para adentrarnos, una vez cruzados autopista y ‘o camín de ferro’, en la senda interior, que, dejando a un lado el pueblo de Porrúa, siempre a la sombra de la Sierra del Cuera, de camino ancho se pasa a sendero desdibujado, débilmente señalizado; por el arroyo de La Bola,  el camino, con fina arena blanca, discurre entre viejos robles hacia  las aldeas de Piedra y de Lledías de Posada. “Con frecuecia la tupida vegetación dificulta el seguimiento del camino; ya se sabe que la exuberante naturaleza asturiana no se doblega ante los caminos, por lo que su mantenimiento ha de ser siempre constante. ¡Más le vale aquí al senderista cambiar el piolet por una hoz!”.  Sabíamos que en la aldea de Lledías había panadería; para aproximarnos hasta allí nos orientó el buen olor de la hornada recién hecha; una señora nos aprovisionó de pan para el camino de la jornada; llevábamos ya en la mochila el buen acompañamiento para el pan: jamón, chorizo y queso sin olvidarnos de la fruta, chocolate, higos pasos y almendras.
Se atraviesa el pueblo y, dejando a la derecha la carretera que lo une con Posada, se orienta el sendero dejando siempre a la izquierda la Sierra de Peña Llabres . Este tramo del camino estaba  tan embarrado que nos obligó a saltar a las fincas hasta que se comienza a bordear el pico Llabres. Una vez recorrida esta ladera pedregosa, dificultosa y en camino angosto, nos encontramos con un hermoso valle de árboles centenarios, robles y castaños, y con un pequeño grupo de vacas  que pastan todavía en el placer de la aún fresca mañana.
Una fuerte pendiente nos acerca a la aldea de Rioseco, con fuente de agua abundante y ‘potabilísima’; desde aquí se nos abren nuevos horizontes: enfrente se levanta El Cordal del Benzúa que nos acompañará a lo largo del recorrido por el valle de Ardisana; una vez cruzada la aldea, un camino ancho, bien empalizado, nos aproxima al pueblo de Vibaño.
Son las  10.30  y después de casi tres horas de camino es preciso detenernos para beber de buena fuente y saborear parte de las viandas que llevamos en la mochila. La zona ajardinada junto a la bien cuidada iglesia de San Pedro es buen lugar para un corto descanso y un oportuno refrigerio.
El camino de salida nos lleva a la carretera Benia-Posada, o ‘Carretera de las Cabras’, hacia La Herrería. Los pueblos de La Ferrería, Los Callejos (Los Caleyos), Riocaliente (Ricaliente) y Mestas son lugares obligados de paso.
En todos ellos se encuentran motivos para detenerse a contemplar y sacar una fotografía de referencia: puente de La Ferrería (de estilo románico recientemente reconstruido sobre el río Bedón), la Casona-Palacio del Cardenal Inguanzo, los sembrados de Los Caleyos, los hórreos de Riocaliente…
El Los Callejos se puede seguir el sendero señalado o descender a la carretera y seguir por ella hacia Mestas (nosotros nos decidimos, ante el consejo de un vecino del lugar, por esta segunda opción).
No ha de pasar desapercibida la majestuosa, aunque lejana, mole del Naranjo de Bulnesque presenta una muy grata contemplación desde este paso por Los Callejos y que hace revivir otras historias de rutas más duras.
Mestas de Ardisana, después de otras dos horas de recorrido por carretera desde la última parada, es un bonito lugar para detenerse y tomar una cerveza en el Hostal Benzúa antes de emprender la ruta de subida al puerto de Piedrafita. Aquí, en Mestas, donde se juntan las aguas del Riensena y del Piedra Hita, es un agradable lugar, intermedio de la ruta del ‘Camín del Oriente’, para terminar la jornada si se decide dividir esta larga etapa en dos etapas más llevaderas.
Pasado el Hostal, nos dirigimos por la carretera de la izquierda hacia los últimos pueblos de la comarca de Ardisana; Llumedián y Telledo, siguiendo el curso del río de Piedra Hita; Teyéu es un pequeño y cuidado pueblo de escasos habitantes, por lo que se puede apreciar, pero de cuidadas y vistosas viviendas. El sendero avanza ascendiendo suavemente por el valle y, como en todo valle de Asturias, discurre un riachuelo, el Piedra Hita, que es necesario cruzar en varias ocasiones. Conviene estar atentos a la señal de la ruta en el lugar que comienza la ascensión a la collada por el Camín Real de Piedrahita, que se conserva, en un tramo largo, empedrada tal como fue construida en la lejanía de los tiempos: los que la trabajaron lo hicieron para ser eterna. Iniciar esta calzada es quizá el punto más conflictivo del recorrido (por inexperiencia, una primera vez, yendo en solitario, seguí el valle hasta su nacimiento llegando a Riensena y a la invernal de Tronceda (de Busto Vela); esta segunda vez, en grupo, tuvimos nuestras dudas y vacilaciones, pero ocho ojos y cuatro cabezas ¡son más perspicaces!). Conviene seguir por el valle hasta que, en una revuelta, el sendero se orienta hacia el sur, a la izquierda del sentido de la marcha en un frondoso bosque de pinos; existe la propia señalización del GR bien visible (en la ladera de la derecha parte un sendero en zigzag que se orienta hacia Riensena).
“Gaspar Melchor de Jovellanos hace referencia en su diario, el 23 de septiembre de 1790, de su paso por este camino y puerto en viaje de Llanes a Covadonga, y vuelve a pasarlo en sentido inverso hacia Llanes, el día 8 de agosto de i791, en lo que el ilustre denomina ‘el gran viaje’”.
Según Sánchez-Albornoz, esta calzada fue abierta ya en tiempos de los romanos y formaba parte de aquella importante arteria de comunicaciones que partía de Lucus Asturum hacia territorio cántabro.
La subida que queda hasta el puerto  – calzada romana del Camín Real de Piedrafita - guarda historia de su viejo uso: fue transitada por arrieros y feriantes de las comarcas de Ardisana, que dejamos atrás, y de Corao a donde nos dirigimos; era paso obligado para los viajeros que realizaban la ruta de Llanes a Cangas de Onís y Oviedo. Esta subida no es demasiado costosa y pronto se hace del todo cómoda; como toda subida,  va abriendo horizontes a los ojos de la cara y a los ojos del alma: desde la collada de La Vega del Puerto nos parece tocar el Macizo de Picos de Europa. Este paso queda en la hilera de cumbres que va desde El Hibeo a la La Gelguerosa y Busto Vela y hace de límite entre  los concejos de Llanes y Cangas de Onís.
Detenerse a contemplar los Macizos Central y Occidental de Picos desde la collada es algo sublime y gratificante; se divisa también La Cruz de Priena, que hemos de coronar  en la ruta a Covadonga.
Viene ahora una larga bajada hasta Corao. El camino desde esta collada nos lleva primero al pueblo de Cuerres, y por Llenín y Tárano se acerca uno, paso a paso, a Corao; desde la aldea de Táranu se avistan los pueblos del valle del río Chico, por el que discurre la carretera que va desde Labra a La Collada de Igena  y a Nueva de Llanes. Toda esta parte del recorrido se hace por un trayecto que no es deseado por ningún senderista: carretera y asfalto, pero ¡como la vida misma!, hay que recorrerlo si queremos llegar a la meta deseada. Llegados a Corao, pasamos al lado de la casona  de Frassinelli, donde vivió el ilustre ‘alemán de Corao’. Cruzamos el pueblo, bordeando la iglesia parroquial de excelente planta. Son las 4 de la tarde y es ya hora de detenerse a reponer fuerzas con el descanso y unos sabrosos bocadillos, acompañándolos de un buen vino en una de las cantinas de Corao, desierta a esas horas, para que nos avive en lo que resta de travesía.
Calzamos de nuevo las botas y, cruzando ‘el castañeo de Corao’ y el río Güeña, nos encaminamos hacia Abamia, donde es obligado detenerse para contemplar y comentar la desafortunada restauración reciente de la iglesia parroquial de Sta. Eulalia, importante arquitectura románica, donde se encuentran enterrados los restos del incansable y emprendedor Roberto Frassinelli, rescatados de la desidia en que se encontraban en el cementerio adosado y trasladados al interior de la iglesia por alguien que sintió indignidad ante la situación y creyó que ‘enterrar dignamente a los muertos’ es una obra de misericordia y de reconocimiento; contemplamos en el entorno unos buenos ejemplares de texos que nos hablan de nuestros sabios abuelos (en esta iglesia, según la tradición, estuvieron enterrados Pelayo y su esposa Gaudosia antes de ser trasladados sus restos a Covadonga).
“Leemos a Ambrosio de Morales. ‘el día que yo estuve era domingo, y parecía que estaba allí el Real del Rey D. Pelayo, pues había alrededor de la iglesia más de doscientas lanzas hincadas, de los que venían a misa por aquellas brañas y pueden encontrar un oso, de que hay hartos, y quieren tener con qué defenderse’ “.
“Esta iglesia quedó abandonada durante muchos años y lo que queda de la nave original es poco. Fue declarada Monumento de interés histórico-artístico en 1962, y, en los últimos años, restaurada en su mayoría por inquietud del párroco D. Fermín Alonso Álvarez y vecinos de Corao”.
El sendero de subida hacia La Cruz de Priena  sigue la senda Frassinelli hacia Picos de Europa hasta un determinado recodo del camino, señalizado con ‘hitos’, que gira hacia la derecha y, por camperas y entre matorrales, nos conduce al Pico Priena o Cruz de Priena, que, con sus 722 metros de altitud, es el punto de mayor altura de este recorrido.
Una vez en la cumbre y antes de sentarnos a descansar alargamos nuestra mirada hacia el entorno privilegiado de Covadonga y reconocemos bien el lugar de La Santa Cueva. El senderista/visitante/turista no desea controlar el tiempo, si es posible, para admirar la belleza y  armonía que se pueden disfrutar en este lugar.
Cuenta Martín Andreu en su libro ‘Para leer en Covadonga’ una ilustrativa anécdota:
“Cierto turista inglés indefectiblemente visitaba Covadonga en una época determinada cada año. Su estancia era brevísima pues no llegaba la duración de un día, pero, a su manera, podía juzgar que era suficiente y muy aprovechada. Llegaba en el tren y, a buen paso, emprendía la subida, monte arriba,  hacia el Pico Priena.
Ya en la cima, bien arropado, tomaba asiento frente al paisaje extraordinario que ante sus ojos se extendía. Mudo y estático tendía la vista, con atención reconcentrada.
Pasado un buen rato, regresaba para tomar el tren en el Repelao y no volvía a aparecer hasta el año siguiente con objeto de repetir la caminata sin variante alguna”
“Desde el Pico Priena se ve la pequeñez de las obras humanas: la magnífica Basílica, el soberbio Hotel Pelayo, las Casas de los Canónigos (habiendo perdido el pintoresco aspecto que antes tenían), la Hospedería, la iglesia de S. Fernando … todo se convierte en casitas de juguete”.
La Cruz primera, instalada en 1907 fue erigida ‘por memoria  de la completa victoria de los cristianos y su caudillo D. Pelayo contra los árabes’ según Las Actas Capitulares del Cabildo de Covadonga de octubre de 1906.
Llevábamos un retraso de dos horas por lo que nos detenemos aquí el tiempo imprescindible para extender la mirada hacia el camino recorrido por el alto de Piedrahita, hacia el Sueve y el mar, hacia los pueblos del valle de Onís y a nuestra ya cercana meta: Covadonga, que nos aparecía con un esplendor distinto al que se ve cuando se llega en coche desde Cangas de Onís.
Sabemos que la bajada desde el Pico Priena se hará un tanto costosa por el cansancio muscular acumulado y queremos llegar a rezar una Salve ante La Santina antes que a las 8 cierren la Santa Cueva (y para no hacer prolongar por más tiempo la espera a nuestro ‘taxista voluntario’). La sinuosa Cuesta Ginés, pasando por El Pozo de La Oración,  nos lleva hasta la carretera junto al inicio del Parque del Príncipe; apuramos nuestros últimos  pasos, avistando el ‘chorrón’ que da origen al ría Diva y ascendemos de dos en dos los peldaños de ‘la escalera de La Promesa’ entrando en la Santa Cueva, dando por bien finalizado el esfuerzo realizado en la ruta del ‘Camín de Oriente’ a Covadonga ante la imagen de La Santina.
Ni faltó ni sobró tiempo. No sobró ni faltó pan
para terminar la jornada de la manera buscada
en esta larga  caminata,
que quizá no repitamos otra vez o tal vez sí,
si alguien así lo propone porque entusiasmo no falta
y ¡ojalá! fuerzas tampoco.
Para todos los amigos (que sois muchos):
“hacer ‘el Camín de Oriente’ es cuestión de proponérselo.
Y, en llegando a Covadonga, orar, rezando una Salve,
nos abrirá más caminos y horizontes en la vida:
porque, al mirar a La Santina, recibimos la sonrisa de María.
Lo que viene a continuación son apuntes tomados ‘a pie de urna’ y se escriben para orientación, y también por satisfacción personal ¡por qué no confesarlo!
DATOS DE LA PRIMERA ETAPA
Bustio  --  San Emeterio                  6.250 pasos                          1      hora
San Emeterio – La Peral                 6.600    “                       1.20    “
La Peral  --  Buelna                           12.000    “                    2         “
Buelna  --- Pendueles                      3.000    “                       0.30    “
Pendueles  --  Andrín                       12.150    “                    2         “
Andrín  --  Llanes                    9.000    “                       1.30    “
TOTAL               49.000 pasos (= 36.500 metros)         8.30 horas
DATOS DE LA SEGUNDA ETAPA
Llanes --  Lledías                           15.000 pasos                       2.30 horas
Lledías --  Mestas de Ardisana    13.000   “                     2.15    “
Mestas  -- Collada Vega del Puerto      14.000   “                     2.30    “
Collada V. del Puerto – Corao     11.000   “                     1.45    “
Corao  --  Covadonga                   11.000   “                     3.00    “
TOTAL      64.000 PASOS (44.000 metros) 12 HORAS
7.5
DEVOCIÓN  MARIANA
11 – 12 – 13 – 14 años teníamos la mayoría y el rezo del Ave María, entre timbres y campanas, resonaba todo el día, pues con él iban en paralelo y prolongación todas nuestras penas y alegrías. Entretenían los dedos las cuentas del Rosario, ampliación repetitiva de la salutación angélica a la vez que revivimos los misterios evangélicos de forma concreta, familiar y real en María, como oración solidaria de y con los pobres y pequeños de todas las generaciones pasadas. Y, hasta en filas, se rezaba aquel Breviario mariano que nos iniciaba a saborear el canto de María como himno diario: “Magníficat anima mea Dominum”; primero como puro canto de alabanza y, en progreso de madurez, al contacto del mundo, el oprimido y el opresor, descubrimos su mensaje liberador. Admiración por María, sentida  como verdadera y querida Madre, que se adentraba sentimentalmente en nuestro espíritu al compás del seráfico canto escolano:”Madre mía de Covadonga, sálvame, sálvame y salva a España”.
Como aquel niño de Nazaret, tu hijo Jesús, corríamos con frecuencia a tu casa-Cueva para hacerte o conseguir una caricia y presentarte nuestras cuitas que tú atendías y solucionabas con un beso. En nuestros ojos infantiles entraba la estampa globalizada de ternura, protección y consuelo, junta a la admiración de Madre de Dios y Madre mía. En un trato íntimo, con palabras fluidas del Espíritu, entramos con ella en una visión de fe, en una experiencia de vida total, de Dios y de mi propio yo, en abandono, confianza y compromiso.
Ya jóvenes, se ampliaba esa imagen con los detalles de la belleza, de la feminidad y maternidad; la imaginación te vestía llena de gracia, de pureza, de juventud y alegría, a pesar de que una vana piedad cristiana había privado a nuestros ojos poder reconocerte “mujer en la que la Palabra se hizo carne” totemificando tu figura. Mirando la bella imagen que hay en la catedral,
contemplamos la feminidad de esta mujer, con el sentido pleno del misterio de la Encarnación y lo saboreamos con Jean-Paul Sastre en su poética evocación en una obra escénica de 1940, cuando hace decir a María:”Este Dios es mi hijo; esta carne divina es mi carne. Está hecho de mí, tiene mis ojos y la forma de su boca, es la forma de la mía; se parece a mí. Es Dios y se parece a mí”. Es bueno recoger en su imagen no solo su santidad, su fe, su pobreza, su sufrimiento, su virginidad, sino también su feminidad y maternidad. Vivíamos en la inauguración redentora de un mundo nuevo pues nuestra vida repetía el tiempo de esta mujer nueva, donde la virginidad era el modelo sin condenar la natural sexualidad; donde ella decía  “he aquí la esclava del Señor”, nuestra expresión era una obediencia y disponibilidad al servicio del Señor, cuando ella “guardaba en su corazón” sus vivencias, sus dudas, sus miedos y esperanzas, nosotros las meditábamos a la luz de la Palabra, frecuentemente orientada y animada por el director espiritual. Teníamos mirada de fe para ver en María la maravilla de la feminidad transfigurada por la gracia, cuyo brillo se refleja en todas las mujeres. Por ello podíamos repetir la bienaventuranza de los creyentes: “bienaventurados los pechos con que amamantaste al hijo de tu seno porque escuchaste y cumpliste su Palabra”.
Siempre cercana a nuestra actividad, ella era motivo de inspiración para que nuestra palabra recrease su canto al “Poderoso que hace grandes obras” y pudiese alabar a la vida y la acción en adoración y súplica exultante al Dios misericordioso que “enaltece a los humildes y colma de bienes a los hambrientos”, para vivir con Jesús la espiritualidad de los “pobres de Yahvé”, que tú, nueva Eva, hija de Sión, heredaste de la Palabra profética y transmitiste, como Madre de la primera comunidad de pobres creyentes, celebrando el misterio prodigioso que en tu seno se había realizado. Gracias a tu disponibilidad, Dios mismo se ha insertado en nuestra historia en plena realidad de humanidad, por lo que liberaste al cristianismo de ser un mito. Imaginando tu sencillez y pobreza nos era fácil y sentíamos como normal vivir la espiritualidad de los pobres, participar y aceptar plenamente el sufrimiento. Por eso cada día te coronábamos, como perfecto acierto de la creación, con todas las gracias según el Espíritu:”amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad….”, por lo que nos uníamos a cuantos “te bendecirán por todas las generaciones”.
Ora con nosotros, María, y concretiza tu Magnificat para este mundo nuestro de contradicciones pues, al limitado esfuerzo por la paz, la salud y la solidaridad se opone poderosamente su hundimiento en la guerra, en la pobreza y la muerte. Incluso la “muerte de Dios” en el pensamiento y en el corazón de los hombres, que trae como consecuencia la muerte del hombre. Pero, como dice Lutero: “María, con su expresión: el que es poderoso, despoja a una multitud de personajes de sus privilegios”. Danos fortaleza para estar, como tú, “de pié junto a la cruz” y no perder el ánimo ante los signos de la degenerada dignidad humana y desconfianza de la presencia liberadora de Dios. En cada nuevo amanecer la humanidad resucitada canta contigo el Magnificat, pues somos herederos en la fe de “la promesa hecha a nuestros padres a favor de Abrahám y de su descendencia para siempre”. En lo más profundo de nuestra fe judeocristiana late la experiencia del Dios Creador, “mi Salvador”, que vela y nos ama con infinito amor y hace en nosotros “mil maravillas”, siendo “causa de nuestra alegría”. En nombre de la humanidad acogedora has dicho “sí” a los planes de Dios y con alegría y adoración celebramos contigo el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, Salvador y Liberador, que hace al hombre más hombre, libre, audaz, descubridor de nuevos caminos, como Abrahám.
Con María cantamos al Dios transcendente, cuyo “nombre santo” nos predispone en actitud de escucha y acogida de su Palabra, que en ella se hace carne y en nosotros, “los que le temen”, o sea, los que la toman en serio, se hace “misericordia que alcanza de generación en generación”. Pena y dolor, sin embargo,  por cuantos montajes ideológicos, económicos y consumistas que impiden la fe en el Dios Creador y Misericordioso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, a nuestros hermanos no creyentes, pero cuyo corazón también está hecho para Él.
En resumen: toda la vida alegrándonos por el hecho tan inimaginable como sencillo como la culminación de una mujer en la maternidad por la que Dios se ha hecho uno de nosotros en Jesucristo. Todo tan sin méritos propios de esta Humanidad caída, pues fue pura gracia. Solo ofrece plena disponibilidad la que se presenta como “esclava del Señor”; por cierto, testimonio que valora la primera comunidad  al recordar cómo aparca su nueva condición gestante para ayudar a su prima que está en necesidad, enseñándonos dónde está la verdadera dignidad y cómo se realiza la auténtica liberación.
Fue Covadonga lugar de refugio en tiempos turbulentos. Cada persona, en su breve historia,  pasa por momentos de necesidad de seguridad, de amor y acaso de pan; se busca respuesta en el plano social y psíquico; los pobres y pequeños encuentran salida en la figura maternal de María. Y el lugar se convierte en ocasión evangélica y concretización de la Iglesia de los pobres; se perfila entre montes y riscos la posibilidad de una humanidad nueva, de un pueblo con salud y paz, un santuario con la misión de la Iglesia de acompañar a los cansados y desorientados. Como fruto y nido de esta esperanza nace el Seminario Menor de Covadonga.
Angel Solís A.
7.6
MIRADORES EN LA MONTAÑA DE COVADONGA
Las montañas del entorno de Covadonga forman uno de los paisajes más espléndidos de toda España. Situados en lugares estratégicos hay varios Miradores que muestran a los turistas la inmensa belleza del paisaje asturiano. Son otros muchos los lugares desde Covadonga a Peña Santa para contemplar esta naturaleza maravillosa. Nos detendremos únicamente en los más conocidos y pateados por mí y mis amigos durante unos cuantos años.
En el propio Santuario de Covadonga existen unos “balcones privilegiados” como son la misma Cueva de la Santina y su visión del “Pozón” y de la Cruz de Pelayo o de Priena. Otra vista buena es la que se ofrece desde el “hueco” con tres Cruces del túnel de entrada a la Santa Cueva. Un lugar muy visitado para ver la Basílica y el monte de la Cruz. Desde el paseo exterior de la Basílica podemos disfrutar con la vista del Monte Auseva, la Gruta de la Señora, el monte Priena y la subida hacia los lagos y los Picos de Europa.
CRUZ DE PRIENA O DE PELAYO
Son varias las Rutas que llevan a este monte. Se puede subir desde Corao, en la carretera de Cangas de Onís a Cabrales, pasando por el Pico de la Oración.
Hay diversas “subidas” desde el Santuario, las más clásicas y difíciles, en continuo zig-zag hasta llegar a los 725 metros donde se encuentra la Cruz. A escasos metros de la cima se encontraba la fuente Ginés donde saciábamos la sed en nuestra juventud. Hace tiempo que no existe.
No hace muchos años existía en lo alto del monte una Cruz enorme de hierro. Actualmente ha desaparecido, lo mismo que un buzón y un mojón.
La vista panorámica desde la Cruz de Priena es espectacular: Covadonga al fondo con la Basílica, la Cueva y el resto de edificaciones, la carretera hacia los Lagos, los Picos de Europa con Peña Santa, el Sueve,...
ASIENTO DE LOS CANÓNIGOS
Subiendo por la carretera de Covadonga a los Lagos, a unos dos a tres km. del inicio, en una curva prolongada a la derecha, nos encontramos a la izquierda de la carretera una pequeña explanada un poco más baja que la calzada. Es una especie de balconada sobre Covadonga. Es el llamadoAsiento de los Canónigos, en una zona muy frondosa, que dificulta en parte las  vistas del Santuario. Era el lugar obligado del paseo de los canónigos establecidos en el  Santuario; paseo un tanto complicado por el fuerte desnivel en algunos tramos, pero con poco tráfico al menos hasta tiempos recientes. Un pequeño cierre y unos bancos de piedra marcan el lugar para el descanso y la contemplación del Sagrado Sitio
MIRADOR DE LA REINA
La novela “Altar Mayor”  de Concha Espina nos describe magistralmente este Mirador así como el resto de la Carretera a los Lagos: El Mirador de la Reina: Ese sitio es una espléndida atalaya gratamente revestida de bancos y rastiles, flores y tapices de verdura que logró tanta solicitud en medio del salvaje tramonto, porque un día
la reina Victoria de Battenberg [esposa de Alfonso XIII] se detuvo aquí para admirar uno de los semblantes extraordinarios de la solemne belleza de Asturias. Desde entonces se ha convertido en moderna posa del terrible sendero, un descanso que permite ver cómo saltan,  ensanchándose, las lejanías, se tienden las llanuras residuales, se forman los pliegues geológicos, brechas y campas, altitudes y abismos, en la misteriosa libertad de las cumbres….
[Serafín a Teresina en el Mirador]:
¡No te vayas, espera; me vas a decir sí o no, delante de ese trono. ¡Mira!; es el altar mayor del mundo-y señala a Occidente, por donde huyen a esta hora las oraciones y los pájaros;….Tendrá más validez que en un templo artificial. Los montes son en Asturias la gran Mesa del Señor..
Este mirador se encuentra a mitad de camino hacia los Lagos, sobre unos 900 metros de altitud. Podemos observar desde él preciosos paisajes de Cangas de Onís y sus pueblos así como las montañas del Sueve y el mar Cantábrico en días despejados.
Existe un aparcamiento y asientos y el propio Mirador.
MIRADOR DEL PRÍNCIPE
A la izquierda de Buferrera (donde antiguamente estaban las minas de hierro y actualmente un amplio  aparcamiento y unos edificios para explicar la interpretación de los Picos de Europa) subiendo un pequeño repecho llegamos al Mirador del Príncipe con una vista magnífica de la Vega de Comeya (quizá antiguamente un lago) y de la sierra del Sueve; espléndida atalaya de las montañas de Asturias.
MIRADOR DE ENTRELAGOS.
Se encuentra en la cumbre existente entre los Lagos Enol – de 750 m. de largo por unos 400 de ancho- y Ercina- de dimensiones mucho más pequeñas-. Desde este mirador obtenemos inmejorables vistas de los lagos y de los Picos de Europa. Actualmente hay una senda de piedra entre ambos lagos. Ya Concha Espina nos daba una visión preciosa:
Los Lagos: Un “mar ermitaño” (Lago Enol) reproduce en su cristalina quietud la exaltada vegetación que amortigua su tono malva en la ingravidez musical del aire. Este es el lago kilométrico, inmóvil y sin explicación, de escondida profundidad. Está negro a fuerza de ser voluminoso, está triste y frío igual que un cadáver.
Al fondo, abismales, inaccesibles, las torres de las dos Peñas Santas: la de Enol y la de Caín, pórticos de una monstruosa y libérrima catedral que ha hecho Cantabria para asombro del mundo, con nieves y rocas, glaciares y agujas, hoces y llambrías.(desde el Ercina)
MIRADOR DEL REY
Al llegar al lago Enol nos dirigimos a la derecha hacia la Vega de Enol, una pradera amplia donde podemos ver un refugio de pastores (actualmente un pequeño bar), un capilla para la celebración de la fiesta de Santiago y una pista por la que continuamos unos tres km. dejando a la izda. el Pozo del Alemán (donde solía bañarse Frassinelli, el Alemán de Corao). Continuamos andando (hay una valla que impide el paso de vehículos) y llegamos al Mirador del Rey. Desde este Mirador podemos observar el Hayedo de Pome, parte del río Dobra…
MIRADOR DE ORDIALES
Partiendo de la Vega de Enol y antes de llegar al Mirador del Rey, giramos a la izquierda hacia el Pozo del Alemán.  En poco más de hora  y media llegamos a Vega Redonda con un buen Refugio de montaña. En poco más de una hora llegaremos al mirador de Ordiales, con una altura de 1681 ms.  Allí podemos leer la oración grabada en la roca: Nosotros, enamorados del Parque Nacional de Covadonga, en él desearíamos vivir, morir y reposar eternamente; pero esto último, en Ordiales, en el reino encantado de los rebecos y de las águilas, allí donde conocimos la felicidad de los Cielos y de la Tierra, allí donde la Naturaleza se nos presentó verdaderamente como un Templo.
En este mirador se encuentran desde 1949 los restos del Marqués de Pidal, don Pedro de Pidal y Bernaldo de Quirós, diputado, senador, ministro y Académico,  natural de Villaviciosa y que ayudó a la creación del Parque Nacional de los Picos de Europa. Él había sido el primero en escalar el Naranjo de Bulnes o Picu Urriellu el 5 de agosto de 1904 acompañado por el pastor Gregorio “El Cainejo”.
Desde este mirador podemos divisar  hasta Sajambre (en León) y las princiales montañas de la Cordillera Cantábrica en Asturias..
Cayo González
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