COVADONGA
 

Pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él’ dice el apóstol Pedro de Jesús de Nazaret. (Hechos de los Apóstoles 10, 38)
Nosotros sentimos y lo decimos de Ceferino: pasó haciendo el bien y atendiendo a cuantos humillados encontró por los variados caminos que recorrió porque encontró la imagen de Dios en cada uno.
‘Padre por sacerdote y sacerdote por padre’, nos dijo el Obispo en la Misa de funeral. Y él estaba entusiasmado y muy orgulloso de ambos títulos y fue siempre digno cumplidor de ambos quehaceres: plena dedicación al sacerdocio y plena dedicación al cuidado de ‘sus hijos’ y de muchas otras personas que recibieron de él comprensión, acogida y servicio.
Era un entendido melómano; siempre enseñó a sus vecinos y alumnos a amar la música y encontrar en ella el Rostro de Dios.
Le pidió a su familia más cercana que, si era posible, un Coro interpretase el “Va, Pensiero”, de la ópera Nabucco de Verdi, canción inspirada en el Salmo 137. Y ellos cumplieron con satisfacción su deseo.
Amante de la Cultura. Nos sorprendía saber en los cursos de Filosofía y Teología que leía a Teilhard de Chardín y Pablo Neruda, a los autores americanos Faulkner, John dos Passos… Era un enamorado de la Biblia y del Quijote que siguió leyendo hasta sus últimos días (y mucho se le pegó de ‘quijote’!), siendo ambos los libros más traducidos de la historia (que equivale a decir: los más amados) y de los libros de teología de Juan Luis Ruiz de la Peña; era, en verdad, un intelectual y siempre prójimo.
Su sobrina preferida, María Eugenia, introdujo en el ataúd un ejemplar del Quijote junto con otros recuerdos.
Parece oportuna esta reflexión de Federico García Lorca en el prólogo de ‘Impresiones y paisajes’ para describir la trayectoria vital de Ceferino.
“Es imprescindible ser uno y ser mil para sentir las cosas en todos sus matices. Hay que ser religioso y profano. Reunir el misticismo de una severa Catedral gótica con la maravilla de la Grecia pagana.
Verlo todo, sentirlo todo.
En la eternidad tendremos el premio de no haber tenido horizontes”.
“Cuídate de los Idus de marzo” escribe Shakespeare en su novela Julio César por la fecha del asesinato de éste. Pues a ti, Ceferino, te despedimos en los idus de marzo, un día triste, y luminoso a la vez para el creyente en ‘un Cielo nuevo y en una Tierra nueva’, que él vislumbró y por los que luchó a diario en las distintas tareas en que empeñó su vida: en Faedo (Cudillero), Ventanielles (Oviedo), Universidad de Comillas, Somiedo, Madrid (1977-1981) La Tenderina (Oviedo), Madrid (1084-2007), Illas .
‘Conservó la paz, el dolor y la paciencia en los sufrimientos’
recoge su recordatorio impreso.
Descansa en la Paz de Dios, Ceferino, hombre bueno y buen compañero!