Autobiografías al descubierto.  

Con este título, se pretende poner de manifiesto, y por escrito, breves biografías de compañeros sacerdotes (también de ex sacerdotes y ex seminaristas), mientras se encuentran entre nosotros. Sin duda, está muy bien recordar a los que ya descansan en  el “Corazón de Dios” (como dice Ceferino Álvarez), con un  homenaje “in memoriam”, que Cayo y otros amigos vienen escribiendo en la Revista Covadonga52. Sin embargo, creo que es mejor  que ese reconocimiento y  recuerdo se haga  mientras viven. Así pues,  invitamos a que todos, los que  no tengan inconveniente, nos ofrezcan su testimonio, contestando a una breve y sencilla entrevista.

Hoy la hacemos con Artemio González, residente en la casa sacerdotal de Oviedo.
Artemio nació en un lugar de cuyo nombre sí qui
ero acordarme; su padre, Faustino, y mi madre, Ana, eran hermanos, y nacieron en el mismo pueblín que Artemio: Navedo. Aldea escondida en las primeras estribaciones del Puerto de Pajares. Conforma, con La Romía de Arriba, la Romía de Abajo y La Muela, la parroquia de San Pedro de Cabezón, concejo de Lena.  La Iglesia parroquial, situada en un bonito alcor, guarda una joya escultórica: la imagen de San Pedro.

En Navedo nació Artemio hace 83 años (3 de enero de 1940). Tras doce años de estudios en el Seminario, desarrolló sus  tareas pastorales en la parroquia de Nava (1964-1966)  y en las parroquias de Tanes, Sobreescobio (1968-2008).
Artemio, como  el resto de sacerdotes, es sobradamente merecedor de este homenaje, por el mero hecho de dedicar toda su vida, en cuerpo y alma, con un compromiso y entrega total, a practicar las obras de misericordia, “haciendo el bien a todos y mal a ninguno”. Pero además, ha llevado a cabo una tarea, en su tiempo libre, que vale la pena destacar:
Trasladar a soporte informático todos los libros de Bautismos, Matrimonios y Defunciones  de muchas  parroquias.
Esta ingente labor, en la que empleó miles de horas, la desarrolló con esfuerzo y  tesón en la soledad de su despacho, sin apenas ayuda de técnicos o especialistas.
Antes de pasar a las preguntas y respuestas de la entrevista, quiero dar unas pinceladas sobre la personalidad de Artemio.
Si imaginamos con cuál de los doce apóstoles tiene parecido; yo, sin dudar, lo comparo con Felipe. Este discípulo de Cristo es recordado en los Evangelios pocas veces, pero suficientes para darnos una idea de su carácter.  Cuando le cuenta a Natanael que encontró a Jesús, éste escéptico le contesta: “De Nazaret puede haber cosa buena?  Felipe, escueto, discreto y directo le dice: “ven y lo verás” (Juan 1,46). No discute y ni se enrolla en argumentos y disquisiciones. En otra ocasión, cuando Jesús manda que den de comer a la muchedumbre, Felipe le dice:” ¿”cómo vamos a comprar para que coman éstos?” (Juan 6,5-8). No entendía cómo solucionar el problema, y  pregunta, con sentido común, de manera  directa y sencilla. En la última Cena,  Jesús  hablaba a los discípulos de alta teología, sobre la relación del Hijo y el Padre. Era un tema bastante  difícil de comprender. Felipe, de manera concreta y breve, le dice: “Señor muéstranos al Padre y nos basta” (Juan 14,8).
He aquí la semejanza de Artemio con Felipe: un ser sincero, directo y breve, con mucho sentido común. Artemio fomentó y vivió en su  interior, con  intensidad,  una música callada y  una soledad sonora. Parco en palabras, pero fecundo en ideas claras y respuestas acertadas. Estas cualidades las puso al servicio incondicional de sus parroquianos, familiares y amigos. La  inmensa tarea de la informatización de los libros es otra prueba más de su personalidad: trabajar con naturalidad, en silencio, con constancia, y sin ostentación de ninguna clase.

Pregunta: ¿Cuándo y por qué surgió la idea y el propósito de trabajar en este tema de la informatización de los libros parroquiales?. 

Este trabajo requiere mucho tiempo, que Dios nos da gratis, y con paciencia fui superando las dificultades, que son muchas: las escrituras, la conservación de los libros, etc. Pero, como, digo, con constancia y esfuerzo se van superando.

¿Cuál ha sido la  mayor satisfacción, por haber llevado a cabo este trabajo tan arduo y que exige tanto tiempo?

Respuesta: Oyendo hablar a los compañeros que tenían ordenador, yo había tomado la decisión de que aquello no era para mí. Pero en 1992  perdí un ojo y el oculista me recomendó no coger pesos, ni dar golpes, ni… Ante esta situación  decidí comprar un ordenador con dos fines: copiar los libros parroquiales y hacer una hoja parroquial. Había ¿Cómo fueron los inicios de este trabajo? que ocupar el tiempo libre en algo. Yo ya había hecho el árbol genealógico de muchas familias, y había hecho los índices de las parroquias del concejo de Lena, y tenía afición a ese trabajo. Me parecía conveniente leer los libros antiguos (de la fábrica, de las cofradías...) para conocer la historia de las parroquias.
 ¿Cómo empezaste este trabajo?

R. Encargué a un compañero que me comprase un ordenador, y al día siguiente se presentó en mi casa con uno. En un momento lo instaló y me dijo: voy a enseñarte cómo se hace. Yo le contesté: enséñame a hacer una base de datos…y escribir una carta. Me enseñó y  quiso que yo aprendiera también a trabajar la fotografía. Yo le contesté: no me digas más porque, cuando salgas, ya no sé nada. Y así comenzó todo.

P. ¿Cómo fueron los inicios y qué libros empezaste a trasladar a soporte informático?

R. Comencé a informatizar los libros de las parroquias que atendía entonces: Tanes; luego los  de mi pueblo: San Pedro de  Cabezón. Después, me trasladé  a la parroquia de  Sobreescobio, y empecé  a informatizar todos los libros de dicha parroquia.

Y, una vez que te jubilaste, ¿has seguido con esta actividad?

Sí. Vine a vivir a la Casa Sacerdotal en Oviedo, y continué con los libros de las  parroquias de Lena, Ujo y Santa Cruz; después   con  las de Caso, que yo había atendido, y  las de Laviana; ahora estoy ocupado con las de Langreo.

P.  ¿Cómo has dado a conocer esta tarea tan interesante?

R. Desde el principio he dado una copia al Archivo Diocesano, pero no creo que lo utilicen mucho. Supongo que algún día se decidirá permitir su uso por los investigadores. Hay personas de las parroquias que quieren investigar; saben que les puedo ayudar, y vienen a consultarme.

P. ¿Qué problemas o dificultades has encontrado en la realización de esta actividad?

R.  A mí me sirve de entretenimiento, por una parte y, por otra, considero que  es un trabajo conveniente y útil. Además, siento una gran satisfacción al ver que mi trabajo sirve a otros.

P. Tengo una curiosidad ¿Cómo valoras el que  los libros fueran microfilmados?
R. Sería muy conveniente: evitaría el deterioro de los libros y facilitaría la investigación.

Muchas gracias, Artemio.
Como indicaba en la introducción, considero necesario que este clase de tareas y actividades, tan útiles e interesantes, se den a conocer, y quede un recuerdo de las mismas en la revista Cavadonga52. El trabajo, realizado por Artemio, como muy bien dice él mismo, puede servir a mucha gente: estudiosos e investigadores (demógrafos, sociólogos, historiadores…),  y a otros muchos aficionados que tengan interés o curiosidad  por conocer la historia de su pueblo, o de  su propia genealogía. Artemio es un modelo en el que pueden fijarse otros compañeros para emprender y comprometerse  en la  esta  misma tarea, que Artemio sigue llevando a  el archivo del Obispado, no en otras que,  sin duda, serán tan interesantes como beneficiosas.
Las  páginas de la revista están en blanco, y esperando a quienes decidan  contarnos las actividades y experiencias que hayan realizado, o estén realizando  en la actualidad.
Manuel Suarez González.