LAS HIJAS DE SELOFJAD: CONTRARIAS  A UNAS LEYES DISCRIMINATORIAS. 

 

Eran cinco, como los dedos de la mano. Hijas de Selofjad, descendiente de Manasés, hijo de José. Tuvieron el coraje, o mejor dicho el arrojo, de reclamar y exigir la herencia  de su padre. La ley las excluía;  favorecía solamente a los varones. Todavía en el siglo XXI, millones de mujeres no heredan, y cuando trabajan como asalariadas reciben un salario bastante más inferior que el de los hombres. Las hijas de Selofjad con su atrevimiento cambiaron una ley machista y discriminatoria, y consiguieron lo que les pertenecía. Precursoras de miles de mujeres trabajadoras que protestan, hacen huelgas y luchan por conseguir una sociedad más humana, igualitaria y justa.

 

Números, 27, 11

 

Entonces se acercaron  las hijas de Selofjad, hijo de Jéter, hijo de Gallad, hijo de Fakir, hijo de Manasés, de los clanes de Manasés, hijo de José. Se llamaban las hijas: Majlá, Noá, Joglá, Milka, y Tirsá. Se presentaron a Moisés y al sacerdote Eleazar, a los principales y a toda la comunidad, a la entrada de la Tienda de Reunión, y dijeron: “Nuestro padre murió en el desierto. No era de la facción que se amotinó contra Yahvéh, de la facción de Coré; por sus propios pecados murió sin tener hijos. ¿Por qué ha de ser borrado de su clan el nombre de nuestro padre, solo por no haber tenido hijos? Danos alguna propiedad entre los hermanos de nuestro padre”.
Moisés expuso su caso ante Yahvéh. Respondió Yahvéh a Moisés: “han hablado bien las hijas de Selofjad. Dales,pues, en propiedad una heredad  entre los hermanos e su padre traspásales a ellas la herencia de su padre. Y dirás a los hijos de Israel: si un hombre muere y no tiene    ningún hijo, traspasará su herencia a su hija. Si tampoco tiene hija, daréis la herencia  a sus hermanos. Si tampoco tiene hermanos, daréis la herencia a los hermanos del padre. Y si el padre no tiene hermanos, daréis la herencia al pariente más próximo de su clan, el cual tomará posesión de ella. Esta será la norma de derecho para los hijos de Israel, según lo ordenó Yahvéh a Moisés.”

 RAJAB: RAMERA INTELIGENTE.


¿Fue una venganza oculta, y largo tiempo rumiada, por los agravios recibidos?Salvaste la vida, porque sentías hasta el vientre la cobardía de los que compraban tus noches.Conocías sus almas con piel de gallinas.Eso, sí, fanfarrones en la cama y abusivos con las débiles y asustadasprostitutas.
¡No tenían salvación! ¡Los cobardes y flojos nunca tienen salvación!Encubriste a los extranjeros entre tus piernas. Engañaste a los esbirros del rey, con el argumento incontestable, a  los que compran tu cuerpo, nunca les preguntas quiénes son, ni de dónde vienen.

Salvaste a la familia que nunca te despreció. Gran acierto. Consumaste el orgasmo más rentable y beneficioso de tu vida.
Rajab fue encubridora de forasteros y enemigos de ¿su pueblo?¿Dónde está el pueblo de la persona  pobre,  desheredada,  prostituida?
El enemigo estaba dentro. Los suyos eran sus enemigos. Quienes la condenaron a ser meretriz, prostituta, puta, ramera. La habían forzado a vivir en el muladar. A ejercer una profesión de igual antigüedad que la falocracia. Esa clase de gente  no merecía más que la traición.
Tus sueños eran segados cada noche por labradores rudos y asilvestrados, por soldados brutales y desalmados, por seres acomplejados y frustrados. Pasabas el día escondida, para no ser insultada y perseguida por los hipócritas, cumplidores de la ley.
Nada perdías. Vivías  una mierda de vida y una vida de mierda. Te ofrecieron otra vida nueva, con oficio a estrenar. Por tal promesa bien merecía la pena arriesgarse.
El gran acierto de Rajab fue apostar, fuerte y con valentía, por un futuro preñado de esperanza. Un futuro con aire del desierto, fresco y sincero.
Rajab, mujer capaz de correr el riesgo límite y total. San Mateo al nombrarla, como antecesora de Jesús, le concedió un gran honor en la historia sagrada.

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Texto bíblico: (Josué 2, 1-21 Y 6, 22-25)

Josué, hijo de Num, envió secretamente desde Sittim dos espías con esta orden:

 

-Id y explorad las tierras de Jericó.
Fueron y entraron en casa de una ramera, llamada Rajab, y durmieron allí. Se le dijo al rey de Jericó:
- Mira que unos hombres israelitas han entrado aquí por la noche para explorar el país.
Entonces el rey de Jericó mandó decir a Rajab:
-Haz salir a los hombres que han entrado donde ti-que han entrado a tu casa- porque han venido para explorar  todo el país.
Pero la mujer tomó a los dos hombres y los escondió. Luego respondió:
- es verdad que algunos hombres han venido a  mi casa, pero yo no sabía de dónde eran. Cuando se iba a cerrar la puerta por la noche, salieron y no sé adónde han ido. Perseguidlos aprisa, que los alcanzaréis.
Pero ella les había hecho subir al terrado y los había escondido entre unos haces de lino que tenía amontonados en el terrado. Salieron algunos hombres en su persecución camino del Jordán hacia los vados, y se cerró la puerta en cuanto los perseguidores salieron tras ellos.
Rajab subió al terrado, donde ellos estaban antes que se hubieran acostado, y les dijo:
-Ya sé que Yahvéh os ha dado la tierra, que nos ha invadido de vuestro terror y que todos los habitantes de esta región han temblado ante vosotros: porque nos hemos enterado de cómo Yahvéh secó las aguas del mar de las Cañas delante de vosotros a vuestra salida de Egipto, y lo que habéis hecho con los dos reyes amorreos del otro lado del Jordán, Sijón y Og, a quienes consagrasteis al anatema. Al oírlo ha desfallecido nuestro corazón y no se encuentra nadie con aliento para haceros frente, porque Yahvéh vuestro Dios, es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra. Juradme, pues, ahora por Yahvéh, ya que os he tratado con bondad, que vosotros  también trataréis con bondad a la casa de mi padre, y dadme una señal segura; que respetaréis la vida de mi padre y de mi madre, de mis hermanos y hermanas, y de todo los suyos, y que libraréis nuestras vidas de la muerte.

 

DÉBORA: PROFETISA Y JUEZ.


(Jueces 4,1-16)

Cuando murió Ehúh los israelitas volvieron a hacer lo que desagradaba a Yahvéh, y Yahvéh los dejó a merced de Yabín, rey de Canaán, que reinaba en Jasor. El jefe de su ejército era Sísara, que habitaba en Jaróset-hag-Goyim.
Entonces los israelitas clamaron a Yahvéh. Porque Yabín tenía novecientos carros de hierro y había oprimido duramente a los israelitas durante veinte años.
En aquel tiempo, Débora, una profetisa, mujer de Lappidot, era juez en Israel. Se sentaba bajo una palmera de Débora, entre Rama y Betel, en la montaña de Efraím; y los israelitas subían donde ella para resolver sus pleitos. Esta mandó llamar a Baraq, hijo de Abinoam, de Quedes de Neftalí, y le dijo:
- ¿Acaso no te ordena esto Yahvéh, Dios de Israel?. Vete, y en el monte Tabor recluta y toma contigo diez mil hombres de la tribu de Neftalí y de los hijos de Zabulón. Yo atraeré hacia ti al torrente de Quison a Sísara, jefe del ejército de Yabín, con sus carros y sus tropas, y los pondré en tus manos.
Baraq le respondió:
- Si vienes conmigo, voy. Pero si no vienes conmigo, no voy, porque no sé en qué día me dará la victoria el Ángel de Yahvéh.
- Iré contigo- dijo ella- sólo que entonces no será tuya la gloria del camino que emprendes, porque Yahvéh entregará a Sísara en manos de una mujer.
Débora se levantó y marchó con Baraq a Quedes. Y Baraq convocó allí a Zabulón y Neftalí. Subieron tras él diez mil hombres y Débora subió con el.
Jéber, el quenita, se  había separado de la tribu de Caín y del clan de los hijos de Jobab, el suegro de Moisés; había plantado su tienda cerca de la Encina de Saanannim, cerca de Quedes.
Le comunicaron a Sísara que Baraq, hijo de Abinoam, había subido al monte Tabor. Reunió Sísara todos sus carros, ¡novecientos carros de hierro!, y todas las tropas que tenía y las llevó de Jaroset-hag-Goyim al Torrente de Quison. Débora dijo a Baraq:
-Levántate, porque este es el día en que Yahvéh ha entregado a Sísara en tus manos.¿No es cierto que Yahvéh marcha delante de ti?.
Baraq bajó del monte Tabor seguido de los diez mil hombres. Yahvéh sembró el pánico en Sísara, en todos sus carros y en todo su ejército ante Baraq. Sísara bajó de su carro y huyó a pie. Baraq persiguió a los carros y al ejército hasta Jaroset-hag-Goyim. Todo el ejército de Sísara cayó a filo de espada; no quedó ni uno.

 

 


YAEL: TIRANICIDA POR SU PUEBLO.

 


(Jueces 4, 17-22 y 5, 24-31)

Sutil y astuta engañaste al rey Sísara,antecesor de don Rodrigo. Era un cobarde.Abandonó a sus hombres para salvarse solo.
Llevó a la guerra novecientos carros,y tuvo que huir a pie.
Mi reino por un caballo! por un pollino! por un poco de agua!por un lecho oculto!gritaba Sísara, huido y fuera de sí.
La leche, que le ofreciste, fue su extremaunción. El cobertor, con que le tapaste, su mortaja. El rey se durmió confiado, soñando que aún mandaba como único señor.
- Niega que estoy aquí- te exigió. Fue su última orden.
Le taladraste la cabeza con una clavija. Quedó cosido, enclavado, a su tierra perdida.
"Bendita entre las mujeres Yael
-la mujer de Jéber el quenita-
Mientras tanto una madre y una princesa ciegas, tiempo ha, por el brillo del poder, esperaban que el hijo/esposo -el rey Sísara-
apareciera victorioso y cargado con  un valioso botín.
Texto bíblico: Jueces 4,17-22
Pero Sísara huyó a pie hacia la tienda de Yael, mujer de Jéber el quenita, porque reinaba la paz entre Yabín, rey de Jasor, y la casa de Jéber el quenita. Yael salió al encuentro de Sísara y le dijo:
- Ven, señor mío, ven hacia mi. No temas.
Se detuvo en la tienda y ella lo tapó con un cobertor. El le dijo:
- Por favor, dame de beber un poco de agua, porque tengo sed.
Ella abrió el odre de leche, le dio de beber y lo volvió a tapar. El le dijo:
- Estáte a la entrada de la tienda y si alguno viene, te pregunta y te dice ¿hay alguien ahí? respóndele que no.
Pero Yael, mujer de Jéber, cogió una clavija se le acercó callando y  le hincó la clavija en la sien hasta clavarla en tierra. El estaba profundamente dormido, agotado de cansancio; y murió, Cuando llegó Baraq persiguiendo a Sísara, Yael salió a su encuentro y le dijo:
- Ven, que te voy a enseñar al hombre que buscas.
Entró donde ella, y Sísara yacía muerto con la clavija en la sien.
(Jueces 5, 24- 27)
¡Bendita entre las mujeres Yael
(la mujer de Jéber el quinita)
entre las mujeres que habitan en tiendas,
bendita seas
Pedía agua, le dio leche,
en la copa de honor le sirvió nata.
Tendió su mano a la clavija,
la diestra al martillo de los carpinteros.
Hirió a Sísara, le partió la cabeza,
le golpeó y le partió la sien;
a sus pies se desplomó, cayó, murió,
a sus pies se desplomó, cayó;
donde se desplomó, allí cayó, quedó tendido.

 

 LA HIJA DE JEFTÉ: VIRGEN Y MÁRTIR

 


Tu padre era un fanfarrón y pedantón. Ofreció en holocausto al primero de su casa que saliera a recibirle, si conseguía la victoria contra sus enemigos.Pagó muy caro el voto que  hizo a Yahvéh. Su única y adorada hija fue la primera en salir a las puertas de la casa.No conocemos tu nombre, hija de Jefté. Fresca y espontánea como la brisa de la mañana, en la primavera de tu vida, te condenaron a morir a causa de una promesa disparatada, que suelen hacer los que detentan el poder (Como le sucedería a Herodes siglos más tarde).
Idolatrabas a tu padre; esa fue tu desgracia.Saliste a su encuentro y recibiste el regalo de una  sentencia injusta y absurda.
Las montañas callaron al oír el eco de tu llanto.
Morirás sin entender nada,sin conocer varón,sin dejar descendencia. ¡El peor castigo!
En el campo-corredor de la muerte- esperaste la ejecución.
¿Qué hiciste durante los dos meses que vagaste por las montañas?
¿Cuántas flores y sueños cortaste? ¿Qué deseos y placeres ocultos despertaste?
Las compañeras lloraron contigo tu virginidad,único consuelo; última voluntad, que te concedieron. Existen seres a los que lo único que les permiten es llorar anticipadamente su propia muerte.
(Jueces 11,29-40)
El espíritu de Yahvéh vino sobre Jefté, que recorrió Galaad y Manasés, pasó por Mispá de Galaad, y de Mispá de Galaad pasó donde los ammonitas. Y Jefté hizo un voto  a Yahvéh:
- Si entregas en mis manos a los ammonitas, el primero que salga de las puertas de mi casa a mi encuentro cuando vuelva victorioso de los ammonitas, será para Yahvéh y lo ofreceré en holocausto.
Jefté pasó donde los ammonitas para atacarles, y Yahvéh los puso en sus manos. Los derrotó desde Aroer hasta cerca de Minnit (veinte ciudades) y hasta Abel-Keramin. Fue una grandísima derrota; así los ammonitas fueron humillados delante de los israelitas.
Cuando  Jefté volvió a Mispá, a su casa, he aquí que su hija salía a su encuentro bailando al son de los panderetas. Era su única hija; no tenía más hijos que ella. Al verla, rasgó sus vestiduras y gritó:
- ¡Ay, hija mía! ¡Me has destrozado! ¿Habías de ser tú la causa de mi desgracia? Se me fue la boca ante Yahvéh y no puedo volverme atrás.
Ella le respondió:
- Padre mío, aunque se te haya ido la boca ante Yahvéh, haz conmigo lo que prometiste, ya que Yahvéh te ha permitido vengarte de tus enemigos los ammonitas.
Después dijo a su padre:
- Hazme sólo esta gracia: déjame libre dos meses para ir a vagar por las montañas y llorar con mis compañeras mi virginidad.
El le dijo:
- Vete.
Y la dejó por dos meses. Ella se fue con sus compañeras y estuvo llorando su virginidad por los montes. Al cabo de los dos meses, volvió donde su padre y él cumplió con ella el voto que había hecho. La joven no había conocido varón. De aquí viene la costumbre que hay en Israel de que todos los años las hijas de Israel vayan lamentarse cuatro días al año por la hija de Jefté el galaadita.

 

 


LA TIJERA AFILADA DE DALILA

 

 


Con sutileza y finura tejiste los hilos de araña,en los que caería un moscón grande y un poco bruto. Respondía al nombre de Sansón. Andaba acelerado, (estresado diríamos hoy en día). Corría y peleaba en toda ocasión y por el menor motivo.
Tú, en cambio, meditabas el plan, rumiabas la venganza e hilabas la red. Afilabas las tijeras, (o navaja), de la traición, que cortaríanla cabellera frondosa de  tu marido.Con el asedio de tus palabras aburriste a Sansón. "Aburrido de la vida" te abrió su corazón.Te descubrió el secreto.
Soportabas todo, menos el peso de un secreto.
Sansón era nazir, es decir, consagrado a Dios. Tenía prohibido cortarse el pelo; gracias al cabello largo poseía una descomunal e inigualable fuerza. Le dio locura de enamorado, y te contó el secreto de su fuerza.
Ciego y sordo por amor, enajenado,fue abandonado por Yahvéh.
Una vez, Prendido, fue torturado. Todo ser, animal  persona, cuando cae vencido  es que ha sido abandonado. Como Cristo, el crucificado, el abandonado por antonomasia: Eloí, Eloí ¿lamá sabactaní? (¡Dios mío, Dios mío! por qué me has abandonado?)
Sansón recuperó "in extremis" su vigor (le creció el pelo durante su cautiverio)y salvó su honor.La rabia visceral ardió de nuevo, y renació su fuerza.Murió matando. Castigó a sus propios torturadores.
Patrón de los ajusticiados que gozan de la suerte suprema de morir matando a sus verdugos. Hasta que no llegue el momento en que todo torturador o verdugo no muera con las víctimas, es que no ha llegado la justicia verdadera.
Dalila con su traición creó una especie de kamikaze de la historia. Atado a las columnas, ciego y maduro para morir,volvió a ser héroe por unos instantes (suicidio heroico). La fuerza bruta se convirtió en modelo de inmolación para futuros sansones:¡ Muera yo con los filisteos ¡
Temblad filisteos, la descendencia de Sansón es imperecedera.
Dalila cobró su dinero, y quizás cargó con la penitencia de amar de verdad a Sansón después de muerto.

Texto bíblico: Jueces 16,1-31)
De allí Sansón se dirigió a Gaza, vio a una meretriz y entró donde ella. Se dio aviso a los hombres de Gaza: ha venido Sansón. Ellos le rodearon y le estuvieron acechando a la puerta de la ciudad. Estuvieron quietos toda la noche pensando: " esperemos hasta que despunte el día y lo mataremos". Sansón estuvo durmiendo hasta media noche; y a media noche se levantó, cogió las hojas de las puertas de la ciudad con sus dos jambas, las arrancó junto con la barra, se las cargó a la espalda, las subió hasta la cumbre del monte que está frente a Hebrón y allí las dejó.
Después de esto, se enamoró de una mujer de la vaguada de Soreq, que se llamaba Dalila. Los tiranos de los filisteos subieron donde ella y le dijeron:
- Sonsácale y entérate de dónde le vienen esa fuerza tan enorme, y cómo podríamos dominarle para amarrarle y tenerle sujeto. Nosotros te daremos cada uno mil cien siclos de plata.
Dalila dijo a Sansón:
- Anda, dime, ¿de dónde te viene esa fuerza tan grande y con qué habría que atarte para tenerte sujeto?
Sansón le respondió:
- Si me amarrasen siete cuerdas de arco todavía frescas, sin dejarlas secar, me debilitaría y sería como un hombre cualquiera.
Los tiranos de los filisteos llevaron a Dalila siete cuerdas de arco frescas, sin secar aún, y le amarró con ellas. Tenía ella hombres apostados en la alcoba y gritó:
- Sansón, los filisteos contra ti.
Y él rompió las cuerdas de arco como se rompe el hilo de estopa en cuanto siente el fuego. Así no descubrió el secreto de la fuerza.
Entonces Dalila dijo a Sansón:
- Te has reído de mi y me has dicho mentiras; pero anda, dime ya con qué habría que atarte.
El le respondió.
- Si me amarrasen bien con cordeles nuevos sin usar, me debilitaría y sería como un hombre cualquiera.
Entonces Dalila cogió unos cordeles nuevos, le amarró con ellos y le gritó.
- Sansón, los filisteos contra ti.
Tenía hombres apostados en la alcoba, pero él rompió los cordeles de sus brazos como un hilo.
Entonces Dalila dijo a Sansón:
- Hasta ahora te has estado burlando de mí y no me has dicho más que mentiras. Dime con qué habría que amarrarte.
El respondió:
- Si tejieras las siete trenzas de mi cabellera con un lizo y las clavaras con la clavija del tejedor, me debilitaría y sería como un hombre cualquiera.
Ella le hizo dormir, tejió luego las siete trenzas de su cabellera con un lizo, las clavó con la clavija y le gritó:
- Sansón, los filisteos contra ti.
El se despertó de su sueño y arrancó el tejido y al clavija. Así no descubrió el secreto de su fuerza.
Dalila le dijo:
- ¿Como puedes decir `te amo, si tu corazón no está conmigo? Tres veces te has reído ya de mi y no me has dicho en qué consiste esa fuerza tan grande.
Como todos los días le asediaba con sus palabras y le importunaba, aburrido de la vida, le abrió todo su corazón y le dijo:
- La navaja no pasado jamás por mi cabeza, porque soy nazir de Dios desde el vientre de mi madre. Si me rasuraran, mi fuerza se retiraría de mi, me debilitaría y sería como un hombre cualquiera,.
Dalila comprendió entonces que le había abierto todo su corazón, mandó llamar a los tiranos de los filisteos y les dijo:
-Venid esta vez, pues me ha abierto todo su corazón.
Y los tiranos de los filisteos vinieron donde ella con el dinero en la mano. Ella hizo dormir  a Sansón sobre sus rodillas y llamó a un hombre que le cortó las siete trenzas de su cabeza. Entonces comenzó a debilitarse y se retiró de él su vigor. Ella le gritó:
- Sansón, los filisteos contra ti.
El se despertó de su sueño y se dijo "saldré como las otras veces y me desembarazaré". No sabía que Yahvéh se había apartado de él. Los filisteos le echaron mano, le sacaron los ojos, y le bajaron a Gaza. Allí le ataron a una doble cadena de bronce y tuvo que dar vueltas a la muela en la cárcel.
Pero el pelo de su cabeza, nada más rapado, empezó a crecer. Los tiranos de los filisteos se reunieron para ofrecer un gran sacrificio a su dios Dagón y hacer una gran fiesta. Decían:
- Nuestro dios ha puesto en nuestras manos
a Sansón nuestro enemigo.
Al verle la gente alababa a su dios diciendo:
-nuestro dios ha puesto en nuestras manos
a Sansón nuestro enemigo,
al que devastaba nuestro país
y multiplicaba nuestras víctimas.
Y como su corazón estaba alegre, dijeron:
- Llamad a Sansón para que nos divierta.
Trajeron, pues, a Sansón de la cárcel, y el les estuvo divirtiendo; luego le pusieron de pie entre las columnas. Sansón dijo entonces al muchacho que le llevaba de la mano:
- Ponme donde pueda tocar las columnas en las que descansa la casa para que apoye en ellas.
La casa estaba llena de hombres y mujeres. Estaban dentro todos los tiranos de los filisteos y, en el terrado, unos tres mil hombres y mujeres contemplando los juegos de Sansón. Sansón invocó a Yahvéh y exclamó:
-Señor Yahvéh, dígnate acordarte de mi, hazme fuerte nada más que esta vez para que de un golpe me vengue de los filisteos por mis dos ojos.
Y Sansón palpó las dos columnas centrales sobre las que descansaba la casa, se apoyó contra ellas, en una su brazo derecho, en la otra su brazo izquierdo, y gritó:
-Muera yo con los filisteos!
Apretó con todas sus fuerzas y la casa se derrumbó sobre los tiranos y sobre toda la gente allí reunida. Los muertos que mató al morir fueron más que los que había matado en vida. Le subieron y sepultaron en Sorá y Estaol, en el sepulcro de su padre Manóaj. Había juzgado a Israel por espacio de veinte años.