COVADONGA
 

LLEGADA LA PLENITUD DE LOS TIEMPOS……
Leía yo la Primera a los Corintios cuando nos llega el angustioso reclamo de Cayo, ínclito director de nuestra revista, y asoma la ocurrencia de parafrasear a S. Pablo para animar a todos a testimoniar con nuestras muy abundantes experiencias la presencia en nuestro caminar del Espíritu de Jesús. No vale decir que faltan ideas; solo unos momentos de concentración y dejando hablar al corazón, afloran personas, hechos, detalles que se transcriben “con la gracia que Dios dio a cada uno”, no con la sabiduría del mundo, “pues la ciencia hincha, en cambio el amor edifica”, sino con palabras sencillas al estilo del Nazareno.
“Escaleyaba” esta última temporada por los pueblos y minúsculas aldeas de los montes de Piloña y Parres; de puerta en puerta, del adusto adulto a la infatigable anciana, porque niños y jóvenes apenas hay; una rápida mirada al agreste paisaje que recorría y a los no lejanos picos del Parque de Covadonga. En mi último paseo misionero me encuentro, entre otros, con aquel anciano a la puerta de la cuadra que me atiende sorprendido y desahoga sus penas de soledad, casi total sordera y poco menos ceguera, con un cáncer galopante y justificando un previsible suicidio; las palabras son inútiles, pero los gestos de escucha, comprensión y amistad fueron suficientes para una despedida afectuosa, recuperadora. Estaba al final del planificado trayecto y de la carretera: era lejos y el tiempo apremiaba; me queda un barrio más alejado que ya no puedo visitar; he de marchar con pena, pero nunca me falta el consuelo providencial: allí en un huerto se afana una anciana; la saludo con breve presentación personal y del libro que le ofrezco; educada y encantada, se presta voluntaria a repartir hasta seis libros a quienes ella trataba. Emocionado, la felicito como colaboradora de Jesús y una despedida hasta el corazón de Dios. “Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que anuncia buenas nuevas….” (Is.52,7). Este tipo de experiencia es de las más reconfortantes, en medio tan pobre; no es de extrañar que Jesús también lo prefiriera; así es que “lo plebeyo y despreciable del mundo ha escogido Dios; lo que no es, para reducir a la nada lo que es”.
Dependiendo de variedad de circunstancias, nuestra vida ha pasado por diferentes etapas; pero, qué bueno “que cada cual permanezca ante Dios en la condición en que fue llamado”; y “todos fuimos elegidos y justificados por el Señor Jesús para gloria del Padre”. “El tiempo apremia y la representación de este mundo pasa; ya es hora de actuar con una entera libertad, pero que esta no sirva de tropiezo para otros más débiles en la fe. Corramos la última etapa con la satisfacción del sello de testimonio del Señor que en muchos hemos dejado; es una gloria que nadie nos quita, aunque mejor la vivimos como un deber, pues somos espectáculo para muchos”.
Excepto Ceferino, ya no podemos subir a la Cruz de Pelayo, como nos gustaba llamarla y conquistarla; pero aún “pasando por el crisol del sufrimiento, que no ha sido superior a la medida de nuestras fuerzas”, sigamos como él – nuestro enlace y promotor- por el “Camino” trazado, sinuoso y pedregoso y “bebamos en la fuente de la roca que es Cristo”; juntos llegaremos a la cima “donde compartimos y comemos el pan que nos hace uno en el cuerpo de Cristo”.
Angel Solís Alvarez
Marzo 2020