BREVE GUÍA DE COVADONGA.[1]
LA SANTA CUEVA
.




La abundante bibliografía sobre Covadonga no ha resuelto definitivamente los grandes interrogantes planteados en torno al hecho histórico, personajes que en él participaron y desarrollo posterior de estos eventos. Parece que hoy nadie duda de la existencia de una realidad auténtica: Covadonga aparece siempre como lugar donde comienza a decaer la invasión musulmana. Allí hubo sin duda algún tipo de batalla, escaramuza, alzamiento y en el origen siempre aparece don Pelayo. Otras preguntas serán de muy difícil precisión. ¿Existía ya culto en Covadonga antes de la aparición de Pelayo? ¿Realmente hubo una gran batalla de doscientos o trescientos montañeses bajo el mando de Pelayo contra muchísimos musulmanes (cientos de miles se ha llegado a decir)? Distintas han sido las repuestas a estos interrogantes a lo largo de la historia. ¿Hubo intervención sobrenatural? ¿Actuó Pelayo movido por el deseo de defender la fe de los suyos ante el invasor musulmán? ¿Defendía simplemente sus posesiones amenazadas? Entre historia o invención, tradición o leyenda, Covadonga ha ocupado y ocupa el corazón de los asturianos. Tal convergencia de tantos

parece indicarnos una indudable realidad.






Este poema de Fray Jesús Delgado nos puede situar en el lugar y el momento en que se inicia nuestra historia:
La Virgen de la Cueva.
Hay en Asturias un monte,
y en ese monte una cueva,
y en esa cueva una Virgen,
que toda España venera....
Desde el valle hasta la gruta
sube una escala de piedra;
¡parece un puente sagrado,
que junta el cielo y la tierra!
Al pie de la ingente roca
brota un raudal de agua fresca:
como es agua de la Virgen
¡quita al que bebe las penas!..
En una narración de finales del siglo XIX (JDM. Covadonga (narración histórica, 1899) se presentan así el lugar histórico de Covadonga:
Púsose en planta el proyecto aquel mismo día, y el pueblo en masa se trasladó a un monte llamado Auseba, distante dos leguas de Cangas. Nadie quedó en el llano, y por tanto, pronto se poblaron las crestas del Auseba. Los cristianos pasaron a la cueva de Covadonga, que podía contener unos 200 combatientes, a la que se retiró Pelayo con cuantos hombres de armas cabían allí, colocando a los demás entre los bosques y malezas que cubrían la escarpada falda de los dos cerros...
Sostienen algunos que Alfonso I fundó el monasterio y la capilla de la cueva, que según la tradición llegó así hasta el siglo XVII, aunque, como veremos, el insigne viajero Morales no cree ciertamente que la madera haya durado tanto tiempo. A esta capilla se la llamó Milagro de Covadonga, porque milagro parecía que aquellas maderas se sostuviesen sin ningún otro material.
Así nos recuerda Constantino Cabal (Covadonga, 1918) el “Milagro de Covadonga”.
El suelo de la cueva era pequeño, y para hacerlo mayor, fijáronse en la peña varias vigas, que se empinaban audazmente en el espacio. Sobre ellas, asentóse la pared de madera que cerraba totalmente la cavidad, salvando sólo unos huecos a manera de ventanas para que por ellos penetrase la luz. Y era la construcción tan atrevida, volaba tanto hacia afuera, y asombraban de tal modo su rustiquez y endeblez, que se juzgaba prodigio el que no se derrumbase.
La puerta para entrar en la Iglesia estaba abierta en la roca, en el mismo lugar de la de hoy, y se llegaba hasta ella por unos pasos de piedra, completado con maderos. De tres ojos de la roca, el primero, más alto que la cueva y abierto casi encima del altar, se precipitaban estrepitosamente tres chorros de agua; y de una larga abertura de debajo, un largo chorro a modo de cortina, de cascada, de torrente





Luis Menéndez Pidal describe así el lugar: la Cueva aparecería allá arriba, mucho más alta que ahora desde su base, que fue elevada con sucesivos rellenos hechos por el hombre en el curso de los siglos... Esta vía iba entonces mucho más baja que la actual carretera. El mismo Pidal nos recuerda la Crónica del Silense:... monte Auseva, en cuya base cierta roca fortalecida naturalmente y no por obra de artífice, cierra una gran cueva absolutamente inexpugnable a toda máquina de guerra enemiga, en su concavidad caben cerca de mil hombres, para cuya protección no se necesita arbitrio alguno. ..(lo mismo dice la Crónica de Alfonso III, en cuanto a la cabida).  Cabida exagerada (añade Pidal), pues hoy, que tiene mayores dimensiones por las alteraciones habidas, no puede dar abrigo ni a la mitad del número de hombres allí consignados (según la mayoría de las crónicas árabes que parecen más cercanas a la realidad la cabida de la cueva sería de unas trescientas personas).






Sigue Pidal: antes de la actual expansión de la Cueva se llegaba a ella por un volado corredor de madera encajado en la roca, que el coro contaba con trece sillas y el retablo estaba formado por cuatro columnas, antorchados a los lados, y en el centro la imagen de N. Señora en su caja, sobre un trono de bulto, de madera, estofado de plata, al igual que la media luna que soportaba la imagen.





Según el el Padre Medrano: (1743) “parece que en el antiguo templo del milagro, construido con rústicos maderos, existían dos imágenes de María, una regalada, según tradición por la Iglesia de Oviedo, a cambio de la Cruz de la Victoria, y la otra, la primitiva, llamada siempre María Santísima de las Batallas. La primera era de talla, sin vestido de tela, y estaba en un altar inferior del Santuario donde se decía misa cuando el concurso de las gentes no cabía en la capilla donde estaba la imagen primitiva. La original y verdadera estaba colocada en el altar mayor del Santuario, recibía el culto de los fieles desde tiempo inmemoriales”.
El viajero y cronista que mejor y más detalladamente ha descrito el estado de la Cueva en el siglo XVI ha sido Ambrosio de Morales, enviado por Felipe II para visitar y comprobar el estado de monasterios, iglesias, santuarios, etc.[2]
Veamos la descripción de Morales: Esta peña es la de Covadonga… Como a dos picas del pie está una como ventana muy grande, que entrándola la peña adentro, aunque no mucho, hace cueba harto abierta como en arco por lo alto, y suelo llano donde podían caber quando mucho hasta trescientos hombres y esto con harta estrechura…
“Desde el llanito del pie de la peña hasta el suelo de esta cueva se sube ahora por dos escaleras, o tres, parte de piedra y parte de madera, labradas todas a mano, con haber en todas noventa escalones. Así parece que hay desde el llanito al suelo de la cueva pica y media, o más, y la abertura o ventana tiene como una pica de su suelo lo más alto de su arco, y desde allí hasta lo más alto de la peña y de la montaña que es poco menos yerta y enriscada que en ella, hay una altura espantosa.



Para hacer iglesia en la misma cueva, porque el suelo era muy pequeño (habiendo hecho las escaleras ya dichas de piedra y madera para la subida) encajonaron en la peña vigas, cavando agujeros, los cuales vuelan tanto sin ningún sosteniente, que parece milagro no caerse con todo el edificio, y de esto tiene temor quien mira abajo. Quedó ya así suelo, parte de la peña y parte de esta madera, para hacer una iglesia que no tiene aún treinta pies de largo, porque aunque la cueva es algún tanto más larga, no toda tuvo altura bastante, y hay covachas y otras entradillas, que no quisieron picar, a lo que yo creo, por dejar lo más que ser pudiese de lo natural. Hay forma de capilla mayor con un arco labrado de piedra, y otro al lado, que parece hace nave, mas todo tan pequeño, que estando el sacerdote y el ministro en la misa, no cabe nadie más dentro de la capilla.
“Esta Iglesia dicen que labró el Rey don Alfonso el Casto de la manera que ahora está y que así dura desde entonces milagrosamente, sin podrirse la madera. Dios más que esto puede hacer, mas yo veo manifiestas señales en todo de obra nueva, y no de tiempo de aquel Rey.
Incendio y destrucción de la Capilla vista por Morales. Seguimos aquí a Constantino Cabal[3]:
El 17 de octubre del año 1777 amaneció el santuario hecho una hoguera. No se conoció la causa, pero atribuyóse a un rayo. El fuego lo invadió todo con tan extraordinaria rapidez, que ni aun pudieron salvarse las incontables alhajas que la iglesia de la cueva poseía.
Un romance nos recuerda este famoso incendio[4]:
El incendio del antiguo templo de Covadonga:
El templo que en Covadonga
el “milagro” se llamaba
hace ya más de cien años
que fue preso de las llamas.
El milagro le llamaban
y un milagro parecía
verle ostentar en el aire
su belleza y gallardía.
Fuertes vigas que en la peña
colocaron con valor
eran el solo cimiento
del templo que se quemó...
El Rey Carlos III encarga entonces al arquitecto D. Ventura Rodríguez la construcción de una gran Iglesia en la Cueva para evitar otro posible incendio. Dibujó un proyecto extraordinario que pretendía levantar una gran Iglesia delante de la Cueva, de forma que a la altura de la imagen de la Santina, a través de una enorme cristalera, los fieles pudiesen ver a la Virgen.
El proyecto de D. Ventura Rodríguez:
... Hízose el plan con toda explendidez, y D. Ventura Rodríguez comisionó para realizarlo al arquitecto D. Manuel Reguera. Las obras se principiaron en el año de 1781. Se agotaron dos millones... y ni aun pudo acabarse el pavimento del que sería panteón y serviría de basa de la iglesia. Y los trabajos cesaron el día 20 de octubre del año 1792... Las causas del abandono del proyecto, además del gasto del dinero recaudado, fueron la oposición tanto del Cabildo de Covadonga, como del de Oviedo, porque se perdía la magnificencia y esplendidez de la naturaleza. Zacarías García Villada, en 1922, nos presenta esta descripción del proyecto de 1777: Ventura Rodríguez no quiso poner mano en lo tradicional, y respetando la Cueva como estaba, proyectó fuera de ella, sobre el sitio que hoy ocupa la explanada del Pozón, un templo sepulcro compuesto de dos cuerpos, uno destinado a Panteón de Pelayo y de los canónigos, cuya cima, a un andar con el piso de la “casa de las novenas” (hoy colegiata antigua y hospedería) sirviera de suelo a un templo suntuoso, de estilo grecorromano, que se elevaba por delante de la Cueva, aunque separado de ella hasta unos 6 metros de la fachada posterior, provista de una gran abertura o ventana, por la que, los fieles situados en el centro de la Iglesia podían ver la imagen que se colocara en la antigua capilla.
Como dice Acacio Cáceres[5]:  “... fue rechazado (el proyecto de Ventura), por fortuna, pues la famosa Cueva Longa en su estado salvaje y natural es el mejor santuario y el más grande y heroico monumento de cuantos puede levantar el arte a la Virgen, al héroe y a su gloria”.
En una placa se encuentra el recuerdo de estas obras;
REINANDO LA MAGESTAD /
DE CARLOS III Y SIENDO
ABAD DE ESTA SU REAL COLEGIATA
Dº NICOLÁS ANTONIO
CAMPOMANES Y SIERRA
SE FABRICARON LAS ESCALE-
RAS DE ESTA IGLª EL PAREDS Q
LA SSOSTI[NE] LOS PUENTES DEL
MOLINO Y BAJO DEL SAN-
CTUARº Y LAS CALZADS
DESDE LA RIERA HAS-
TA ESTE SITIO
AÑO DE 1777.
Desde 1792 hasta 1820 hay unos años de abandono casi total del Santuario. En esta última fecha “se construye en la Cueva otro voladizo pavimento de fuertes maderas al aire “ ( M. Pidal, La Cueva de Covadonga, p. 97). En 1858 se presenta ante Isabel II, en su visita al Santuario, un nuevo proyecto de D. Nicolás Castor Caunedo, un tanto fantástico.
El Obispo Sanz y Forés, dos años después de su llegada a Oviedo en 1868, comienza la restauración de Covadonga, después de haber lamentado públicamente el estado calamitoso de la Cueva. En 1870 ce coloca la primera piedra de la nueva capilla de la Cueva, también llamada el “Camarín”, con diseño y realización de Roberto Frassinelli, un alemán que se enamoró de Covadonga y sus montañas y se quedó a vivir en Corao. Esta capilla, imitando el estilo prerromántico en sus arcos, estaba construida en madera y escayola. En el frente se tallaron los doce apóstoles[6].
Dentro del camarín se encuentra la imagen de la Virgen. Es una talla tosca de madera policromada del siglo XVI que fue realizada para mostrarse sin ropaje, ya que en la propia talla viene dibujada su vestimenta. Sin embargo, la del Niño corresponde al siglo XVIII ya que fue realizada en 1704. La anterior imagen de la Virgen era sedente, mientras que la actual aparece erguida y ha sido donada por el Cabildo de la Catedral de Oviedo en el año 1778
En un pueblo del Norte de Burgos llamado Cillaperlata existe una imagen que se dice que es réplica de la que aquí existió; sin embargo, anteriormente tuvo que existir otra imagen de estilo románico que sería la que Pelayo se encontró al refugiarse en la Cueva.
El altar que había en el Camarín o capilla de la Cueva se ha llevado al panteón de la Real Colegiata de San Fernando al efectuarse las obras de restauración de la Cueva. Está situado dentro del claustro de la misma; en él están enterrados algunos de los abades y canónigos del Santuario. Este lleva tallado en su frontal una cruz con las letras Alfa y Omega, símbolos característicos de la Cruz de la Victoria.
Otro viajero[7] a finales del siglo XIX nos describe así la Cueva:
Para llegar a este lugar venerado, hay que pasar por un humilde monasterio, fundado por primera vez, ya que ha sido varias veces reconstruido, por el rey Alfonso I. Se sube a la famosa Cueva por una hermosa escalera de mármol. La gruta tiene una abertura de unos 11 metros, unos 6 o 7 de profundidad y 3 o 4 de altura.; las paredes, tanto en los laterales como en la bóveda, son rocosas y desiguales; la roca forma una parte del suelo, la otra parte está compuesta de un entarimado, suspendido sobre la cascada, por las vigas que se fijan sólo a un extremo de la roca. Fue allí donde Pelayo se refugió con sus trescientos guerreros, donde libró el ataque... Una balaustrada situada en la parte delantera del entarimado conduce a una modesta capilla, iluminada a través de un reducido ventanuco, donde los peregrinos veneran a una antiquísima imagen de Santa María de Covadonga.
.. Se había construido una capilla delante de la gruta, pero era de madera y un incendio la destruyó en 1777...
Y don Manuel Llorente Vázquez, sobre 1890;
... A unos 25 m. de la cueva suspéndese de un extremo a otro de ella, en toda su anchura, una especie de puente o galería hecha con tablas, con un frágil antepecho; y a un extremo de este puente, y en una pequeña y demasiado modesta capilla, se halla la imagen de Santa María de Covadonga, toda cubierta de rosarios, cintas, uniformes y otros objetos. Y enfrente de ella, en una pequeña y sombría gruta tapizada de musgo, está la tumba del héroe godo.
En el primer tercio del s. XX, el viajero Alfonso Pérez Nieva describe así lo que vio: La bóveda (de la gruta de la Virgen) se acaba enseguida; el techo de la escalera se convierte de improviso en roqueño; es un trozo de peña viva, lo cual le tiene sin cuidado al sacristán que sube escalón por escalón y como si llevara una tonelada en cada zapatilla de orillo..
El interior de la histórica gruta es fácilmente abarcable de una ojeada. La cueva parece abierta a un tercio de altura de la enorme peña en que se enclava, en el Monte Auseva, como a unos 30 m. sobre el nivel del suelo, y descansando en los salientes picos de sus fauces inferiores se ha tendido un pavimento de tablas, limitado por una barandilla que defiende a los flojos de cabeza de la atracción del vértigo; esta barandilla engárzase por un lado en la roca y por otro en una capillita de madera que sirve de albergue a la Virgen, y que debiera de proscribirse del lugar por atentatoria al buen gusto. La imagen estuvo en tiempos sobre una mesa con sabanilla entre dos velas, sin más hornacina que la labrada por la misma naturaleza, y así resultaría llena de majestad en su suprema sencillez. En fecha reciente la piedad ha instalado a la milagrosa efigie en un casetón de mal gusto y de extravagantes colorines la bizantina vivienda actual de la dulce Señora (se refiere sin duda a la capilla de Frassinelli).
Muy distinta era la opinión de Sanz y Forés al despedirse para trasladarse a Valladolid: Vosotros los sabéis, después de restaurar lo arruinado, y embellecer aquel glorioso y venerando sitio, proyectamos levantar un templo digno...
Zacarías GARCÍA VILLADA (Covadonga en la tradición y en la leyenda, Razón y Fe, Madrid, 1922) ve así la Cueva en 1922:
El Santuario actual: con D. Máximo de la Vega y Roberto Frassineli, el 29 e abril de 1879 se puso la primera piedra y el 6 de septiembre del mismo año se bendijo la capilla de la cueva. La capilla es una imitación del arte romano-bizantino. Al exterior se asemeja a un castillo medieval, al que conduce un largo corredor defendido por una balaustrada compuesta de arquillos lobulados. En el interior hay tres arcos de medio punto, apoyados en dobles columnas y flanqueados por pilastras a modo de contrafuertes. Sobre ellos corre una arquería decorativa de doce huecos, ocupada por la figura de doce apóstoles y encima de ellos otras decoraciones por el estilo. En el fondo hay un diminuto ábside, en cuya concavidad está la imagen de la Virgen. La extensión de la cueva es de unos 12 metros de largo por 10 de fondo. Y allí se dice que están los restos de Pelayo y su mujer Gaudiosa y los de Alonso I y su mujer Hermesinda.En general se ha procurado conservar la aspereza de la cueva, pero no faltan quienes hubieran deseado que se hubiera dejado todo como lo presenta la naturaleza, sin hacer más que aquellas obras indispensables exigidas por el culto.
Fue D. Félix Granda el orfebre de la corona y del trono:
Y a los pies de la virgen de Covadonga tratamos en un relieve, más que la escena la representación simbólica de la Reconquista: Pelayo, arrodillado y abrazado a la cruz de la victoria, y en torno suyo los compañeros, los héroes,..
Descripción del trono y las coronas: En el centro aparece el pedestal sobre el que se destaca la Virgen; a los lados, cuatro figuras de leones heráldicos muestran escudos episcopales y sostienen dos grupos de cuatro columnas. Treinta y dos estatuitas de patriarcas, reyes y descendientes de la casa de David, representan la genealogía de María; sobre los capiteles, un arco decorado, y en los ángulos, dos Ángeles, cuyas alas cubren completamente las enjutas; sostienen sus manos las cruces de la Victoria y de los Ángeles.
En las puertas, que forman con el trono un tríptico y con las que se cerrará este, una moldura que forma los recuadros, decorada con motivos de la flora local; en la parte baja, unos cuadros divididos por fajas ornamentales y dentro de los espacios representaciones de animales, fantásticos unos, prehistóricos y de la fauna asturiana, otros,..
En la Revista Covadonga, a finales de 1923, se hace una especie de concurso de ideas o plebiscito con la finalidad de cambiar el “Camarín” que no gustaba a casi nadie. Hay varios artículos de arquitectos, ingenieros, profesionales y gente corriente dando opiniones sobre los posibles cambios. También hay un concurso de arquitectos.
Habiendo sufrido diversos desperfectos en los años treinta el “Camarín”, en 1938 se constituye el Patronato por Covadonga. Se acuerda derribar el “Camarín” existente, obra de Sanz y Forés y de Frassinelli.
En 1936 se suspende el culto en Covadonga. Se reanuda en 1937, sin la imagen de la Virgen que había pasado distintas vicisitudes en el intento de preservarla, acabando en la embajada de París de donde volvió con total solemnidad a su paso por el Principado.
La Santa Cueva en la actualidad
La última reforma, que comienza tras finalizar la Guerra Civil Española, es de mediados de los años cuarenta y se debe al insigne arquitecto D. Luis Menéndez Pidal, Miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y Arquitecto Conservador de Monumentos Nacionales…
En la actualidad se puede llegar a la Cueva por las escaleras del “perdón” o de las “promesas” con sus 105 escalones actuales y también por un túnel que se hizo excavar en 1908 desde la explanada que está situada cerca de la Basílica. Este túnel de acceso fue construido en 1908 por D. César García de Castro. Durante las obras de Menéndez Pidal, debido a la fuerte masa de aire que entraba por el túnel, se abrió un gran hueco con vistas a la Basílica en el cual se colocaron tres cruces de piedra. Las cruces llevan la inscripción del año en el que fueron colocadas: MCMXLIV.
Dentro de la Cueva se venera la imagen que el Cabildo de la Catedral de Oviedo había donado después del incendio de 1777. La imagen de la Virgen está colocada fuera, en la parte más próxima al fondo de la Cueva y puede ser visible desde la explanada construida bajo la misma y a continuación del estanque. Para separar la imagen de la Virgen de la roca, se levantó una exedra circular. El altar es de piedra y lleva en su frontal una representación alegórica e idealizada de la batalla de Covadonga. Es una escena en que lo referente al cielo está en color celeste; los cristianos aparecen en plata y los musulmanes, en bronce. En el centro y a lo alto de éste aparece la imagen de la Virgen rodeada de ángeles que descienden en ayuda de los cristianos, los cuales, abanderados por Pelayo repelen el ataque de las tropas islámicas. Sobre la cabeza de la Virgen puede leerse la siguiente leyenda: EXVRGE – DOMINE – IVDICA – CAVSAM - TVAM (Levántate, Señor; juzga tu causa). En la exedra semicircular están representados (en unos arcos, imitación del prerrománico) los distintos reyes de la monarquía asturiana entre los que se encuentran Pelayo, Alfonso I, Fruela I, Alfonso II, Ramiro I, Ordoño I y Alfonso III. Forman un círculo en torno a la Virgen. En el frontal están los cuatro arcángeles: Miguel, Rafael, Cabriel y Uriel.
Tanto el frontal como la exedra fueron labrados por Juan José García, siendo quizás, en los años en que realizó estos trabajos, el más elevado representante de la orfebrería en España.
La capilla actual que sustituye la de Frassinelli, en la parte más opuesta a la entrada de la Cueva, es de los años cuarenta, obra de Menéndez Pidal.. Es de línea clásica, de estilo neorrománico; dentro acoge el Sagrario y está cubierta de madera dorada y policromada por el artista valenciano Juan Talens. En sus muros laterales interiores tiene la siguiente inscripción:
A MATRE – QUIDEM – VICTORIAM :
A FILIO VERAM NUTRITIONEN AD
VIAN SUSCIPIENTES
EX ADIPE – ENIM – FRUMENTI CIBAVIT-
ET DE PETRA MELLE SATURAVIT.
(Recibiendo de la madre la victoria – y - por
medio de ella - del hijo, el verdadero alimento
para el camino - pues les alimentó con abundancia
de trigo y los hartó con miel de la roca).
La inscripción, al igual que la de la pila de agua, fue realizada por el M. I. D. Martín Andréu Valdés, canónigo de Covadonga. La campana de la capilla ha sido realizada según el diseño de Menéndez Pidal y regalada por el Ayuntamiento de Gijón el día de su voto a la Santina. Fundida en los talleres Adaro de la misma villa, en su aleación se emplearon diez kilogramos de plata. Lleva una inscripción realizada por el escritor de Gijón D. Eduardo Bonet en la que dice lo siguiente:
LLAMO AL PEREGRINO A LA MORADA DE SANTA
MARÍA DE COVADONGA, INSPIRADORA DE PELAYO,
REY DE GIJÓN.
DONADA POR EL ILTRE. AYUNTAMIENTO DE
GIJÓN. EN CONMEMORACIÓN DE SU VOTO
A COVADONGA – VII – SEPT – MCMXLIX.
En su parte delantera lleva el Escudo de Gijón y en la posterior la Cruz de la Victoria.
Esta Capilla se utiliza como Sacristía y, a veces, por el invierno, se dice misa en ella cuando acuden pocas personas.
Hay también, en la Cueva, entre la capilla y la imagen de la Virgen, un sillón episcopal, sobre dos osos, obra del escultor Gerardo Zaragoza, tallado en piedra marmórea rojiza extraída del propio monte Auseva; en el respaldo lleva el anagrama de Cristo. Y en los laterales lleva el nombre de los Obispos que pasaron por el gobierno de la Diócesis de Oviedo en el tiempo que duró la obra de la Santa Cueva, Arce Ochotorena, Arriba y Castro, Lauzurica y Torralba.
El ambón del Evangelio, construido en bronce dorado, tiene forma de águila y ha sido una ofrenda del Ayuntamiento de Avilés a la Santina. Es del mismo autor que hizo las puertas de entrada. Lleva la siguiente inscripción:
OFRENDA A LA SANTISIMA VIRGEN DE
COVADONGA DEL EXCMO. AYUNTAMIENTO
DE AVILÉS Y SU CONCEJO.
8 DE SEPBRE. MCML
AVE MARIA, GRATIA PLENA, DOMINUS TECUM.
Excavados en la roca se encuentran el sepulcro de Pelayo, su esposa y su hermana (entrando a la derecha). Aunque originariamente Pelayo fue enterrado en una iglesia cercana, llamada Santa Eulalia (o Santa Olaya) de Abamia (Corao), posteriormente sus restos fueron trasladados a la Santa Cueva en tiempos de Alfonso X “el Sabio”. Pudiera ser que se llevara sólo algún resto, porque según comenta el Conde de la Vega del Sella, en su obra, El dolmen de la Capilla de Santa Cruz, (Memoria núm. 22. Junta para la Ampliación de Estudios, 1919, pp. 37-38): “Según versión oída a un testigo presencial, en la visita que hizo el Rey Alfonso XII al Santuario de Covadonga, fueron examinados los sepulcros que allí se encuentran, no hallándose en el de Pelayo más que un fémur de grandes dimensiones y una chapa delgada de plata en forma de doble cinto”.
En un principio debió ocupar el sepulcro un lugar en el centro de la cueva, siendo trasladado después del incendio de 1777 al lugar que hoy ocupa. Desde entonces, sólo se han hecho en él pequeñas variaciones en su cerramiento. La inscripción que hay en su tumba dice lo siguiente:
AQVI YAZE EL S REY DON PELAIO
ELLETO EL ANO DE 716 QVE EN
ESTA MILACROSA CVEBA COME
NZO LA RESTAURACION DE ESPA
NA BENZIDOS LOS MOROS FALLECIO
ANO 737 Y LE ACOPAÑA SS MVSER Y ERMANA
(Aquí yace el señor rey don Pelayo,
electo en el año de 716 que en
esta milagrosa cueva comenzó
la restauración de España.
Vencidos los moros, falleció
en el año 737 y le acompañan su mujer y su hermana).
La fecha que fue grabada como año en el cual le proclamaron rey no coincide con la que suelen dar los historiadores que es la del año 718.
Más oculto, detrás del altar, se encuentra el sepulcro del yerno de Pelayo, Alfonso I, con su mujer, hermana del rey Favila. Está Situado en una covacha que se adentra por la derecha entre el sepulcro de D. Pelayo y la imagen de la Virgen. Fue devuelto a su anterior emplazamiento durante la reforma realizada por D. Benito Sanz y Forés y la inscripción es la que sigue:
AQVI YAZE EL CATOLI
CO Y SANTO REI DON
ALONSO EL PRIMERO
I SV MVGER DONA ERME
NISENDA ERMANA DE DON
FAVILA A QVIEN SVZEDIO.
GANO ESTE REI MVCHAS VI
TORIAS A LOS MOROS. FALLECIO
EN CANGAS ANO DE 757.
En la antecueva hubo un altar barroco con retablo y con la imagen de San Melchor, primer santo asturiano. Este altar vino del Monasterio de Valdediós. Con ello se pretendía dar carácter religioso a este espacio de acceso a la cueva. Hoy el altar y el retablo se encuentran en la Colegiata de San Fernando (actualmente Casa de Ejercicios) y la imagen de San Melchor en la Basílica cerca de la Sacristía. En estos momentos, después de haber sido utilizado para las ofrendas de velas, está totalmente vacío (la ofrenda de velas se desplazó a la entrada del túnel de acceso a la Cueva). Sería conveniente ocupar este espacio de la antecueva quizá con un altar como antes o con alguna otra finalidad.
Al final de la escalera de la “promesa”, a la derecha, antes de entrar en la Antecueva, hay un medallón con la efigie de Juan XXIII, también del escultor Gerardo Zaragoza, que recuerda la visita realizada en 1954 por el Cardenal Patriarca de Venecia, Giusseppe Roncalli, futuro Juan XXIII. La inscripción es la siguiente:
“YO AMO A LA MADONNA DE COVADONGA COMO LA AMÁIS VOSOTROS LOS ASTURIANOS. TENGO SU IMAGEN EN MI DORMITORIO Y PARA ELLA ES MI PRIMERA ORACION DE LA MAÑANA”.
La puerta de entrada a la antecueva desde la escalera del “perdón” o de la “promesa”, especie de veja-puerta, es obra del cerrajero de Toledo D. Julio Pascual y en ella podemos leer la siguiente inscripción:
AQUÍ, AL NOMBRE DE LA MADRE DE DIOS,
DE ENTRE LAS ROCAS, SOBRE LAS CUMBRES,
SURGIÓ ESPAÑA.
En la antecueva, a la derecha, existe una gran pila de agua bendita,en piedra, con la siguiente inscripción del canónigo del Santuario el M. I. D. Martín Andréu Valdés y que dicen lo siguiente:
+ SANCTA * ET * INNOCENS * CREATVRA
AQVAE * SITIENTI * POPVLO * DE
PETRA * PRODVCTA+
+ IN * NOMINE PATRIS + ET FILII +
ET SPIRITUS SANCTI + AMEN +
(“Santa e inocente criatura del agua sacada de la roca para el pueblo sediento. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén”).
Enfrente hay dos lápidas que recuerdan la visita de la Reina Isabel II al Santuario. La de la derecha dice:
EL DÍA 28 DE AGOSTO DE 1858
VISITARON ESTA SAGRADA CUEVA
SS. MM. Y AA. RR. LA REINA DE ESPAÑA
DÑA ISABEL II, SU AUGUSTO ESPOSO
D. FRANCISCO DE ASÍS
Y LOS SERENÍSIMOS SEÑORES
D. ALFONSO, PRÍNCIPE DE ASTURIAS,
Y Dª. MARÍA ISABEL FRANCISCA DE ASÍS,
INFANTA DE ESPAÑA.
EN DICHO DÍA Y EN ESTE MISMO SITIO
LES FUE ADMINISTRADO A SS. AA. RR.
EL SACRAMENTO DE LA CONFIRMACION
La de la izquierda:
EL 28 DE AGOSTO DE 1858
DESPUÉS DE RECORRER
APOSTÓLICAMENTE TODA ASTURIAS
SAN ANTONIO MARÍA CLARET,
PEREGRINO DE LA SANTINA,
CELEBRÓ LA EUCARISTÍA
EN ESTA SANTA CUEVA.
Subiendo los nueve peldaños que hay hacia la cueva encontramos otra puerta de hierro forjado construida en los talleres de Lorenzana, de Oviedo, siendo la crestería, friso y cerrojo realizados por el anteriormente nombrado D. Julio Pascual. Su inscripción por el lado de la antecueva es la siguiente:
* SANCTA MARIA DE COBADONGA ORA PRO NOBIS *
Y ya dentro de la Cueva:
*AVE MARIA - GRATIA PLENA,
DOMINVS TECVM, BENEDICTA TV
IN MVLIERIBVS *
Una vez dentro de la Cueva y a nuestra derecha existe una inscripción casi imperceptible para el visitante que dice:
“En Covadonga nació la Institución Teresiana
fundada por Pedro Poveda
Canónigo de este Cabildo
1906 -1913”
(Continuará)
Cayo González Gutiérrez
Javier Remis Fernández
[1] Iniciamos con este número una Guía de Covadonga, cuya finalidad es que el lector de la Revista que visite Covadonga pueda conocer mejor la historia, evolución y descripción de los principales monumentos. Esta Guía abarcará también la descripción de todo el entorno de Covadonga y sus montañas con fácil acceso desde el Santuario. Naturalmente el sitio ideal y obligado para comenzar esta Guía es la Santa Cueva.
[2] MORALES, Ambrosio de (1513-1591), Viage a los Reinos de León y Galicia y Principado de Asturias, Oviedo, 1977, 224 pp. (Reproducción facsimil de la de Madrid de 1765. Después dirá Martín Andreu que “nada queda –puede decirse- fuera de algunas piedras, nada queda de lo que él vio en aquellos días”. Pocas referencias sobre Covadonga antes del incendio de 1777quedan. Se han perdido las referencias del del viajero alemán Rickel o Ryckel, que publicó en 1525 su historia de Covadonga, bastantes años antes de las conocidas alusiones del “Viage” de Ambrosio de Morales.
[3] CABAL, CONSTANTINO. Covadonga, historia y leyendas, 384 pp., MADRID, 1918.
[4] CORTÉS LLANOS DE PENDÁS, Antonina, Romancero de Covadonga; 1899. 59 PP. Una flor de Covadonga.
[5] CÁCERES PRAT, Acacio, Covadonga. Tradiciones, historias y leyendas, 1887.
[6] También describe este Camarín D. Félix Pío de Aramburu en Asturias, de Bellmunt y Canella, tomo I, páginas 37 y 38
[7] GERMOUD DE LA VIGNE, A. (1812-1896).