Sí, Madre: vamos perdiendo nuestros harapos al compás del cumplimiento de años; lo que hace poco, con orgullo nos vestía, es ahora una nada o incluso una malquerida.
Las cosas e intereses nos olvidan, antes que el apetito quería; pero esto es poco: son las personas queridas las que calladamente se van y nos dejan sin ánimo ni alegría.
¿Dónde están los creadores de letras y canciones que cautivaban tu belleza, María? Ya no están los estudiosos que despejaban las incógnitas de la ciencia, la historia y filosofía. ¿Por dónde anda el peregrino de senderos por valles y vertientes, tocando tu fina y morena figura en la piedra esculpida? ¿Dónde el silente orante o el correoso postulante de fe en este pueblo olvidadizo y recalcitrante? Tampoco está quien en candidez o en teología mostraba los misterios de la vida nueva a quien leerlos quería. Ya no habrá quien in memoriam haga digna toda vida y bajarán olvidados a una tierra desconocida.
Este mundo que de la “letra” hace burla y hasta de la “nube” te quiere bajar, María, este hombre acostumbrado al “sí que resulta no”, quiere “tener palabra”: volverá a Covadonga y en tu lar ofrecerá lo que, al recuerdo del Seminario, su corazón te quiere dar.